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Descendents – “Hypercaffium Spazzinate”

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Doce años tuvieron que pasar para que el viejo Milo volviera a ocupar una carátula. Durante este período, la continuidad de Descendents se vio amenazada en más de una oportunidad (Karl Alvarez sufrió un infarto al miocardio, mientras que Bill Stevenson tuvo que sobrevivir a una embolia pulmonar y una cirugía de tumor cerebral), sin embargo, tal como si se tratara de un guión hollywoodense, el cuarteto no sólo logró escapar ileso de la amenaza, sino que de alguna manera encontró el ímpetu necesario para volver al estudio y regalarnos un nuevo capítulo discográfico.

DESCENDENTS 01El primer golpe que conecta “Hypercaffium Spazzinate” viene de la mano de su portada, de revisión obligada, ya que. mientras por un lado juega deliberadamente a la trivia, lo que realmente hace es celebrar el ADN de la banda, poniendo al centro a Milo –a esta altura ícono no sólo del conjunto, sino que de toda una escena– fusionado con un matraz de Erlenmeyer, en clara alusión a la otra gran pasión de Aukerman, para enseguida situar la atención en el contenido del matraz, repleto de una especie de versión mejorada de café (histórica obsesión del cuarteto), resultado de la combinación de cafeína común, cuya fórmula química se puede ver en la probeta de la izquierda de la carátula, y una misteriosa sustancia “X”. Lúdicos y geeks en igual medida. En lo musical, el conjunto no se distancia radicalmente de lo entregado en “Cool To Be You” (2004), apostando por temas de naturaleza abiertamente melódica que se intercalan con otros que, si bien se mueven sobre una base de sonido más duro, conservan el espíritu contagioso y directo que caracteriza a Descendents. El disco inicia sin preámbulos con la rabiosa y enérgica “Feel This”, que en un minuto catorce segundos deja claro que los californianos siguen golpeando con la misma fuerza que lo hacían treinta años atrás. Lo que sigue con “Victim Of Me” inmediatamente lleva al álbum a la vereda opuesta, instalándose desde el comienzo como uno de esos clásicos himnos que combinan melodías alegres y contagiosas con letras de desazón y hastío.

En la medida que el disco avanza, sigue sin interrupciones la ruta trazada por los dos primeros cortes. “Without Love” se instala como una verdadera clase de punk rock noventero, poniendo en evidencia, una vez más, cómo el sonido del cuarteto ayudó a forjar lo que hace veinte años terminaría dando origen a la popular escena punk rock californiana. “Smile” y “Comeback Kid” mantienen el mismo espíritu, con letras de apoyo y compañerismo francamente entrañables, donde destaca el impecable trabajo de Milo Aukerman en los vocales y el bien ganado protagonismo de la guitarra de Stephen Egerton en este tipo de tracks.

DESCENDENTS 02Por el lado de los temas de esencia más hardcore, el disco logra instalar varios cortes que ponen en evidencia el excelente y energético trabajo de Stevenson y Alvarez en la base rítmica. “We Got Defeat” y “No Fat Burger”, ambas potentes y efectivas, apuntan a los duros momentos que atravesó la banda en la última década: la primera rabiosa y determinada, mientras que la segunda se toma las cosas con humor y aprovecha el espacio para hacer un guiño a “I Like Food”, eterno himno del conjunto. De similar identidad sonora, “Limiter” revisa el tema del abuso de fármacos que persigue “normalizar” a niños que hoy parecieran no tener cabida en los esquemas de educación tradicional, mientras que “Spineless And Scarlet Red” llega a darnos una mirada más reflexiva y adulta de los conflictos de pareja.

Mención aparte merece “Beyond The Music”, adecuadamente reservada para cerrar el álbum (en su edición normal). Destinada, por un lado, a revisar la historia de la banda y, al mismo tiempo, a rendir homenaje a la música como vehículo a través del cual el cuarteto ha alcanzado un lugar que parece llenarlos de dicha. Es esta última sensación la que logra transmitir “Hypercaffium Spazzinate”, la de un grupo de amigos que han crecido y se han encontrado a ellos mismos en la música, llegando hoy a regalarnos este nuevo álbum no sólo como prueba de que siguen con nosotros, sino que como testimonio fiel de lo que puede llegar a significar ese momento aparentemente sin importancia y completamente despojado de pretensiones, en que cuatro chicos deciden tomar sus instrumentos en un garaje cualquiera para dejarse llevar por la música. Si tenían que pasar doce años para volver, esta era exactamente la manera de hacerlo.

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Iggy Pop – “Free”

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Free

Puede parecer extraño que un artista que ha hecho literalmente lo que se le ha antojado a lo largo de su carrera, publique como primer single de su nuevo trabajo de estudio un corte que únicamente proclama “Quiero ser libre”. Sin embargo, este supuesto sinsentido es sólo una prueba más de que la figura de Iggy Pop en realidad nunca ha sido tan fácil de descifrar. Es más, uno de sus sellos ha sido justamente aventurarse desde siempre (a veces con éxito y otras veces no tanto) en cuanto estilo musical le ha parecido atractivo (proto punk, garage rock, post punk, new wave, electrónica, hardcore, música de identidad francesa, entre otros). Es en esta dinámica, que el músico nos invita nuevamente a romper esquemas, firmando un álbum cuya característica principal es transitar a través de una pausada clave sonora de cargada identidad jazz, estilo que, sin ser completamente extraño para él (algo de esto había en “Avenue B” de 1999 y “Préliminaires” de 2009), marca uno de esos momentos musicales que por su sola naturaleza obligan a detenerse y escuchar con atención.

Dentro de las muchas particularidades que tiene “Free”, destaca el hecho de que la mayor parte de las canciones no son de autoría de Iggy, lo que hace de este disco un ejercicio de casi completa interpretación. La firma de los tracks recae fundamentalmente en Leron Thomas (trompeta), dejando un discreto espacio para Pop –autor de los temas que abren y cierran el registro– y dos poemas, el primero de ellos escrito por Lou Reed (“We Are The People”) y el segundo por Dylan Thomas (“Do Not Go Gentle Into That Good Night”). ¿Impacta esto la credibilidad la propuesta? En lo absoluto; de hecho, el álbum es tan consistente, que incluso los cortes que de antemano uno podría aventurarse a decir que fueron escritos por Iggy, ya que llevan su sello estilístico, en realidad están firmados por Thomas. En cuanto a lo musical, si bien se trata de un álbum dominado por los cortes de espíritu jazz, también hay lugar para momentos que reviven el lado más caricaturesco de la Iguana.

Es en la primera de estas identidades sonoras donde sin duda se encuentra lo mejor del álbum. “Free”, de naturaleza pausada y contemplativa, nos advierte desde el inicio acerca de los maravillosos paisajes sonoros que dominarán la oferta, y “Sonali”, por su parte, se inscribe como uno de los imperdibles del álbum. Musicalmente intrincada y de percusiones adictivas, se da el lujo de combinar reflexiones de corte existencial en base a metáforas en el estilo de “The Passenger”, con paisajes musicales que rememoran los sonidos que nos dejó el Duque Blanco en su último larga duración. “Page”, a su vez, aporta lo suyo atrapando una atmósfera musical de espíritu casi celestial para revelarnos un Iggy frágil y cercano. Sin embargo, es en la trilogía final con “We Are The People”, “Do Not Go Gentle Into That Good Night” y “The Dawn” donde, vestido de crooner, Iggy termina por comerse el registro. Es en este momento, además, donde más sentido terminan haciendo los aportes de Noveller y Thomas, añadiendo intensidad a cortes de abierta naturaleza minimalista. Un deleite.

Fuera de los pasajes que dominan la identidad del registro, se encuentran momentos totalmente rescatables y otros que, por desgracia, sólo le quitan prolijidad a esta nueva entrega. En el primero de estos grupos se ubica “Loves Missing” y “Glow In The Dark”. El primero de ellos sobresale gracias a la sentida e íntima interpretación de Iggy en los vocales, mientras que el segundo viene a graduarse como el eslabón perdido entre “Post Pop Depression” (2016) y el disco que nos convoca. Sin embargo, es con “James Bond” y “Dirty Sánchez” donde entramos en una vereda más conflictiva, básicamente porque se trata de temas que no respetan en nada el espíritu del resto del álbum. Así y todo, “James Bond” logra ser una aventura perdonable, ya que, aún sonando fuera de lugar, nos deleita con una funky y contagiosa línea de bajo y un espectacular clímax hacia la mitad del track. No se puede decir lo mismo de “Dirty Sánchez”, que además de caer fuera de lugar, se queda corto en lo lírico (convengamos que escuchar a Iggy cantando de “tetas” y “vergas” a esta altura no tiene nada de novedoso) y en lo musical.

El mencionado “Post Pop Depression” provocó varios fenómenos interesantes: por un lado, parte del público empezó a sentir que quizás era buena idea que la Iguana aprovechara el éxito de ese lanzamiento para cerrar su carrera. Sin embargo, a Iggy le pasó algo muy distinto. Luego de terminar la gira de promoción del álbum, se sintió vaciado, con deseos de refugiarse y desaparecer; según sus propias palabras, con deseos de ser libre. Y para Iggy la libertad claramente no es retirarse, sino que tiene que ver con decir cosas, no sabe hacerlo de otra forma, desde siempre ha sido así. Probablemente hace cuarenta años los medios que elegía para expresarse eran indudablemente más físicos, hoy día ya no necesita hacerlo de esa forma: con el tiempo, Pop ha aprendido a golpearnos de otras maneras, como por ejemplo prestando su voz para lanzar un álbum sentido y extrañamente íntimo, casi completamente alejado de lo que esperábamos de él. Puede haber alcanzado los 72 años, pero claramente entregarse al silencio no es uno de los planes del padrino del punk. Tenerlo con nosotros sigue siendo una fantástica sorpresa.


Artista: Iggy Pop

Disco: Free

Duración: 33:44

Año: 2019

Sello: Caroline International / Loma Vista


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