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DIIV – “Deceiver”

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Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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Ozzy Osbourne – “Ordinary Man”

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Ordinary Man

Una de las fórmulas históricamente exitosas en el mundo del rock es intentar romper algún paradigma. Golpear desde la apuesta visual, proponer un nuevo formato rítmico o fusionar estilos, siempre han sido giros que, por lo general, tienen buena acogida. Por el contrario, hay un selecto grupo de artistas que goza justo de la virtud opuesta, esos que uno no quiere que cambien y que, aunque no nos regalen novedad alguna, siempre vamos a recibir con los brazos abiertos. En esa exclusiva vereda está el Príncipe de las Tinieblas, un personaje único del imaginario rock, salido de la realidad más cruda de la Inglaterra post Segunda Guerra Mundial para fundar uno de los estilos musicales más trascendentales de los últimos cincuenta años. Luego de diez años de silencio discográfico y con más de setenta años de batallas en el cuerpo, Ozzy ha vuelto a darse maña para grabar un disco, y este hecho por sí solo ya es motivo suficiente para celebrar.

Para dar vida a este nuevo capítulo, el Madman puso en las perillas y guitarra a Andrew Watt (Lana Del Rey, Post Malone), dejando la base rítmica a cargo de Duff McKagan (Guns N’ Roses) y Chad Smith (Red Hot Chili Peppers). Sin embargo, como a esta altura todos parecen querer acompañar al viejo Ozzy, el disco goza además de numerosos invitados, entre los que destaca Slash, Tom Morello y, por supuesto, el mismísimo Sir Elton John. Este tipo de combinación muchas veces corre el riesgo de desplazar al artista anfitrión a un lugar secundario, dando como resultado discos sin ninguna identidad, y en esa línea hay que reconocer que, si bien en un principio la apuesta por Andrew Watt parecía arriesgada, finalmente probaría ser tremendamente efectiva, ya que uno de los méritos de los que goza “Ordinary Man” justamente es que suena a Ozzy todo el tiempo.

Los 45 minutos del disco combinan momentos de potente y contagioso rock con otros de tono más pausado, los que en esta oportunidad claramente dominan la oferta. En la primera vereda encontramos a “Straight To Hell”, track claramente pensado para sacudir los ánimos desde el inicio (los primeros vocales con Ozzy diciendo “alright now” son todo un llamado a la batalla), alternando un contagioso riff de guitarra cortesía de Slash, con arreglos de voces y teclados que resaltan el lado más oscuro del Madman. En esta misma línea se suma “It’s A Raid”, encargada de cerrar el disco en tono hard rock/punk de alta velocidad. Dependiendo del paladar, puede ser considerada la menos afortunada del álbum o derechamente un acierto a la hora de aportar nuevos sonidos, sin embargo, el corte funciona además como declaración de intenciones: Ozzy nos recuerda que, si quiere experimentar, lo hace y punto. Es más, se da el gusto de cerrar el álbum mandándonos a todos al carajo.

En el lado más pausado del álbum, “Ordinary Man” se alza como uno de los temas insignes de este larga duración. Con la inesperada ayuda de Elton John y combinando de manera perfecta guitarras, piano y arreglos orquestados, Ozzy da vida a una balada rock digna de lo mejor de su catálogo solista. En esta misma senda “All My Life” se anota otro momento destacado, particularmente por su contenido lírico, donde Osbourne abre parte de su imaginario más íntimo y lo comparte con nosotros. “Goodbye”, “Under The Graveyard” y “Scary Little Green Men” apuestan a la misma fórmula, todas contemplativas en un comienzo para luego explotar hacia el cierre, haciendo gala de contundentes percusiones y afilados solos de guitarra, que por momentos resucitan sin miramientos las claves del sonido Sabbath (particularmente notorio en “Under The Graveyard”). Finalmente, “Holy For Tonight” nos regala un tema donde Ozzy básicamente se despide de sus seguidores y reflexiona acerca de su mortalidad.

Diez años tuvieron que pasar para tener un nuevo trabajo de Ozzy. Él mismo dijo que no estaba en sus planes hacer un nuevo álbum, sin embargo, grabar “Take What You Want” con Post Malone le dio el golpe que necesitaba para volver al estudio. Y lo cierto es que, luego de escuchar “Ordinary Man”, queda la sensación de que fue lo mejor que Ozzy pudo haber hecho. El álbum tiene todas esas claves que han hecho de él la marca que es; las guitarras afiladas están ahí, las percusiones estremecedoras hacen su trabajo y el Madman se las arregla como siempre para sacudirnos y, al mismo tiempo, hacernos esbozar una sonrisa. Pero lo que hace especial a este álbum es que indudablemente se trata de un disco de despedida. Cada uno de sus rincones nos dice adiós, las letras, las colaboraciones inesperadas, las bromas entre líneas, todo busca dejar las cosas en orden antes de cumplir con el destino. ¿Lo logra? Sin duda lo hace. ¿Agrega alguna nueva variable al sonido de su catálogo? A esta altura ciertamente a nadie le importa.


Artista: Ozzy Osbourne

Disco: Ordinary Man

Duración: 49:21

Año: 2020

Sello: Epic


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