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La Voz de los 80 La Voz de los 80

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El Álbum Esencial: “La Voz de los ’80” de Los Prisioneros

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Jorge González dijo una vez que el primer disco de una banda toma mucho tiempo porque el proceso parte desde que naces hasta que cumples edad para grabarlo, mientras que para el segundo sólo cuentas con un par de meses debido a la presión del sello. “Corazones” (1990), en rigor el primer trabajo de Jorge como solista, goza de un sonido pulcro y de una genialidad compositiva totalmente atemporal, “La Cultura de la Basura” (1987) cuenta con atisbos de experimentación y materializa el virulento sarcasmo social de la agrupación, y “Pateando Piedras” (1986) representa el cénit creativo del grupo produciendo un trabajo de alta calidad, que los posicionó como un suceso de masas. Pero es “La Voz de los ’80” el que encapsula esa energía primal, rudimentaria y cruda, que rompió con todo lo establecido como signo de una catarsis a nivel nacional en un país sumido en una gris dictadura.

Son diez cortes nacidos en la adolescencia de tres jóvenes de San Miguel que aplanaban las calles de la capital chilena entre interminables conversaciones sobre la música y su entorno. Nacieron como una banda de colegio, tocando en festivales escolares muchas veces con instrumentos prestados, sin embargo, su equipamiento más valioso eran sus canciones, creaciones que son la consecuencia de una mezcla ecléctica entre lo mejor de la música juvenil de la época, léase The Cars, Depeche Mode, New Order o The Clash, con la tradición auditiva de cualquier casa de clase media, como Raphael, Camilo Sesto o Salvatore Adamo. La sensibilidad pop con la aspereza del rock al servicio de letras inteligentes, llenas de sarcasmo, que se derraman en un disco que en la actualidad parece un compilado de grandes éxitos.

La capacidad que tuvo Claudio Narea, Jorge González y Miguel Tapia para retratar a su generación, el momento político y la cultura pop, es el gran valor que hace a este disco permanecer en el tiempo. La juventud que aparece en “Brigada de Negro”, esa que nada en alcohol y tabaco, es casi tan difusa como la sombría línea de bajo de González que serpentea por toda la canción, mientras Narea marca el ritmo con sus acordes y Tapia promueve una batería marchante, que narra la hipocresía juvenil de una felicidad hedonista que difícilmente era la realidad de la clase media asolada por la política neoliberal de los Chicago Boys. Parte de esa atmósfera aparece en “La Voz de los ’80”, canción que remece con la energía rabiosa de un trío que se quería comer al mundo desde el primer momento. A pesar de que cada obra esté anclada a su época, lo importante es cuando esta trata temas tan universales que se van repitiendo generación tras generación.

El primer larga duración de Los Prisioneros es un disco que siempre será joven, porque refiere a los temas que vive cada chiquillo o chiquilla desde que esta etapa de la vida humana emergió como una forma cultural en sí misma, después del destape mundial en los años 50. Tanto el relato del despertar sexual que se palpa en “Eve-Evelyn”, como la posterior desolación amorosa de carácter invernal de “Paramar”, son impulsivas y encaran la frustración amorosa con un relato original, el mismo que sale disparado de los parlantes de manera un poco más furiosa en “Mentalidad Televisiva”. Y ¿si la chica que perdió su imaginación para instalar un video tape ahora la perdiera para instalar la última actualización de YouTube, Snapchat o Instagram? Son los temas que, entre la ingenuidad y suspicacia, instalan esas verdades que siempre vamos a vivir, estemos en la época que estemos.

Esa aterrizada visión que ostentaba el trío siempre los hizo ver como algo distinto en un panorama musical un tanto agreste. En la primera mitad de los 80 la música de guitarras era marginal en nuestro país, el rock estaba relegado a encuentros que, si bien cimentaron gran parte de lo que después se expresaría en el underground criollo en estilos más extremos como el thrash o el punk, se veían aplastados por la culturalidad de un régimen que impuso firmemente su manera de ver la realidad, contexto clave para entender letras como “Latinoamérica Es Un Pueblo Al Sur De Estados Unidos” y “No Necesitamos Banderas”, que recogen elementos foráneos como el reggae y el ska para alinearlos a nuestras características locales. Esto choca de frente con la postura del sonido imperante en el mundo universitario dominado por el Canto Nuevo, forjado desde las raíces propias de nuestra música, y no al revés, como en el caso del rock.

Las letras pomposas y repletas de metáforas, adornadas con la complejidad de los acordes de una guitarra acústica, no podía ser más distinto al mensaje directo de “Sexo” o de “¿Quién Mató A Marilyn?” que, tomando elementos de la cultura pop, prefiguran un mensaje directo, conciso y simple de entender, aunque no por ello menos contundente. Es por eso que “Nunca Quedas Mal Con Nadie”, grabada el 6 de diciembre de 1984 –mismo día en que Jorge cumplía 20 años–, emerge como una crítica tanto a ese movimiento como también a la liviandad de las bandas que compartieron un terruño que Los Prisioneros nunca quisieron habitar. Aparato Raro, Cinema, Valija Diplomática, Emociones Clandestinas, seguidos de un largo etcétera, se subieron al carro del nuevo rock chileno y recibieron un mejor trato de las emisoras locales, cosa que no pasó con los de San Miguel, precisamente por lo filudo de su lírica.

Famoso por sus frases para el bronce, el otrora vocalista de la banda expresó: “Pocas veces nos hicieron una crítica en un diario, y las veces que lo hicieron, era para decirnos que éramos pésimos, lo último, que sonábamos mal, que no servíamos para nada y que éramos una moda no más”. El tiempo no se ha cansado de probar lo equivocado que estaban los tabloides del momento. Desde aquella foto tomada en la Vega Central en la que se ve a tres muchachos sosteniendo sus instrumentos, hasta esa camisa apuñalada como carta abierta a un amor imposible que vino a cerrar la primera etapa del grupo después de la vuelta a la democracia, Los Prisioneros marcaron a fuego la historia de nuestro país.

Su valor no está condicionado por el mero hecho de retratar a una generación que vivió momentos sombríos ­–lo que ya sería un mérito–, sino que recae en cómo tres miembros de esas escuelas numeradas, en las que les enseñaban humildad y resignación, lograron establecer un mensaje que resuena hasta el día de hoy y que se mantiene totalmente vigente. Eso habla tanto de la inteligencia de sus letras, como de una sociedad que siente un romanticismo exacerbado por muchos elementos de la cultura de épocas pasadas, sobre todo en lo que se refiere a los años 80; no por nada se sigue escuchando en la radio casi la misma música que alguna vez llamó la atención de Narea, Tapia y González.

En la actualidad, Chile sigue teniendo problemas limítrofes (“no necesitamos banderas, no reconocemos fronteras”), sigue luchando contra el machismo (“…y les sigues el juego, y les das tu dinero, y te sientes muy hombre y me río en tu cara de tu estupidez”) y seguimos presa del cinismo ahora exacerbado por las redes sociales (“pretendes pelear y sólo eres una mierda buena onda”). Los Prisioneros cambiaron la forma de ver la realidad, pero parece que somos nosotros los que no hemos cambiado tanto.


Artista: Los PrisionerosLa Voz de los 80

Disco: La Voz de los ’80

Duración: 40:22

Año: 1984

Sello: Fusión / EMI Music


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The Claypool Lennon Delirium – “South Of Reality”

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Demás está decir que los álbumes colaborativos entre dos o más artistas son generalmente obras que gozan de cierto pie forzado, algo así como un elemento que debe ir sí o sí en el relato principal de dicho trabajo. Mucho se dijo que el álbum lanzado por Dead Cross en 2017 era lo que precisamente todos esperaban, una afirmación que durante el auge de los proyectos alternos podía repetirse una y otra vez. Antes de que Patton y Lombardo unieran fuerzas, Les Claypool se desviaba nuevamente de Primus para unirse a Sean Lennon, hijo menor del legendario guitarrista de The Beatles y también uno de los líderes del conjunto The Ghost Of A Saber Tooth Tiger, el que mantiene con su esposa, la bajista y modelo Charlotte Kemp Muhl. Juntos dieron vida a The Claypool Lennon Delirium, quienes, con el álbum “Monolith Of Phobos”, dejaron la vara altísima en cuanto a lo que eran capaces de hacer como banda, con un disco que, mediante una efectiva y consistente psicodelia, fue entregando el mejor de los resultados que se podía esperar de un trabajo forjado por estas dos mentes. Luego de eso, cada uno por su lado y todo siguió igual, por lo que la llegada de “South Of Reality” fue una verdadera sorpresa, debido a que nadie esperaba que este proyecto se mantuviera en pie, pese al éxito generado con su primer LP.

Desde el momento en que suena “Little Fishes”, esta obra da una bienvenida digna de una buena segunda parte, con Claypool y Lennon entendiendo la lógica de que ya no son un proyecto que deba presentarse, sino más bien uno que puede desarrollarse a sus anchas bajo la experimentación necesaria para romper prejuicios en base a un segundo trabajo de estudio. Lo que se sintió en algún momento como un proyecto de carácter único, con “South Of Reality” demuestra que es mucho más que eso, manifestando intenciones serias de establecerse como una banda propiamente tal y no como el proyecto alterno mientras sus dos integrantes no están ocupados con sus bandas principales. A través de nueve canciones, el LP atraviesa diversos pasajes que rozan entre lo melódico y lo estrictamente psicodélico, con el sello clásico de Claypool en líneas de bajo dinámicas, donde el protagonismo es absolutamente compartido, lo que nutre la experiencia al mezclar la destreza del bajista con la armoniosa calma del guitarrista e hijo menor de John Lennon.

Con dos personalidades musicales en el papel contradictorias, la obra se auto beneficia gracias a un mejor conocimiento entre sus partes, lo que se demuestra a la hora de interpretaciones conjuntas, como el track que da título al disco, además de la canción que le sucede, “Boriska”, donde cada uno busca su momento para entregar lo que mejor sabe hacer mediante una tormentosa y psicodélica composición, que parece sacada directamente del rock progresivo de los 70 al estilo de King Crimson o Genesis, claras influencias sonoras para un trabajo que realiza todo un proceso. Primero, al recoger aquellas tempranas influencias, para luego dosificarlas bajo los parámetros de sus dos bandas principales (Primus y The Ghost Of A Saber Tooth Tiger), y entregándoles finalmente una identidad apropiada para los tiempos actuales, gracias a un diseño de producción que no deja cabos sueltos, otorgándole un sentido a cada elemento que se cruza en las caóticas composiciones del conjunto.

Por muy extraño que parezca, estamos ante un trabajo que puede sonar tan original como su forma de interpretarse, a pesar de que recoja elementos ya conocidos para la mayoría, como el loopeo de coros y acordes a la Primus en “Easily Charmed By Fools”, así como también esa árida psicodelia de TGOASTT en “Amethyst Realm”, que pasa por distintos ritmos en sus casi ocho minutos de duración, siendo la composición más extensa que se puede encontrar en este disco. Al momento en que irrumpe la suite “Cricket Chronicles Revisited: Pt. 1, Ask Your Doctor – Pt. 2, Psyde Effects”, se entiende el verdadero sentido bajo la afirmación de que este es un trabajo mucho más experimental y arriesgado que su antecesor, ya que, tanto Lennon como Claypool, verdaderamente se dejan llevar bajo la vibra oriental que exuda esta composición mediante su desarrollo, mostrando los vestigios más grandes de psicodélica que posea no sólo este álbum, sino que el proyecto completo bajo cualquiera de sus aspectos, ya sea su disco anterior de estudio o sus enérgicos conciertos en vivo.

¿Estamos frente al mejor disco de The Claypool Lennon Delirium? Esa es una afirmación un tanto confusa si se toma en cuenta que el conjunto lleva solamente dos trabajos, pero si es necesario dejar ese elemento de lado, entonces sí lo es, ya que “South Of Reality” representa todo lo que una banda debería ser cuando se dejan las ideas preconcebidas de lado para concentrarse única y exclusivamente en el desarrollo artístico de su obra. Aquí los prejuicios se dejan de lado, ya que no importa el trasfondo de ninguno de sus integrantes, al punto de que ni siquiera interesa mucho el trasfondo del proyecto propiamente tal. Cuando se quieren hacer las cosas en serio, salen resultados como este, quitando la estampa del supergrupo que se reúne exitosamente para un sólo trabajo de calidad, entregando cuestionables resultados en la posteridad. Si con “Monolith Of Phobos” la banda se presentó en sociedad, con este disco demuestran que son mucho más que un álbum colaborativo, aportando valentía y decisión a un sonido que de técnico ya lo tenía todo. The Claypool Lennon Delirium ya había representado la mente con su anterior trabajo, y ahora, con este, se encarga de mostrar su alma, unificando ambos para un próspero futuro como algo mucho más que una mera colaboración.


Artista: The Claypool Lennon Delirium

Disco: South Of Reality

Duración: 47:30

Año: 2019

Sello: ATO Records


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