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Drowning Pool – Hellelujah

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Si hay algo bueno de la música, es que esta es inmensamente democrática. En ese sentido, las formas que puede adoptar para complacer a la humanidad en su totalidad son infinitas. Así, es imposible establecer absolutos cuando se evalúa de forma cualitativa un disco, puesto que aquello dependerá del sujeto que escucha. No obstante lo anterior, es posible establecer algunas premisas básicas en relación a una creación específica, en atención a determinadas características que sean relevantes a un público objetivo. Históricamente, en el rock ha prevalecido el criterio de la trascendencia por sobre la popularidad, y la calidad cuantificable por sobre la apreciación del comercio. En tal orden de ideas, este último trabajo de Drowning Pool, “Hellelujah”, será “bueno” o “malo” dependiendo de la identidad del oyente, pero sí es posible sostener que busca privilegiar el verso fácil, el coro catchy, por sobre el perenne manto de la experimentación y la complejidad.

DROWNING POOL 01Lo anterior, si bien es cierto constituye un juicio que se sostiene por las razones que se expondrán, no significa de forma alguna que “Hellelujah” sea un álbum que carezca de méritos. Es imperioso insistir en aquello: habrán quienes encontrarán en él una fuente inagotable de entretención y fuerza, porque posee aquellos elementos en demasía y, en ese sentido, canciones como “Push” o “Snake Charmer” serán suficientes para oídos que buscan un relajo después del trabajo o una música ambiental para un malón con amigos. Sin embargo, no se puede señalar lo mismo si es que el oyente espera encontrar canciones que lo sorprendan o que constituyan una novedad en el metal, porque el disco carece del factor sorpresa.

En efecto, en él se encuentran la amalgama de sonidos que se han reproducido desde finales de los noventa hasta hoy en día, con excepción quizás del  metalcore: “Goddamn Vultures”, de estrofas pegajosas y riff en tono bajo, es un tema que perfectamente pudo haber sido considerada en “Sinner” (2001) álbum que los catapultó a la fama del ya extinto nü metal y que contó con la performance del fallecido vocalista Dave Williams; “Hell To Pay” es un tema que tributa al metal más alternativo de bandas como Hellyeah o Stone Sour, pero sin la profundidad emotiva que aporta un Corey Taylor en las voces; “Another Name” rememora las manoseadas melodías que han profitado en bandas como Seether o Staind, sin marcar ninguna diferencia compositiva que agregue valor a las cuerdas de C.J. Pierce; “My Own Way” traza líneas similares a lo hecho por Machine Head, diferenciándose sólo en que esta pieza es algo más jocosa que alguna similar escrita por los dirigidos de Robb Flynn. Y así, se podría estar cotejando las reminiscencias a lo largo de los casi 49 minutos que dura este LP sin que se encuentre originalidad alguna. No se trata de que se le exija a Drowning Pool que descubran la rueda –la que, por cierto, en el mundo de la música se encuentra rodando hace rato–, pero sí que es preciso apuntar que este trabajo no aporta singularidad alguna.

DROWNING POOL 02En consideración a lo señalado en el párrafo anterior, y hablando en términos de trascendencia, no habrá ningún antes o después de “Hellelujah” en la órbita del rock. Esta historia no se dividirá con ocasión de la edición de temas como “By The Blood” o “All Saints Day” por más potencia que destilen, por lo que, en términos de contexto, no hay temor en señalar que es un álbum baladí que seguramente sobrevivirá sólo en alguna plataforma de música online.

Y aquel sino es lo que distingue a la música, puesto que por más trivial que sea a los ojos de los demás, habrán aquellos que lo encuentren como una pieza única e irrepetible, excelente en todo sentido y que vale la pena cada segundo de ella. Aquello hablará que, por más que se utilice una fórmula, por más que se repitan o se copien melodías y riffs –porque eso es en definitiva este álbum–, la música en sí será empíricamente incombustible.

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Khruangbin – “Mordechai”

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Mordechai

En un presente tan automatizado como el actual, Khruangbin ha logrado con éxito captar la atención de la audiencia con la creación de atmósferas. El trío originario de Texas, conocido por su mezcla de sonidos y su negación a encasillarse en un solo género, ha cultivado un seguimiento de culto, que les ha permitido llevar una exitosa gira a múltiples países, tan diversos como la paleta que presentan. “Mordechai”, su tercer disco y primero en dos años, se estrena en un mundo distinto al que recorrieron con sus primeros trabajos, pero el viaje presente permite por un instante recorrer el globo.

Durante la década pasada, el trabajo de Khruangbin se destacó por lo atrapante de su sonido instrumental, pero en “Mordechai” un nuevo elemento sale a juego. Las voces presentes por primera vez de Laura Lee, Mark Speer y Donald “DJ” Johnson, convierten a este en su material más directo. “First Class”, la carta de inicio del proyecto, suena como un resultado directo de su reciente trabajo con Leon Bridges, “Texas Sun” (2020), un corte retro con elementos del funk, soul y jazz, que se beneficia con la inclusión de sus voces. Temáticamente, es una mirada hacia el inicio, un viaje en “primera clase” a su natal Houston. “One To Remember” es otro ejemplo del legado atmosférico de sus inicios, donde la desvanecida voz acompaña a las cuerdas y percusión en un expansivo tema alucinógeno.

Si bien, el trío ha sido tajante en no querer encasillarse en géneros, no significa que no aludan a estos. “Time (You and I)” es un corte de disco setentero, donde el bajo de Lee cobra protagonismo junto a la percusión de DJ Johnson. A diferencia de la apertura, no sólo se aluden los vocales, sino que están presentes durante todo el tema, cantando en distintos idiomas para enfatizar en su exploración de sonidos del mundo. “Pelota” presenta claras influencias latinas, con elementos de la rumba, flamenco, compás haitiano y música tejana, además de ser cantada exclusivamente en español, en uno de los momentos más dinámicos y dignos de repetir. “So We Won’t Forget” es otro de los destacados del disco, aludiendo al groove ya presentado en “Time”, pero con más cercanía al pop; un himno veraniego que sería perfecto en un año normal. Estos cortes permiten agradecer el salto hacia los vocales, pues, mientras más presenten estén y menos se desvanezcan, mejores son los resultados.

La música del grupo se ha basado en evocar los distintos sonidos del mundo y sus atmósferas, pero acá existe una clara mirada hacia las raíces, a su génesis como músicos y a su ciudad natal, experiencias propias presentes en los instrumentales. “First Class” ya anunciaba un viaje relajado y libre de preocupaciones a Houston, homenaje que queda claro en “Connaissais De Face”, que evoca las memorias del pub que vio nacer al trío. Un tributo a una camarera que trabajaba en el pub y que recientemente falleció, sin enfocarse en su cercanía a los miembros, sino que su significancia para sus inicios. “Father Bird, Mother Bird”, el único track instumental presente, deja las puertas abiertas al sonido con el que comenzaron. Dedicada a una familia de aves que anidaron en la granja donde grabaron, es la manifestación del entorno de creación, el sentarse a explorar el mundo y maravillarse con la simplicidad. Mismo sentimiento se explora en “Dearest Alfred”, un inmersivo corte que mezcla las voces de Laura y Mark, quienes añoran un mundo sin la inmersión de la tecnología en las vidas, inspirándose en las cartas de sus abuelos gemelos Alfred y Earnest: “Tu carta es el mejor regalo”.

En muchas maneras “Mordechai” parece hecho para viajar por el mundo, para recorrer aquellas imágenes que el trío evoca en su paleta sonora, actividad imposible en un presente como el actual. Sin embargo, Khruangbin también ofrece otro tipo de viaje, uno hacia las memorias y la simplicidad del día a día. Inspirado por un amigo que impulsó a Laura a saltar desde una cascada, el disco mismo realiza un ejercicio necesario luego de dos álbumes inmersivos, vocales que le añaden humanidad al trabajo instrumental que venían presentando, sin perder la calidad atmosférica que los destaca, en un experimento que deja expectante ante su siguiente paso.


Artista: Khruangbin

Disco: Mordechai

Duración: 43:53

Año: 2020

Sello: Dead Oceans / Night Time Stories


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