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Echo & The Bunnymen – Meteorites

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Hace 36 años Echo & The Bunnymen inició una carrera musical que influenció a generaciones, y también a la cultura musical posterior. Los ochentas era el escenario en que marcaban tendencia con su característica caja de ritmos y el estilo post-punk que flirteaba con la veta dark. Sorteando dificultades al interior de la formación original, así como la muerte de uno de sus integrantes a fines de aquella década, la banda logró forjar un nombre reconocible y admirado por muchos, construyendo el honor y estilo que lucen hasta el día de hoy. Sin embargo, los Bunnymen de los ochentas no son los mismos del siglo veintiuno.

ECHO AND THE BUNNYMEN 01“Meteorites”, producido por Youth (Martin Glover de Killing Joke y de The Fireman), es el duodécimo álbum de estudio, el tercero engendrado durante los 2000, pero el primero tras cinco años de silencio. Lo que se suponía iba a ser un proyecto solista y biográfico de McCulloch, terminó por incluir a Will Sergeant, aprovechando la gracia de tener, entonces, a dos de sus miembros originales en la formación. La comunión entre McCulloch y Sergeant generó mucha expectación, así como las declaraciones del primero, anunciando que “Meteorites” sería el mejor trabajo del grupo en un largo tiempo y que había cambiado su vida. Sin embargo –y sin poner en duda la convicción del autor respecto a su propio trabajo-, tras escuchar el disco completo, aflora una sensación agridulce, pues si bien se trata de una agrupación talentosa y bien reputada, sólo algunas canciones logran sobresalir de verdad, mientras que la mayoría quedan estancadas en lo repetitivo, atrapadas en un estilo ahora más inclinado al pop comercial con tintes alternativos, sobre todo porque las melodías vocales no tienen casi ninguna variación a lo largo del disco.

Al principio las cosas parecen funcionar. “Meteorites” –la canción- empieza con una lenta introducción ambiental tirando a psicodélica, para luego dar un giro melancólico a cargo de la guitarra de Sergeant, melancolía que se acentúa aún más cuando McCulloch comienza a cantar “Esperanza, ¿dónde está la esperanza en mí? ¿Puede ser hallada entre todos los fantasmas en mí? El humo asfixia el fuego en mí. ¿Seré hallado por alguien cercano a mí?”. Luego suena “Holy Moses”, canción que evoca una luminosidad inesperada, pero que termina abusando de los coros y de la repetición, y he ahí el gran inconveniente del disco, pues se queda detenido en melodías muy simples, fraseos repetitivos y un sonido cliché carente de la intensidad de antaño. Todo ello provoca que la primera escucha sea un poco tediosa, como si estuviésemos oyendo la misma canción durante mucho tiempo. Independientemente de esto, el disco tiene buenos momentos, como “Constantinople”, canción que reproduce un sonido oriental con la guitarra y un toque excéntrico mediante los efectos resonantes de la voz de McCulloch. Sólo por mencionar un detalle: el coro se ve muy desprovisto de esfuerzo redundando en que “hace mucho frío en Constantinopla”.

ECHO AND THE BUNNYMEN 02“Lovers In The Run” es otra destacable gracias a los coqueteos con la guitarra latina, y a ratos pareciera que podría aparecer algo de los primeros trabajos más lúgubres, tipo “Heaven Up Here” (1981) u “Ocean Rain” (1984). Pero así como algunos temas destacan, hay otros que pasan sin pena ni gloria, como es el caso de “Is This A Breakdown?”, que cae en la monotonía y lentitud excesiva de una cadencia poco explotada que, si bien no es mala, tampoco propone nada nuevo. “Market Town” es una canción entretenida, con la guitarra como su piedra angular, otorgándole un ritmo dinámico, incluso bailable. La letra inclinada a la oscuridad no se condice con la música vivaz, hecho que otorga cierta actitud al tema. Por otro lado, “Burn It Down” viene siendo la única canción donde la voz de McCulloch se diferencia del resto del conjunto, pero termina abusando de esto. El adorno excesivo de los coros y los efectos del eco terminan agotando, e impiden que el resto de los instrumentos también se desenvuelvan.

Aun conservando una estética definida, pero demostrándonos que se ha quedado en una zona de confort desde donde no pretende arriesgar mucho, la icónica banda de Liverpool exhibe a través de “Meteorites” un estatus y clase aceptable, pero queda coja en relación a la innovación e intensidad que los hizo célebres en épocas anteriores y que tanto se echa de menos. No hay otra forma de decirlo, a veces las comparaciones se vuelven odiosas, pero ciertamente necesarias.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Rodrigo.

    13-Ago-2014 en 3:05 pm

    Muy buena crítica. Hecha desde una mirada neutral y sin fanatismos. Concuerdo con en el review de Camila.

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Cult Of Luna – “A Dawn To Fear”

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A Dawn To Fear

Lo inequívoco, por más que pareciera mantenerse estático, puede ser radicalmente arrancado por un vendaval de circunstancias, y en lo impredecible está la belleza de la vida. Hay que dejarse sorprender por esta con todo lo que conlleve, tal como este viaje dirigido por Cult Of Luna, una agrupación que no se casa con la accesibilidad dentro de la propuesta en su extenso nuevo episodio, donde sólo las expectativas y comparaciones pueden obstaculizar el verse inmerso en “A Dawn To Fear”.

Encumbrados en lo alto por la valoración de su excelente colaboración con la cantante estadounidense Julie Christmas, llamada “Mariner” (2016), retornan con un sentido registro que abre con “The Silent Man”, canción que posee una abrasiva carga de sludge y se mantiene galopante en su extensión. Nada puede ser asegurado y lo predecible es relegado por las sutiles capas que ejecutan para ensamblar una pieza épica y versátil. Lo grandilocuente de las secciones no opacan la voz de Kristian Karlsson, exaltando su salvaje registro como parte del clima de “Lay Your Head To Rest”, la cual sufre novedosas variaciones sin abandonar su propio sello dentro de la constante sonoridad que sorprende, y puede decantar a las hipnóticas melodías de “Nightwalkers”, una retumbante composición poseedora de bellos matices que juegan con la intensidad a su antojo.

Para redondear sus ideas, el tiempo deja de ser un punto a considerar, ya que para los oriundos de Suecia esto sólo sería una limitación para desplegar su obra. “Lights On The Hill” posee su propio universo dentro del entramado; su extensión se encuentra libre de agobio, donde los valles son cálidos y lo prominente potencia cada pasaje en un cuidado equilibrio que, sin barreras, conecta con la melancólica “We Feel The End”, ejecutada con voces limpias y delicados arreglos, que contienen el desarrollo de este particular y exquisito trabajo, expandiendo aún más la atmósfera mostrada por Cult Of Luna.

La claridad que percibida se relaciona con la ausencia de la posible e inevitable comparativa, en un intento bajo presión por superarse a sí mismos, evitando una competencia que pondría un objetivo que puede nublar la creación de algo fresco dentro de su carrera. La fluidez que envuelve este nuevo larga duración lleva a cada sección a un nivel de independencia de previas entregas y, a su vez, se siente como un todo, cohesionado, complejo, interesante y áspero cuando se requiere.

“The Fall” es la elegida para cerrar una travesía cautivadora, y este plano desborda potencia y urgencia, con quiebres repentinos que sólo son bálsamos para lo atronadora que se torna la canción. Contando con un excelente trabajo en percusión y el bajo de Andreas Johansson, que no se ve oculto por los robustos riffs que progresan a una sutil disonancia que juega con advertir el final, en un álgido espacio donde no dan oportunidad para vaticinar, y tan sólo queda meditar sobre lo atestiguado en la introspectiva muestra a la que en “A Dawn To Fear” hemos sido invitados.


A Dawn To FearArtista: Cult Of Luna

Disco: A Dawn To Fear

Duración: 79:06

Año: 2019

Sello: Metal Blade Records


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