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El Álbum Esencial: “OK Computer” de Radiohead

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en

Presentado por Claro Música

Cuando “OK Computer” apareció en la faz de la Tierra en el año 1997, la escena mundial del rock estaba dominada por el britpop. Además, aún se sentían los estragos del fugaz auge y abrupta caída del grunge. En sus dos primeros discos, Radiohead fue tildado muchas veces de ser heredero de estas dos tradiciones y cargó sobre sus hombros con el peso del éxito de estos movimientos sin siquiera querer identificarse con ellos. Había que escapar de los estereotipos que hasta ese entonces se erguían sobre el rock y sobre ellos. La idea contemplaba hacerlo mediante la elaboración de un disco experimental o, por lo menos, algo que fuera mucho menos comercial que su predecesor, “The Bends”, de 1995.

El plan era osado; no muchas veces se ha escuchado que una banda intente sabotear su propia trayectoria, hostigada por los créditos logrados gracias a ella misma. Desde que lanzaron el sencillo “Creep” en 1992, la fama los comenzaba a alcanzar progresivamente, mientras en paralelo los destrozaba, subjetivamente hablando. Cuatro fatigantes años de giras continuas alrededor del orbe fueron material suficiente para motivar este intento de auto-atentado musical que, como se ha de saber, el devenir de la historia y del mercado hizo fracasar, catapultando aún más a la banda hacia el tan aborrecido estrellato –estrellándose literalmente con el–.

Hay que ser majaderos en considerar que las giras fueron materia prima en las mentes y cuerpos de Selway, Yorke, O’Brien y los hermanos Greenwood. Experimentar la incomunicación directa con miles de personas y la comunicación distante con quienes importan –gracias a la web–, junto con la vivencia en carne propia de los efectos de la globalización, fueron claves para decretar el claustro en que se sumergieron durante algunos meses de 1996 y programar al androide. Considerando todo lo anterior, se entiende que no tuvo nada de antojadizo que el disco se comercializara primero en Japón que en Europa o Norteamérica, pues es un país fuertemente golpeado por “la era de las comunicaciones”.

Al momento de dar a luz, inesperadamente para ellos, los críticos cayeron rendidos a sus pies. Se estructuró todo un entramado de teorías alrededor de esta obra y, como suele ocurrir en este tipo de casos, las especulaciones sobre los mensajes ocultos y metáforas tras las letras abundaron. Fue la misma prensa la que ayudó a construir un concepto alrededor del álbum, el cual –según sus propios autores– era inexistente. Y es que resulta sencillo suponer que el todo intenta difundir una idea generalizada, pues tras la composición y su redacción hay una lectura crítica de la sociedad contemporánea; Tom Yorke ha señalado haber estado muy influenciado por intelectuales críticos del neoliberalismo, como lo son Eric Hobsbawm y Noam Chomsky.

Junto con lo anterior, las comparaciones con otros emblemas contemporáneos del rock alternativo no tardaron en llegar. Otros más extremistas, los tildaron –de merecida forma– como los nuevos Pink Floyd. De cierta forma, la banda asumió su idolatría por los creadores de “Wish You Were Here” (1975) haciendo un homenaje, estampando en el CD a la pareja de personas de traje saludándose de la mano que está presente en dicho clásico álbum de rock progresivo. Por otro lado, es imposible obviar que ambas agrupaciones, desde una faceta totalmente experimental y de vanguardia para sus respectivas décadas, utilizaron la misma cima del éxito para criticar a la sociedad de mercado moderna.

Obviamente, un disco no es sólo sus conceptos presentes (o ausentes), lo concreto son los temas, los que en el caso de “OK Computer” expresan y consolidan el sonido de la agrupación oriunda de Abingdon. Hay acá una planificación perfecta ante una diversidad incuantificable de emociones puestas a disposición de nuestros oídos. En gran parte, el LP está cargado hacia la melancolía y nostalgia, presente en las canciones “Exit Music (For A Film)”, “No Surprises”, “The Tourist” y “Let Down”. A su vez, no abandona las guitarras distorsionadas y ritmos enérgicos de un rock más duro, característico de anteriores lanzamientos, donde “Airbag”, “Subterranean Homesick Alien” y “Electioneering” son materialización de aquello.

En un término medio están los escalofriantes acordes de “Climbing Up The Walls” y “Lucky”, cuya versatilidad sonora y manipulación de frecuencias genera atmósferas tétricas y ensimismantes. Además, no se puede pasar por alto la experimentación tecnológica de “Fitter Happier”, en donde utilizan el modulador de un otrora moderno PC Macintoch para entonar mecánicos fraseos sobre lo que debiese ser el buen vivir acorde a la sociedad post industrial de fines de siglo, en una clara critica a la imposición de estas conductas.

Sin embargo, más allá de los favoritismos personales de cada uno de los devotos de esta catedral del rock alternativo, es innegable que son dos los temas que marcan con exactitud todo lo que puede llegar a significar “OK Computer” y, tal vez, todo Radiohead. Por un lado, está la esquizofrénica y post apocalíptica pieza en donde la cibernética, la política y la depresión forjan alianza: “Paranoid Android”. La consternada voz de Yorke declama preguntas al aire mientras una robótica voz recalca “Quizás sea paranoico, pero no un androide”, haciendo un juego de paradojas y obviedades, mientras nos involucran involuntariamente en la trampa. Ante esto, Jonny Greenwood, quien ha declarado odiar los solos de guitarra, realiza una de las mejores demostraciones en la discografía de la banda de su destreza en el instrumento. Utilizando secuenciadores de música electrónica para manipular las frecuencias, el músico da cátedra de la infinidad de posibilidades que entrega la electricidad. A su vez, los parajes oscuros parecen escrutar un manifiesto sobre la compasión ante uno mismo y la ira ante la demagogia de la política contemporánea.

Por otro lado, está la inconfundible introducción de piano y guitarra acústica de la balada “Karma Police”, tema que se convirtió en el gran himno de la banda y cierre obligado de la mayoría de sus presentaciones en vivo. Hay acá una metáfora sobre la falta de entendimiento en una era donde supuestamente están todas las facilidades para que la comunicación entre individuos se concrete. Por más que se intenta escapar de esta condena, son los coros de Selway los que nos incitan a firmar un pacto onírico, en donde se nos advierte que lo único que obtendremos es la pérdida de nuestro propio ser, entregándonos a la totalidad del sufrimiento en la música, en la búsqueda del otro y en la absoluta complicidad con quienes se encuentran en nuestra misma condición.

Al igual que una autopista que parece no tener conexión con el mundo, la sonoridad explora y nos sumerge en lo más profundo del individualismo de nuestra época. Es la materialización del miedo a la soledad y a la sociedad, en tiempos donde las conexiones son punzantes e invasivas, todo en clara alusión al ir y venir de la vida globalizada. Y pese a que el disco fue lanzado en un contexto de expansión de la cibernética moderna por el mundo y del primer bum democrático del internet, fenómenos que hoy en día están más que consolidados, su mensaje –aunque supuestamente no lo posea, gusta creer que sí lo hay– se mantiene con una vigencia infranqueable. ¿No es acaso habitual comentarle a nuestra computadora o celular que todo está bien cuando las cosas no lo están?

En fin, mucho se ha escrito sobre esta obra, y probablemente mucho más se llegue a redactar al respecto, pues cualquier relato, referencia o análisis sobre él es insuficiente para abarcar la magnanimidad del que para muchos es el mejor disco de rock de los noventa o, por qué no pensarlo, de las últimas dos décadas. Pero si es que se puede llegar a una sola conclusión, se puede sentenciar que con el lanzamiento de “OK Computer”, Radiohead logró llevar a su punto de máxima gloria al rock alternativo, para de paso aniquilarlo. Hoy somos millones los agradecidos ante tal crimen.

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4 Comentarios

4 Comments

  1. Sincero

    10-Ago-2017 en 6:47 am

    Disco sobrevalorado si los hay. Esta bien pero no es para tanto. Brillo en una epoca de muy mala musica.

    • Hay cada weón

      10-Ago-2017 en 12:25 pm

      Hace tiempo no veía a un weón escribir tanta imbecilidad en tan pocos caracteres. Junta plata y cómprate un par de oidos sacowea, y de pasaita un cerebro.

    • marcio

      10-Ago-2017 en 10:55 pm

      pendejo ,pon en contexto, analiza haz el esfuerzo por favor!!!

    • Jay

      11-Ago-2017 en 9:09 am

      …”Época de muy mala música”

      Quizás la idea es este personaje es generar polémica, cosa que es muy fácil. Pero acaso sabrá que en 1997, junto con OK Computer ¿se lanzaron varios de los discos más importantes de la música contemporánea?, ¿Qué probablemente gracias a esos discos es posible todo lo que escucha hoy?

      En fin.

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Discos

Jack White – “Boarding House Reach”

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Boarding House Reach

Pasaron casi cuatro años para que Jack White volviera a entregar un nuevo álbum de estudio, el que mantenía a todos expectantes luego del tibio recibimiento que obtuvo “Lazaretto” (2014). Ahora, apoyándose con un reforzamiento en su equipo de colaboradores en el estudio, White quiso traer a la vida un montón de ideas que tenía en su mente, interpretándolas de manera cruda y primitiva, sin mayores arreglos de por medio, Las expectativas eran altas para lo que el mismo White denominó como su “álbum más extraño a la fecha”, lo que se cumple absolutamente luego de conocer el resultado final de “Boarding House Reach”, un trabajo donde el oriundo de Detroit pasea al oyente por diferentes estilos musicales, sin motivo o razón aparente, generando contradicciones entre una canción y otra, y haciendo de la experiencia algo desconcertante pero atractivo, yéndose literalmente al extremo en ambos calificativos.

Y es que Jack White pareciera tener muchas ideas, aunque sin saber cómo ordenarlas, lo que nos da como resultado un álbum lleno de momentos, pero carente de relato, que es lo que finalmente debe primar en un disco de estudio. Entre toda la amalgama de sonidos presentes a lo largo del LP existe de todo, desde momentos de asombrosa genialidad como “Connected By Love” o “Why Walk A Dog?”, tracks que por momentos parecieran ser el salto a la “madurez” musical de White, con el teclado ganando una agradable prominencia, así como también las furiosas guitarras de antaño con “Over And Over And Over”, que, pese a su gran aire a Rage Against The Machine, deja en evidencia de inmediato su característico sonido de la época con The White Stripes (la canción, de hecho, fue una colaboración descartada con Jay Z).

Al lado contrario, tenemos composiciones incomprensibles como “Hypermisophoniac”, “Ice Station Zebra” o “Get In The Mind Shaft”, cargadas de muchos elementos digitales para un hombre que se destaca por ser análogo, lo que no permite que el relato cuaje de una vez por todas. En cuanto al pequeño giro en su sonido, además del destacado papel que cumple el teclado, también se vuelve muy atractiva la incorporación de congas en canciones como “Corporation” y “Respect Commander”, a cargo del percusionista Bobby Allende, famoso por trabajar con artistas como Julio Iglesias, Marc Anthony o David Byrne, dándole un toque muy en la onda de Carlos Santana, algo muy interesante para un guitarrista de la talla de White.

A fin de cuentas, estamos frente a una cápsula del tiempo que busca encerrar muchos de los estilos musicales de la era moderna, por lo que no debería resultar extraño que estos se mezclen, armen, desarmen y transiten libremente dentro de un disco que se siente como una vieja rockola en la que alguien, con muchas monedas, oprimió un montón de botones al azar sin verificar si las canciones que serían tocadas tenían algo en común. Constantemente se dice que existen muchos Jack White, algo a lo que el músico ha hecho alusión en varias ocasiones, con “Blunderbuss” (2012) representando el lado más nostálgico y “Lazaretto” abordando el interior de la mente de White. “Boarding House Reach”, en cambio, debe ser como una conversación común y corriente con el músico, donde se inicia a raíz de un tema, avanza por otro, regresa al tópico del principio, y termina en un asunto completamente diferente a lo que era originalmente, lo que no es tan malo, dependiendo el punto de vista.

Muchos detractores señalan constantemente que Jack White es mal considerado como el inventor del blues, pero esa descripción sólo se valida en el discurso de los fanáticos más entusiastas, ya que, muy por el contrario, los verdaderos méritos musicales del guitarrista difieren bastante de ser el inventor de algo, sino más bien de ser el encargado de volver a condimentar un estilo que se creía muerto, dándole una nueva vida dentro de la contemporaneidad. En momentos en que (como muchos otros) el rock se creía muerto, White le dio una nueva vida llenándolo de energía, desestructurando a los géneros más clásicos en cada uno de sus trabajos. Es por eso que este álbum se siente tan fuera de lugar, resultando como una buena idea en el papel, pero una pésima ejecución en la acción. No diremos que “Boarding House Reach” contiene malas canciones, debido a que posee unos momentos de lucidez verdaderamente impecables, pero si nos avocamos al conjunto de composiciones como un todo, el disco deja mucho que desear, no encontrando jamás el hilo conductor a través de los triviales asuntos que relata. A final de cuentas, Jack White no inventó el blues, pero sí le devolvió la relevancia, tampoco hay que permitir que un traspié como este quite todo el mérito que el músico se ha ganado durante dos décadas de carrera.


Artista: Jack White

Disco: Boarding House Reach

Duración: 44:07

Año: 2018

Sello: Third Man / Columbia / XL


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