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El Álbum Esencial: “London Calling” de The Clash

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Cuando se lanzó “London Calling”, el vinilo incluía un sticker que decía “Dieciocho nuevas canciones de la única banda que importa”. Lo más probable es que sólo se haya tratado de un gancho publicitario, sin embargo, y visto en retrospectiva, fue efectivamente con este álbum que The Clash probaría de manera inequívoca estar un paso más adelante que sus compañeros de escena. Con tan sólo tres años de carrera y dos discos a su haber, la banda sintió la necesidad de reevaluar los límites de su propuesta. La caricatura de lo que hasta ese entonces se había definido como punk comenzaba a sentirse demasiado rígida para el conjunto, y si bien proponer un cambio en el sonido de la banda era sin duda un riesgo, parecía peor seguir encerrados en un espacio donde ya no se sentían cómodos.

Tratándose de un álbum correcto, “Give ’Em Enough Rope” (1978) terminaría dejando a la banda con la sensación de que habían perdido algo. El sonido no dista radicalmente de lo que entregaran en su álbum debut, sin embargo, la solicitud de CBS de hacer un disco con un sonido más pulido los obligó a perder un poco de su alma en el estudio. Necesitaban volver al ruedo con un larga duración potente, que se sintiera vivo y que, al mismo tiempo, les permitiera dar rienda suelta a su inquietud creativa sin tener que estar permanentemente mirando de reojo las etiquetas que les habían colgado. Para esto, qué mejor que incorporar a Guy Stevens en la producción del álbum. Famoso por descubrir a The Who, el inglés justamente era conocido por facturar discos honestos y apasionados, sin perder el tiempo intentando producir obras musicalmente perfectas, precisamente lo que necesitaba el conjunto.

La energía, de hecho, sería finalmente tan relevante en este álbum, que incluso terminaría tomándose la portada. La foto de Paul Simonon a punto de destrozar su bajo, acompañada del nombre del disco en letras de color rosado y verde rememorando el debut discográfico de Elvis, llegaría para instalarse como una de las postales definitivas del mundo del rock, logrando transmitir de manera perfecta el concepto original del álbum (inicialmente llamado “The Last Testament”) que pretendía alzar a “London Calling” como el “último disco de rock & roll”, capaz de unir en sesenta minutos el inocente idealismo de los sesenta con la rabia de los setenta, para poner punto final a toda una era musical.

Los primeros tres minutos del disco se encargarían de patear cabezas al más puro y tradicional estilo punk. Guitarra y batería entran juntas sin ningún tipo de preámbulos, para luego golpear duro cada una de las notas encargadas de acompañar la apocalíptica y sombría imagen que nos regala Joe Strummer desde los vocales. Se trata de una Inglaterra opaca y abúlica, abandonada a la paranoia de la guerra fría. El S.O.S en clave morse que sale de la guitarra de Jones en los últimos segundos de la canción, se convertiría en el grito de auxilio de toda una generación asfixiada en fantasmas heredados a la fuerza. Sin embargo, si bien la canción que da nombre al álbum es un perfecto himno punk, tan solo unos minutos después el cuarteto comenzaría bruscamente a plasmar lo que finalmente se transformaría en su gran declaración de principios, consistente en incorporar de forma explícita y desvergonzada nuevos elementos sonoros a una propuesta musical que comenzaba a correr el riesgo de sonar monótona y predecible.

El contagioso y pausado jazz blues de “Jimmy Jazz” sería el primer golpe que daría la banda a los puristas del estilo, dejando en evidencia que, si bien estaban seguros a la hora de explorar nuevas vetas musicales, de alguna manera seguían sintiendo cierta incomodidad al hacerlo. Las líneas “Me siento como un soldado / Me veo como un ladrón” apuntan justamente en ese sentido, con el cuarteto sintiéndose aún parte del grito de denuncia del mundo punk, al mismo tiempo que caían en cuenta que el cambio de estilo haría que sus pares ya no los volvieran a ver con los mismos ojos que en el pasado (no necesariamente de manera condescendiente por lo demás).

“Rudie Can’t Fail” y “Wrong ‘Em Boyo” abrirían la puerta a nuevos ritmos. La primera de ellas de marcada identidad reggae saludaría a la subcultura rude boy presente en Inglaterra, mientras que la segunda se aprovecharía del tema compuesto por Clive Alphonso para fusionar rythm & blues con ska. En esta línea, no obstante, sería el skank de “The Guns Of Brixton” (compuesta por Paul Simonon) el corte que se robaría la película. La pesada línea de bajo y la monotonía vocal de Simonon se alzarían con el tiempo como el himno perfecto a la hora de denunciar la rabia e impotencia de llevar una vida bajo permanente escrutinio y abuso policial. El pop, por su parte, también se anotaría excelentes momentos. “Spanish Bombs” denunciaba los horrores de la guerra civil española, mientras que la contagiosa y entrañable melodía de “Lost In The Supermarket” disecaría los vicios de la vida en los suburbios y el consumismo vacío. En la misma línea, “The Card Cheat” se anotaría el momento Phil Spector del álbum, rompiendo filas con la identidad sonora de todo el resto del larga duración.

Por último, como si la combinación de punk, reggae, jazz y ska en el mismo álbum, no hubiera sido suficiente, la banda terminaría por sumar algunos toques de funk y disco de la mano de “I’m Not Down” y “Train In Vain”, ambos himnos instantáneos. El primero de ellos nacido para levantar espíritus en momentos de adversidad, mientras que “Train In Vain” pasaría a la historia no sólo como uno de los mejores y más antiguos tracks escondidos al final de un álbum (involuntariamente en un principio, ya que no aparecía en los créditos por que el corte se incorporó a última hora debido a que la banda no llegó a acuerdo con NME para lanzar este track por separado para promover el disco), sino que se alzaría finalmente como el primer sencillo de la banda en alcanzar el top 30 en las listas estadounidenses, abriendo definitivamente las puertas de un nuevo mercado al cuarteto.

“London Calling” es uno de esos discos únicamente destinados a crecer con el tiempo. Con cada día que pasa, el número de individuos que sigue cayendo rendido a sus encantos sólo parece aumentar (sin ir más lejos, Garbage sampleó en “Stupid Girl” la batería de Topper Headon en “Train In Vain” dieciséis años después de que el álbum viera la luz), reivindicando no simplemente la apuesta lírica de la banda (anclada en una realidad desafortunadamente no tan distinta a la que vivimos hoy) sino que además alzando al disco como un verdadero testamento de cómo se pueden atravesar los límites de lo estilístico sin perder un ápice de actitud. Tratándose posiblemente del álbum con el sonido menos punk de la segunda mitad de los setenta, por actitud y convicción “London Calling” sigue siendo hasta el día de hoy uno de los mejores discos de punk de la historia.

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Japanese Breakfast – “Jubilee”

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Jubilee

Michelle Zauner lleva un tiempo esperando una oportunidad como esta, un momento en el que la atención esté completamente sobre ella para entregar su placa definitiva, donde se consolide lírica y sónicamente. “Jubilee”, su tercer disco bajo el nombre de Japanese Breakfast, aparece como un punto cúlmine en su carrera, como un testamento de una nueva fuerza del indie a considerar. Todo comienza con “Paprika”, una patada a la puerta tras casi cuatro años de silencio desde el lanzamiento de su último álbum, “Soft Sound From Another Planet”, y es también un adelanto de los nuevos sonidos y temáticas que explorará en el álbum, con trompetas que guían una llegada mucho más alegre de lo que se le recuerda.

A diferencia de sus materiales anteriores, “Jubilee” busca alejarse de la pérdida y tristeza. Rítmicas guitarras eléctricas, synths ochenteros, cuerdas y trompetas reflejan un disco más relajado, pero no por eso menos complejo. “Be Sweet” es el himno definitivo del álbum, su tema más cercano al pop clásico, el que creó en colaboración con Jack Tatum de Wild Nothing. Existe un sentido de exploración casi adolescente en este tema, donde sólo pide la amabilidad y honestidad de la otra persona: “Se dulce conmigo, quiero creer en ti, quiero creer en algo”, expresa en el pegajoso coro. La sensación juvenil se replica en “Kokomo, IN”, un tema más confesionario donde utiliza elementos del folk para contar un imaginario adolescente. Aquí Zauner luce sus talentos líricos, creando una carta a una versión más joven de sí misma y convirtiéndose en la compañía que hubiera deseado tener en esa época.

“Posing In Bondage” cierra la primera mitad del disco y lo hace de manera espectacular. A diferencia las anteriores, esta canción se acerca más al art pop en una constante composición que sorprende a cada segundo por los detalles de su producción. Las cuerdas la convierten en un tema ideal para una noche solitaria, que fácilmente podría aparecer en un capítulo de “Twin Peaks”. La soledad y el deseo por una conexión significativa se pueden percibir en los espacios en vacío de la canción, dando lugar a la construcción de más tensión en un atmosférico final y cerrando bien el primer tramo de “Jubilee”, bloque donde se encuentran los tracks que apuntan a convertirse en éxitos.

El resto de las canciones exploran una mayor diversidad sonora e instrumentales más oscuros, como en la atrapante “Sit”, que comienza con distorsiones cercanas al noise, pero que pronto dispersa el ruido para un angelical trance. La segunda parte también presenta mejor su punto de vista como mujer en la industria. “Savage Good Boy”, en colaboración con Alex G, cuestiona el poder de los billonarios y se posiciona desde el lugar de un hombre poderoso, sin embargo, sus personajes son complejos, donde, lejos del dinero, quieren regresar a casa con su ser amado.

“Jubilee” tiene un ambiente más positivo, pero hay puntos que recuerdan a la música anterior de Japanese Breakfast. En “In Hell” maldice su propia suerte y lamenta la pérdida de su perro y, pese a lanzarlo ahora, el tema se escribió en sus eras anteriores, lo que explica la disonancia temática con el resto de las canciones. A pesar de esto, pasa desapercibido con un instrumental lleno de trompetas y synths que lo homogenizan con el resto del material. También existe un momento barroco en “Tactics”, donde se acerca más a contemporáneas como Angel Olsen, en la que es quizás la única balada como tal del disco.

Lejos de ser un cierre temático como tal, “Posing For Cars” es un tema para lucir sus dotes como músico, con un brillante solo de guitarra, finalizando el álbum en uno de sus puntos más altos. “Sólo soy una mujer con soledad. Sólo soy una mujer con necesidades”, expresa en su carta de amor, donde las palabras no logran expresar todo lo que se siente y es su instrumento el que refleja toda la complejidad de sus sentimientos. De esta forma, “Jubilee” puede parecer menos complejo que otras placas de Japanese Breakfast, sin embargo, es quizás el material donde mejor refleja su punto de vista como artista, reconectándose con una adolescencia perdida y reexaminándola con la experiencia del presente. En su tercer acto, Zauner se va a lo grande y aprovecha cada oportunidad de explorar sus límites como compositora, narradora y músico.


Artista: Japanese Breakfast

Disco: Jubilee

Duración: 36:59

Año: 2021

Sello: Dead Oceans


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