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Death Cab For Cutie – Narrow Stairs

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Tras un disco como el anterior, Plans del año 2005, uno podía esperar que la banda se mantuviera en ese pedestalcito que se armaron en Atlantic, con canciones que evocaban a un pop más conciliador, que el que nos tenía acostumbrados Death Cab de experimentación.

Pero ¿cual es la sorpresa que nos da el señor Ben Gibbard y compañía? Nos entrega un disco arrollador y avasallador como lo es “Narrow Stairs”. Lo dijo en el video teaser, que lanzaron a finales del año 2007, claramente “no hay que probarle nada a nadie, solo a nosotros mismos”, lo que no se esperaba era que el disco prueba a los fans y de paso los deja felices. Es el salto de ser una banda indie mas hacia ser una de las bandas importantes de USA, gracias a ese “probarse” a ellos mismos.

Todo parte con “Bixby Canyon Bridge” (un guiño a uno de los escritores mas importantes de estados unidos, el señor Jack Kerouac y su obra “Big Sur”) que comienza haciendo reminiscencias del tema que abría el anterior álbum de Death Cab, pero rápidamente hace un giro impresionante que deja a quienes se encuentran escuchando maravillados ante la vuelta del grupo al disco “Photo Album”, claramente es un disco que es mas corazón que cerebro.

Toma protagonismo a través del álbum el bajista de la banda, los bajos suenan más potentes y le van dando un sabor diferente a las canciones (“No Sunlight”), que toman una atmosfera de rudeza amable, de una dureza repasada con azúcar o miel, que te recuerdan que a pesar de todo, estas escuchando un disco de Death Cab for Cutie. Sucede aquello con canciones como “Long Division” (que agrega a la mezcla sonido de sus coterráneos Minus the Bear) y “Pity and Fear” (que tiene una atmosfera muy tribal, demasiado para lo que Death Cab es).

Van saltando maravillosas interpretaciones en canciones como “Cath…”, “Talking Bird” (la canción lenta del disco, pero para nada parecida a “I Will Follow You Into The Dark”, si no que parecida a las lentas del “Something About Airplanes”) donde la guitarra de Walla muestra la clara evolución hacia el poderío de una guitarra afilada con actitud de querer ser mas que solo los simpáticos del curso con los que todos hablan, quieren ser el presidente del colegio. Se nota ambición, de la buena.

Es tanta la ambición que incluso se dan el lujo de tirar una canción muy “Pet Sounds” como “You Can Do Better Than Me” donde demuestran que se puede ser grandioso solo con los sonidos que puede lograr implantarte a tu forma de crear en el estudio.

Claramente el Plans era un disco para poder mostrarse a mucho mas publico, claro, si lo estaban sacando con una multinacional. Pero el Narrow Stairs es para mostrarles a esos fans nuevos de que se trataba la banda antes del traspaso a Atlantic, a lo mejor a los fans nuevos no les guste el cambio, pero los fans antiguos quedaran más que satisfechos, de saber que Death Cab sólo estaba descansando; que ahora despertaron y con ansias de tomarse el mundo.

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3 Comentarios

3 Comments

  1. Felipe Ramírez Amigo

    13-May-2008 en 5:07 am

    HN Informa! Death Cab For Cutie – Narrow Stairs http://tinyurl.com/67hlyk

  2. The_residents

    13-May-2008 en 11:19 pm

    MUY BUEN COMENTARIO LA KAGO!!!

    Y MUY BUENO EL CAMBIO DE LA PAGINA LES KEDO MAS ORGANIZADA

    SALUDOS

  3. Tux0o

    10-Jul-2008 en 11:50 pm

    yo tngo el disco 😀
    es verdaderamente increible
    no me meto al auto sin el en la radio

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El Álbum Esencial: “La Voz de los ’80” de Los Prisioneros

Publicado

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La Voz de los 80

Jorge González dijo una vez que el primer disco de una banda toma mucho tiempo porque el proceso parte desde que naces hasta que cumples edad para grabarlo, mientras que para el segundo sólo cuentas con un par de meses debido a la presión del sello. “Corazones” (1990), en rigor el primer trabajo de Jorge como solista, goza de un sonido pulcro y de una genialidad compositiva totalmente atemporal, “La Cultura de la Basura” (1987) cuenta con atisbos de experimentación y materializa el virulento sarcasmo social de la agrupación, y “Pateando Piedras” (1986) representa el cénit creativo del grupo produciendo un trabajo de alta calidad, que los posicionó como un suceso de masas. Pero es “La Voz de los ’80” el que encapsula esa energía primal, rudimentaria y cruda, que rompió con todo lo establecido como signo de una catarsis a nivel nacional en un país sumido en una gris dictadura.

Son diez cortes nacidos en la adolescencia de tres jóvenes de San Miguel que aplanaban las calles de la capital chilena entre interminables conversaciones sobre la música y su entorno. Nacieron como una banda de colegio, tocando en festivales escolares muchas veces con instrumentos prestados, sin embargo, su equipamiento más valioso eran sus canciones, creaciones que son la consecuencia de una mezcla ecléctica entre lo mejor de la música juvenil de la época, léase The Cars, Depeche Mode, New Order o The Clash, con la tradición auditiva de cualquier casa de clase media, como Raphael, Camilo Sesto o Salvatore Adamo. La sensibilidad pop con la aspereza del rock al servicio de letras inteligentes, llenas de sarcasmo, que se derraman en un disco que en la actualidad parece un compilado de grandes éxitos.

La capacidad que tuvo Claudio Narea, Jorge González y Miguel Tapia para retratar a su generación, el momento político y la cultura pop, es el gran valor que hace a este disco permanecer en el tiempo. La juventud que aparece en “Brigada de Negro”, esa que nada en alcohol y tabaco, es casi tan difusa como la sombría línea de bajo de González que serpentea por toda la canción, mientras Narea marca el ritmo con sus acordes y Tapia promueve una batería marchante, que narra la hipocresía juvenil de una felicidad hedonista que difícilmente era la realidad de la clase media asolada por la política neoliberal de los Chicago Boys. Parte de esa atmósfera aparece en “La Voz de los ’80”, canción que remece con la energía rabiosa de un trío que se quería comer al mundo desde el primer momento. A pesar de que cada obra esté anclada a su época, lo importante es cuando esta trata temas tan universales que se van repitiendo generación tras generación.

El primer larga duración de Los Prisioneros es un disco que siempre será joven, porque refiere a los temas que vive cada chiquillo o chiquilla desde que esta etapa de la vida humana emergió como una forma cultural en sí misma, después del destape mundial en los años 50. Tanto el relato del despertar sexual que se palpa en “Eve-Evelyn”, como la posterior desolación amorosa de carácter invernal de “Paramar”, son impulsivas y encaran la frustración amorosa con un relato original, el mismo que sale disparado de los parlantes de manera un poco más furiosa en “Mentalidad Televisiva”. Y ¿si la chica que perdió su imaginación para instalar un video tape ahora la perdiera para instalar la última actualización de YouTube, Snapchat o Instagram? Son los temas que, entre la ingenuidad y suspicacia, instalan esas verdades que siempre vamos a vivir, estemos en la época que estemos.

Esa aterrizada visión que ostentaba el trío siempre los hizo ver como algo distinto en un panorama musical un tanto agreste. En la primera mitad de los 80 la música de guitarras era marginal en nuestro país, el rock estaba relegado a encuentros que, si bien cimentaron gran parte de lo que después se expresaría en el underground criollo en estilos más extremos como el thrash o el punk, se veían aplastados por la culturalidad de un régimen que impuso firmemente su manera de ver la realidad, contexto clave para entender letras como “Latinoamérica Es Un Pueblo Al Sur De Estados Unidos” y “No Necesitamos Banderas”, que recogen elementos foráneos como el reggae y el ska para alinearlos a nuestras características locales. Esto choca de frente con la postura del sonido imperante en el mundo universitario dominado por el Canto Nuevo, forjado desde las raíces propias de nuestra música, y no al revés, como en el caso del rock.

Las letras pomposas y repletas de metáforas, adornadas con la complejidad de los acordes de una guitarra acústica, no podía ser más distinto al mensaje directo de “Sexo” o de “¿Quién Mató A Marilyn?” que, tomando elementos de la cultura pop, prefiguran un mensaje directo, conciso y simple de entender, aunque no por ello menos contundente. Es por eso que “Nunca Quedas Mal Con Nadie”, grabada el 6 de diciembre de 1984 –mismo día en que Jorge cumplía 20 años–, emerge como una crítica tanto a ese movimiento como también a la liviandad de las bandas que compartieron un terruño que Los Prisioneros nunca quisieron habitar. Aparato Raro, Cinema, Valija Diplomática, Emociones Clandestinas, seguidos de un largo etcétera, se subieron al carro del nuevo rock chileno y recibieron un mejor trato de las emisoras locales, cosa que no pasó con los de San Miguel, precisamente por lo filudo de su lírica.

Famoso por sus frases para el bronce, el otrora vocalista de la banda expresó: “Pocas veces nos hicieron una crítica en un diario, y las veces que lo hicieron, era para decirnos que éramos pésimos, lo último, que sonábamos mal, que no servíamos para nada y que éramos una moda no más”. El tiempo no se ha cansado de probar lo equivocado que estaban los tabloides del momento. Desde aquella foto tomada en la Vega Central en la que se ve a tres muchachos sosteniendo sus instrumentos, hasta esa camisa apuñalada como carta abierta a un amor imposible que vino a cerrar la primera etapa del grupo después de la vuelta a la democracia, Los Prisioneros marcaron a fuego la historia de nuestro país.

Su valor no está condicionado por el mero hecho de retratar a una generación que vivió momentos sombríos ­–lo que ya sería un mérito–, sino que recae en cómo tres miembros de esas escuelas numeradas, en las que les enseñaban humildad y resignación, lograron establecer un mensaje que resuena hasta el día de hoy y que se mantiene totalmente vigente. Eso habla tanto de la inteligencia de sus letras, como de una sociedad que siente un romanticismo exacerbado por muchos elementos de la cultura de épocas pasadas, sobre todo en lo que se refiere a los años 80; no por nada se sigue escuchando en la radio casi la misma música que alguna vez llamó la atención de Narea, Tapia y González.

En la actualidad, Chile sigue teniendo problemas limítrofes (“no necesitamos banderas, no reconocemos fronteras”), sigue luchando contra el machismo (“…y les sigues el juego, y les das tu dinero, y te sientes muy hombre y me río en tu cara de tu estupidez”) y seguimos presa del cinismo ahora exacerbado por las redes sociales (“pretendes pelear y sólo eres una mierda buena onda”). Los Prisioneros cambiaron la forma de ver la realidad, pero parece que somos nosotros los que no hemos cambiado tanto.


Artista: Los PrisionerosLa Voz de los 80

Disco: La Voz de los ’80

Duración: 40:22

Año: 1984

Sello: Fusión / EMI Music


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