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Dream Theater – The Astonishing

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“The Astonishing” es el decimotercer trabajo de estudio de Dream Theater, y en esta oportunidad los precursores del metal progresivo llegan con un álbum conceptual doble de 34 canciones y de más de dos horas de duración. La placa es la ficción de un mundo futuro épico y apocalíptico en conflicto entre dos bandos: “The Great Northern Empire” y “The Ravenskill Rebel Militia”, todo ejecutado en extenso y en clave de ópera rock. En ese contexto, buena parte del estilo operático corre por cuenta del vocalista James LaBrie, quien realiza todas las voces de la obra, haciendo tanto de narrador como de los diferentes personajes de la trama, lo que en general comprueba una vez más el talento y versatilidad del canadiense y, por supuesto, siempre acompañado por el virtuosismo y calidad interpretativa que permanentemente ha caracterizado a Dream Theater.

DREAM THEATER 01En lo netamente sonoro, el abanico de “The Astonishing” da para todos los gustos. Los cortes y estilos son numerosos, se escuchan desde baladas a partes progresivas, secciones metaleras, marchas militares, instrumentales, coros, orquesta, y todo eso junto. En ese sentido, este debe ser uno de los trabajos más versátiles de la banda, sin embargo, aquello no significa que tal característica sea siempre una virtud del disco.

La primera parte del álbum se inicia con “Descent Of The NOMACs”, que da paso para “Dystopian Overture”, ambas canciones de tipo instrumental y, la segunda, con los rasgos propios del grupo: sonido progresivo y metalero en ejecución impecable. Le sigue el tema que se lanzó como primer single del disco, “The Gift Of Music”, y que acá también hace de presentación del primer personaje, Arhys, el jefe de los rebeldes. Prosigue con “The Answer”, la canción que introduce a Gabriel, el hermano del anterior y el elegido para luchar contra el imperio del emperador Nafaryus. En toda esta narrativa musical hay una variedad de temas de corta duración que son partes de los segmentos musicales dramáticos de la totalidad de la obra. Por ejemplo, “A Better Life” es la pieza musical que da pie al momento cuando “los malos” entran en el juego, parte donde LaBrie encarna al mencionado villano que da título a la pieza siguiente, “Lord Nafaryus”, todo bajo un sonido “maléfico” propio de lo que se presenta.

DREAM THEATER 02“A Saviour In The Square” es el momento cuando ambos bandos se encuentran, y que enlaza de forma directa con “When Your Time Has Come”, “Act Of Faythe”, “Three Days”, “The Hovering Sojourn” y “Brother Can You Hear Me?”, desarrollando al personaje de Faythe, la hija del emperador, siendo estos cortes de esencia triunfante y heroica. Con “A Life Left Behind” el progresivo y sinfónico están de vuelta y llegan con una de las composiciones más destacables del disco. “Ravenskill” –tema que da título al ejército rebelde– es lento en su primera parte y algo más duro en la segunda; mientras que la siguiente, “Chosen”, es otra balada bonita y épica, aunque acá algunos ya se podrían estar preguntado si era necesaria otra balada dentro de la primera parte. Y así hasta llegar a “The Road To Revolution” que, con coro de apoyo incluido, se encarga de concluir el primer disco.

“2285 Entr’acte” es la intro que se encarga de abrir el segundo volumen, que mejora bastante el nivel general de la placa. “Moment Of Betrayal” es de lo más destacado del trabajo, con un estribillo que por fin no se diluye entre tantos pasajes, tempos y jams. El inicio y ejecución de “Heaven’s Cove” vuelve a recuperar a los mejores Dream Theater, mientras que “Begin Again” es una pieza acústica preciosista de mensaje esperanzador, que sigue acrecentando el lado más lírico de la banda. “The Path That Divides” nuevamente es un punto alto, con pasajes progresivos que narran otro enfrentamiento crucial entre dos de los protagonistas principales en conflicto.

“Machine Chatter” es otra de las intros innecesarias que conduce a “The Walking Shadow”, con un pasaje muy intenso donde los teclados de Jordan Rudess, muy relevantes en todo el trabajo, introducen a “My Last Farewell”, cuya esencia casi cinematográfica prevalece en todo momento. La pieza más triste del disco –expresivamente hablando– es “Losing Faythe”, muy emocionante y sentida. De esencia similar, aunque mucho más corta, es la preciosista “Whispers On The Wind”. “Hymn Of A Thousand Voices” se nos presenta con ciertos momentos folk, lo que confirma que el trabajo es DREAM THEATER 03excesivamente calmo para aquellos que busquen a los Dream Theater más técnicos y “metaleros”.

Llegamos al final de la placa con la corta intro “Power Down” (otra más), que introduce a la composición que se encarga de concluir y dar a su vez título a la obra, “Astonishing”, otra épica canción característica del sonido general del doble disco, uno que es orquestal, ambiental y, sobre todo, baladístico.

En suma, estamos frente a un álbum que requiere tiempo y paciencia; su extensión y cantidad de partes no lo hacen idóneo para introducir a nuevos oyentes a la música de los neoyorquinos, puesto que hasta para los seguidores más antiguos su escucha de una sola vez puede ser trabajosa. Es probable que esta obra se convierta en un disco que divida aguas entre los fans de la agrupación, y los ávidos del sonido más corrosivo y metalero de Dream Theater de seguro no lo tendrán en muy alta estima. En general, el disco es apto sólo para fans de la agrupación y del metal progresivo. De lo contrario es mejor abstenerse, porque “The Astonishing” no está hecho para todo el mundo.

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Papo

    12-Abr-2016 en 11:34 pm

    No se comento el mejor corte del disco y fundamental en la historia que es A new beginning…ni tampoco se hace referencia a que varias melodias se van repitiendo en el disco, asi como lo hiciera la primera opera rock Tommy de The who…flojito el review

  2. kako

    13-Abr-2016 en 10:04 am

    Gonzalo tu review no dice nada.

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El Álbum Esencial: “Doolittle” de Pixies

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Doolittle

El éxito comercial nunca fue algo que se le diera a Pixies, quienes, pese a la considerable buena recepción de sus trabajos por parte de la crítica especializada, nunca gozaron de un éxito a nivel masivo como sí lo estaban viviendo otras bandas de la época. El período de fines de los ochenta y principios de los noventa significó un auge en torno a la música alternativa, donde los sonidos rabiosos y desenfrenados estaban ganando terreno por sobre el heavy metal y el rock ochentero de Poison, Mötley Crüe o Bon Jovi. Bandas como Nirvana, Sonic Youth o The Smashing Pumpkins representaban esta camada de jóvenes que sólo deseaban expresar todo mediante la música, dejando atrás la premisa del éxito comercial, primando la calidad por sobre la exposición mediática.

Bajo ese alero, Pixies ya llevaba un tiempo sonando en el circuito independiente gracias al EP “Come On Pilgrim” (1987) y su posterior álbum debut “Surfer Rosa” (1988), trabajos que posicionaron su nombre como una banda de futuro prometedor. Fue así como, llegando a 1989 y con la presión por parte de Elektra, su nueva casa discográfica, de lanzar un sucesor de su anterior placa, Black Francis y compañía trabajaron en los demos de un disco que rescataría elementos de la música mainstream para adaptarlos al inclasificable espectro sonoro del cuarteto. “Doolittle” (1989) significó un paso agigantado para la banda, quienes de pronto se oyeron sonando en las radios, siendo citados por sus colegas e, inclusive, pasando a la posteridad en cuanta lista de lo más destacado del año.

Sin duda, Black Francis siempre se mostró como el principal artífice de Pixies, trabajando en letras, música, y hasta en el aspecto gráfico de cada trabajo del grupo, por lo que un ritmo tan autosuficiente como este generó roces casi por inercia con Gil Norton, productor del disco, que intentó a como dé lugar forzar a Francis para realizar canciones más largas, agregar estrofas, solos, incluso extender ciertos parajes, lo que por supuesto no cayó muy bien en el robusto intérprete.

El propio frontman aseguró en entrevistas que el productor estaba intentando hacerlos sonar de manera comercial, contrario a la visión que ellos mismos tenían de las cosas, por lo que, pese a unas accidentadas sesiones de grabación, el disco finalmente vería la luz, resultando un consenso de la visión de Francis y los consejos no tan bien recibidos de Norton.

Se podría considerar a “Doolittle” como el despegue absoluto en los continuos cambios de ritmo, que serían el sello habitual de Pixies, demostrándose en canciones como “Debaser” o “Crackity Jones”, impregnadas del dinamismo propio de David Lovering, el baterista y arma secreta de la banda, quien también incursiona en la voz con “La La Love You”, otro de los cortes más recordados del LP. Aunque el sonido crudo y agresivo del cuarteto fue uno de los factores que los hizo reconocidos, el lado melódico también ha aportado canciones que en la actualidad son verdaderos clásicos, pasando desde “Here Comes Your Man”, “Monkey Gone To Heaven” o la simple pero poderosa “Tame”, construida sobre la base de una sucesión de acordes cuya intensidad va atrapando al auditor a medida que avanza hasta su desenlace.

Si juntamos y analizamos todos los factores que hicieron de Pixies una banda tan importante en la fugaz primera etapa de su carrera, probablemente comprendamos por qué las rencillas entre su líder y la bajista Kim Deal hayan terminado por desarmar a la banda, incluso cuando todavía tenían actividades por cumplir. Y es que, básicamente, Pixies se trata de eso, sobre cómo cuatro naturalezas muy diferentes chocan para formar una obra única y con una estructura que recoge lo mejor de todos lados.

Deal aporta la actitud, Lovering la elegancia, mientras que la meticulosidad de Francis se conjuga con el siempre sereno Joey Santiago, alguien que aportó la seriedad y profesionalismo suficientes para que este barco saliera a flote. De ahí en adelante, todo se puso un poco más turbulento, los egos no resistieron una convivencia armónica y la belleza propia de este caótico surrealismo generado por Pixies comenzaría a apagarse poco a poco. Para hablar de eso, es necesario ahondar en los trabajos posteriores del cuarteto y el contexto en el que se vieron envueltos durante su gestación, pero ese será tema para una próxima ocasión.


Artista: PixiesDoolittle

Disco: Doolittle

Duración: 38:38

Año: 1989

Sello: 4AD / Elektra


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