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Deep Purple – Now What?!

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Tras 45 años de trayectoria, los longevos y legendarios Deep Purple siguen luchando por mantenerse vigentes y creativos, lucha que se traduce en el lanzamiento de su decimonoveno álbum de estudio, titulado “Now What?!”, placa que fue grabada en los estudios Anarchy y The Tracking Room de Nashville, Tennessee, bajo la exhaustiva supervisión del aclamado productor Bob Ezrin, reconocido por haber colaborado con artistas de la talla de Kiss, Pink Floyd, Alice Cooper, entre muchos otros. Según declaraciones de Ian Gillan, vocalista de la banda, este trabajo llega en el momento preciso, convirtiéndose en una de las grabaciones más importantes de su vida. Los británicos vuelven a las pistas después de ocho años sin presentar material inédito, desde la edición del disco “Rapture Of The Deep” (2005), y con esta nueva entrega prometen mantener ese sello característico que tan buenos dividendos les ha dado a lo largo de su carrera, incorporando matices modernos y renovados.

DEEP PURPLE 01La apertura del álbum corre por cuenta de “A Simple Song”, una delicada melodía cuyo comienzo tiene como protagonista excluyente el hermoso sonido de la guitarra de Steve Morse, una introducción de lujo a la nítida y decidida voz de Ian Gillan, que rápidamente muta a una base rítmica mucho más potente y enérgica, adornada por un preciso solo de teclado. En “Weirdistan” la batería de Ian Paice marca el pulso de la canción, con una activa participación de las cuerdas, que se entremezclan con elementos más sintetizados y voces exageradamente trabajadas, en una combinación que no logra cuajar. “Out Of Hand” es el primer corte en evidenciar una textura más moderna, con poderosas y bien logradas secuencias de Morse, que se complementan de buena manera con el bajo de Roger Glover y con el aura oscura de la pieza. Sin lugar a dudas, un elemento que juega en contra es la extensión del tema, que deja la incómoda sensación de tener un par de minutos de relleno. El disco continúa con la dinámica melodía de “Hell To Pay”, que trae de vuelta el estilo clásico de los nativos de Hertford, con un sonido que se acerca mucho más a su legado, y Don Airey compitiendo de igual a igual con Morse por lograr la mejor ejecución. “Body Line” baja las revoluciones, pero se mantiene en la misma línea que su predecesor, con una instrumentación que opaca la desgastada y poco participativa voz de Gillan.

Una extensa introducción marca el comienzo de “Above And Beyond”, una pieza a medio tiempo que presenta unos leves matices de blues, obteniendo excelentes réditos de sus reiterados cambios de ritmo. “Blood From A Stone” ofrece una base tibia, que parece ajustada para no exigir más de la cuenta la voz de Ian Gillan, pero que se yuxtapone a ráfagas mucho más agresivas e intensas, para inmediatamente volver a la sensibilidad del teclado, configurando una confusión de estilos y formas. Con “Uncommon Man”, los segundos se consumen con los precisos solos que ofrece Steve Morse, en un lucimiento instrumental que se torna exagerado e intrascendente, apareciendo recién la voz promediando la mitad de la canción, con una limitada energía que no alcanza para cambiar el foco de atención.

DEEP PURPLE 02El sonido más setentero vuelve a asomar en “Aprés Vous”, con una base que pretende volver a sus raíces, pero que pareciese no encontrar el camino, perdiéndose nuevamente en la instrumentación y el exceso de arreglos. “All The Time In The World” se mueve sobre un terreno mucho más contenido, teniendo en este punto su principal atractivo, con una melodía que no parece sobrecargada y donde todos los elementos funcionan en perfecta complicidad. El cierre del álbum corre por cuenta de “Vincent Price”, una canción que a ratos hace recordar a Black Sabbath, evidenciando un estilo mucho más agresivo y cercano al heavy metal. El bonus track de la edición de lujo está conformado por el corte blues “It’ll Be Me”, cover de Lewis Jerry Lee.

Quizás la mejor recomendación antes de sumergirse en esta nueva experiencia que ofrece Deep Purple es bajar drásticamente las expectativas, ya que si lo que se espera con “Now What?!” es un álbum que se acerque, aunque sea remotamente, a lo expuesto en su época más gloriosa, la desilusión puede ser bastante grande. El principal defecto de esta nueva producción es que Deep Purple no logra sonar como una banda, muy por el contrario, el protagonismo de la guitarra de Steve Morse y el teclado de Don Airey por sobre el resto de la agrupación, resulta abismante, cayendo constantemente en el abuso de los solos y los riffs como elementos de relleno, opacando inclusive la voz de Ian Gillan, que de por sí se evidencia desgastada y limitada. La sensación general es que el álbum no tiene una orientación clara y definida, experimentando con múltiples ritmos y estilos, pero sin establecer una identidad propia. No quiero parecer irrespetuoso, ni mucho menos hacer enojar a los fanáticos más incondicionales de los británicos, pero creo que, en esta oportunidad, los legendarios Deep Purple han quedado en deuda.

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3 Comentarios

3 Comments

  1. Sebastian

    28-May-2013 en 3:15 am

    Es un album mas progresivo, tiene algo de malo eso? o me van a decir que prefieren un álbum monótono como el The battle rages on que siendo grandioso le copia mucho a Rainbow

  2. Ushhhhh

    06-Ago-2013 en 7:32 am

    Es un buen disco. A los que escuchamos a Deep Purple de toda la vida nos emociona por el hecho de poder tener un disco mas con nosotros.
    A nivel compositivo es regular, no hay canciones que exploten creativamente y Morse ya me canso con sus solos y sus yeites que repite sin parar en cada uno de los dsicos que grabo.
    La incorporacion de Neil Morse como guitarrista siempre me parecio erronea.
    Es un disco de 7 puntos.
    Y se siente demasiado la perdida de John Lord
    Saludo

    • Ushhhh

      06-Ago-2013 en 7:34 am

      Steve Morse..ejem..

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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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