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Dirty Projectors – “Dirty Projectors”

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Pese a que entre sí no compartan demasiadas similitudes musicales, los llamados álbumes de rupturas amorosas son casi un género musical. Uno forjado entre almas laceradas, drogas y alcohol que pocos saben sortear exitosamente sin recurrir a los clichés sonoros y a las líricas gastadas. Menos aún se podría esperar de Dirty Projectors, puntales del indie rock experimental de los últimos diez años y dueños de estructuras caprichosas y fracturadas. El proyecto liderado desde hace un par de años únicamente por David Longstreth tras la partida de la guitarrista, vocalista y ahora ex pareja sentimental de Longstreth, Amber Coffman, edita este año su séptimo larga duración homónimo.

Resulta prácticamente imposible separar este álbum de su contexto. La ruptura entre Longstreth y Coffman configuró un regreso a los inicios, cuando la banda era en esencia un proyecto “solista” de Longstreth, por lo tanto, no sorprende que lo haya elegido denominar homónimamente, como si de un debut se tratase. Es un conjunto de canciones que termina por completar la elisión voluntaria de las guitarras insinuadas progresivamente en “Swing Lo Magellan” (2012) y que ahora se hace más patente que nunca con composiciones que galopan sobre los ritmos y las voces más cercanas al R&B que al pop pastoral acústico de guitarras en sus trabajos anteriores.

Longstreth las hace todas: compone (de hecho, en los últimos cinco años se convirtió en un cotizado compositor de canciones en el mundo del pop y el R&B, habiendo incluso co-escrito varias canciones de “A Seat At The Table” de Solange Knowles en 2016 o “FourFiveSeconds”, un single que reunía a Rihanna, Kanye West y Paul McCartney), produce, ejerce de arreglista y orquestador, además de tocar alrededor de una decena de instrumentos en el álbum, el que abre “Keep Your Name”, una balada retorcida y pitcheada con la colaboración en los sintetizadores de Tyondai Braxton, ex frontman de Battles, mientras que “Death Spiral” es una canción soul filosa, sostenida por el sample de un corte de Bernard Hermann para el soundtrack de “Vertigo”, la archiconocida película de Alfred Hitchcock.

El abandono de lo acústico se materializa magistralmente en “Up In Hudson”, single y punto alto de este trabajo donde Longstreth se luce vocalmente y en la manipulación de la voz misma, además de trazar un relato entre el comienzo y el fin de la relación. “Work Together” es una amalgama de sintetizadores mareadores y cajas de ritmos frenéticas. En “Dirty Projectors” ninguna canción es igual a otra y ninguna parece relleno, cada una de ellas sirve para completar un pedazo del puzzle que pretende armarse aquí, desgranando y exorcizando los demonios. La cálida e introspectiva “Little Bubble” relata la sensación de confort artificial desde la burbuja de la cotidianeidad de pareja y la sensación de desolación cuando se rompe. Por la misma senda camina también “Winner Take Nothing”, una disección del colapso de la relación entre Longstreth y Coffman.

El perturbador autotune y los delicados arreglos de guitarra pampean en “Ascent Through Clouds” hasta la mitad de la canción, donde se dobla e implosiona acercándose al glitch. “Cool Your Heart” es una vuelta de mano de Knowles a Longstreth ejerciendo la co-escritura de la canción para que la diva del R&B, Dawn Williams, aporte sus cualidades vocales. Cierra el álbum “I See You”, una balada intrincada de bajo vuelo y poca velocidad. “Dirty Pojectors”, tal como “Vulnicura” de Björk, supone una nueva perspectiva y específicamente un nuevo vehículo para expresar emociones tan cáusticas y dolorosas, uno más maquinal, frío tal vez, pero por sobre todas las cosas es un trabajo de madurez musical y personal que destila profunda tristeza, aunque sin caer en la caricaturización de la misma.

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Iggy Pop – “Free”

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Free

Puede parecer extraño que un artista que ha hecho literalmente lo que se le ha antojado a lo largo de su carrera, publique como primer single de su nuevo trabajo de estudio un corte que únicamente proclama “Quiero ser libre”. Sin embargo, este supuesto sinsentido es sólo una prueba más de que la figura de Iggy Pop en realidad nunca ha sido tan fácil de descifrar. Es más, uno de sus sellos ha sido justamente aventurarse desde siempre (a veces con éxito y otras veces no tanto) en cuanto estilo musical le ha parecido atractivo (proto punk, garage rock, post punk, new wave, electrónica, hardcore, música de identidad francesa, entre otros). Es en esta dinámica, que el músico nos invita nuevamente a romper esquemas, firmando un álbum cuya característica principal es transitar a través de una pausada clave sonora de cargada identidad jazz, estilo que, sin ser completamente extraño para él (algo de esto había en “Avenue B” de 1999 y “Préliminaires” de 2009), marca uno de esos momentos musicales que por su sola naturaleza obligan a detenerse y escuchar con atención.

Dentro de las muchas particularidades que tiene “Free”, destaca el hecho de que la mayor parte de las canciones no son de autoría de Iggy, lo que hace de este disco un ejercicio de casi completa interpretación. La firma de los tracks recae fundamentalmente en Leron Thomas (trompeta), dejando un discreto espacio para Pop –autor de los temas que abren y cierran el registro– y dos poemas, el primero de ellos escrito por Lou Reed (“We Are The People”) y el segundo por Dylan Thomas (“Do Not Go Gentle Into That Good Night”). ¿Impacta esto la credibilidad la propuesta? En lo absoluto; de hecho, el álbum es tan consistente, que incluso los cortes que de antemano uno podría aventurarse a decir que fueron escritos por Iggy, ya que llevan su sello estilístico, en realidad están firmados por Thomas. En cuanto a lo musical, si bien se trata de un álbum dominado por los cortes de espíritu jazz, también hay lugar para momentos que reviven el lado más caricaturesco de la Iguana.

Es en la primera de estas identidades sonoras donde sin duda se encuentra lo mejor del álbum. “Free”, de naturaleza pausada y contemplativa, nos advierte desde el inicio acerca de los maravillosos paisajes sonoros que dominarán la oferta, y “Sonali”, por su parte, se inscribe como uno de los imperdibles del álbum. Musicalmente intrincada y de percusiones adictivas, se da el lujo de combinar reflexiones de corte existencial en base a metáforas en el estilo de “The Passenger”, con paisajes musicales que rememoran los sonidos que nos dejó el Duque Blanco en su último larga duración. “Page”, a su vez, aporta lo suyo atrapando una atmósfera musical de espíritu casi celestial para revelarnos un Iggy frágil y cercano. Sin embargo, es en la trilogía final con “We Are The People”, “Do Not Go Gentle Into That Good Night” y “The Dawn” donde, vestido de crooner, Iggy termina por comerse el registro. Es en este momento, además, donde más sentido terminan haciendo los aportes de Noveller y Thomas, añadiendo intensidad a cortes de abierta naturaleza minimalista. Un deleite.

Fuera de los pasajes que dominan la identidad del registro, se encuentran momentos totalmente rescatables y otros que, por desgracia, sólo le quitan prolijidad a esta nueva entrega. En el primero de estos grupos se ubica “Loves Missing” y “Glow In The Dark”. El primero de ellos sobresale gracias a la sentida e íntima interpretación de Iggy en los vocales, mientras que el segundo viene a graduarse como el eslabón perdido entre “Post Pop Depression” (2016) y el disco que nos convoca. Sin embargo, es con “James Bond” y “Dirty Sánchez” donde entramos en una vereda más conflictiva, básicamente porque se trata de temas que no respetan en nada el espíritu del resto del álbum. Así y todo, “James Bond” logra ser una aventura perdonable, ya que, aún sonando fuera de lugar, nos deleita con una funky y contagiosa línea de bajo y un espectacular clímax hacia la mitad del track. No se puede decir lo mismo de “Dirty Sánchez”, que además de caer fuera de lugar, se queda corto en lo lírico (convengamos que escuchar a Iggy cantando de “tetas” y “vergas” a esta altura no tiene nada de novedoso) y en lo musical.

El mencionado “Post Pop Depression” provocó varios fenómenos interesantes: por un lado, parte del público empezó a sentir que quizás era buena idea que la Iguana aprovechara el éxito de ese lanzamiento para cerrar su carrera. Sin embargo, a Iggy le pasó algo muy distinto. Luego de terminar la gira de promoción del álbum, se sintió vaciado, con deseos de refugiarse y desaparecer; según sus propias palabras, con deseos de ser libre. Y para Iggy la libertad claramente no es retirarse, sino que tiene que ver con decir cosas, no sabe hacerlo de otra forma, desde siempre ha sido así. Probablemente hace cuarenta años los medios que elegía para expresarse eran indudablemente más físicos, hoy día ya no necesita hacerlo de esa forma: con el tiempo, Pop ha aprendido a golpearnos de otras maneras, como por ejemplo prestando su voz para lanzar un álbum sentido y extrañamente íntimo, casi completamente alejado de lo que esperábamos de él. Puede haber alcanzado los 72 años, pero claramente entregarse al silencio no es uno de los planes del padrino del punk. Tenerlo con nosotros sigue siendo una fantástica sorpresa.


Artista: Iggy Pop

Disco: Free

Duración: 33:44

Año: 2019

Sello: Caroline International / Loma Vista


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