El Álbum Esencial: “Grace” de Jeff Buckley

jueves, 6 de julio de 2017 | 12:12 am | No hay comentarios
El Álbum Esencial: “Grace” de Jeff Buckley

Artista:

Jeff Buckley

Álbum:

Grace

Año:

1994

Sello:

Columbia

Es difícil tratar de describir un álbum cuya existencia es la única en la trayectoria discográfica del artista, ya sea por retiro o, en algunos casos lamentables, la muerte. Expectativas, historia, proyección artística, todo confluye, pero cuando la música habla por sí sola, desde lo críptico y a la vez hermoso, lírico y musical, aparecen álbumes como “Grace” de Jeff Buckley, placa debut y oficialmente única en su carrera promisoria truncada por una muerte muy prematura.

Buckley, hijo del cantautor de folk rock setentero Tim Buckley, de carrera corta pero exitosa, debutó como cantante en un concierto tributo a su padre, donde dejó maravillados a los asistentes por su manejo vocal (Jeff tenía cuatro octavas y media, y su padre tres y media). Así comenzó un periplo por bares neoyorkinos que le dieron la confianza para atrever apuntarse con lo que fue su ópera magna que abre los fuegos con “Mojo Pin”, una composición conjunta con Gary Lucas, su fiel amigo guitarrista de gira. El álbum tuvo lenta aceptación comercial, pero aclamada aceptación entre sus pares como Bob Dylan, Jimmy Page, Paul McCartney y Thom Yorke; de este último se sabe que asistió a un concierto de Buckley e, impactado por la potencia emocional del show, volvió al estudio donde Radiohead estaba grabando “The Bends” (1995) y re-grabó las guitarras y partes vocales de “Fake Plastic Trees” en solamente tres tomas.

“Grace” fue y sigue siendo una amalgama sobrecogedora de folk, rock, jazz y blues de alta carga emocional, pero también Buckley supo darse gustos y rearmar furiosas versiones en vivo, como la guitarrera “Eternal Life”. El track que le da nombre al álbum es también una composición conjunta entre Buckley y Lucas, mientras que “Last Goodbye” es una pieza poderosa de rock alternativo sazonada con bellos arreglos de cuerdas, siendo su single de mayor éxito comercial.

El primero de los dos celebrados covers que habitan este álbum son “Lilac Wine”, originalmente del actor y cantante cincuentero James Shelton y popularizado por Nina Simone. El segundo, y lejos el más aclamado, es “Hallelujah”, citada por muchos como la versión definitiva de la canción compuesta por Leonard Cohen, en la cual desarrolló y mostró totalmente su montaña rusa de registros vocales.

Hay un tercer cover de un villancico tradicional, presumiblemente del siglo XVI, llamado “Corpus Christi Carol”, que es en realidad una variación de la versión de la soprano Janet Baker. En su conjunto parecería que la temática es de corte religioso, pero desde una perspectiva muchísimo más oscura dadas sus letras, a las que le otorgó un contenido críptico, varias de ellas hablando de la muerte, como “Eternal Life”: “Eternal life is now on my trail / Got my red glitter coffin, man, just need one last nail” (“La vida eterna está ahora frente a mí / Tengo mi ataúd rojo brillante preparado y sólo necesito un último clavo”), escalofriantemente premonitorio por lo demás. Otra alegoría se incluye en “Dream Brother”, la que se presume dedicada a su padre: “Don’t be like the one who make me so old / don’t be like the one who left behind his name” (“No seas como el que me hizo tan viejo / no seas como aquel que me abandonó tras su nombre”).

Como ya fue mencionado antes, es difícil trazar un relato sobre un disco debut, pero Buckley tenía un trasfondo, una historia, un talento heredado, aunque distante, que hizo de “Grace” una especie de misa maldita en la que Buckley fue gestor, compositor de sublimes y oscuros requiems, y de incluso su propia elegía, testigo y ejecutor. Si hay un dios, como dicen, sólo él sabe cuál habría sido el destino final del sonido de “Sketches For My Sweethart The Drunk”, una compilación póstuma con el avance de lo que fue el inconcluso segundo álbum, que se vio interrumpido por su muerte mientras se adentraba en las aguas de aquel río Wolf cantando a todo pulmón “Whole Lotta Love” de Led Zeppelin para no volver jamás con vida. De todos modos, si “Grace” terminó siendo su único legado, es más que suficiente para entrar en los anales de la música contemporánea con honor y respeto casi religioso.

Por Danny Arce

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