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Death Cab For Cutie – Kintsugi

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Lo primero que llama la atención de la banda norteamericana oriunda de Washington, Death Cab For Cutie, es su basta y sorprendente trayectoria. Nacidos en 1997, primero, como un proyecto solista de su vocalista, Ben Gibbard, consta de una mixtura muy actualizada a lo que está marcando presencia hoy en día, y desconocida para ese entonces. Desmarcándose de  lo que hacían sus contemporáneos de aquella época, decidieron cruzar la línea del britpop, el post grunge, entre otros estilos, y apostaron por un sonido indie, involucrando violines y sintetizadores, lo cual se ha mantenido hasta la actualidad.

DEATH CAB FOR CUTIE 01Su última placa se titula “Kintsugi”, y es una apuesta que hace notar la madurez de un grupo que lleva casi veinte años de carrera. Si bien es cierto que su incursión musical no varía mucho en relación al resto de su discografía, esto no hace que la entrega se torne reiterativa o desgastante, como suceder en estos casos. Al contrario, muestran que se puede lograr fidelidad con las convicciones que se tienen dentro de la banda, llevándolos a un desafío creativo con muy buenos resultado, sin perder su identidad.

En esta ocasión, nos entregan composiciones como “Black Sun”, cargada de un coro que se queda en el inconsciente y con un sonido más consolidado que antes, en base a una propuesta más electrónica y solemne, algo no muy común en la banda, brindando el clímax interpretativo al álbum y demostrando que se puede innovar sin perder el sello.

En “Everything’s A Celling” hay un pequeño coqueteo con el sonido típico de los 80, cargado a los sintetizadores y ese marcar de batería tan característico de la época. “Hold No Guns” nos posiciona nuevamente en lo más propio de la banda; la guitarra acústica y los demás elementos a su merced, DEATH CAB FOR CUTIE 02así como “Good Help (Is So Hard To Find)” nos entrega esa misma cualidad, pero con una cuota bailable, potenciada en base a riffs y coros pegajosos. El disco posee una carga ecléctica importante, pero aun así se puede percibir un lenguaje común que unifica y permeabiliza la entrega, y quizás el gran factor que logra esto es la voz de Gibbard, la cual, a pesar de haber tenido la oportunidad, no varía mayormente en su rango interpretativo, entregando el sello iconográfico final y distinto al oírlos.

La agrupación demuestra que sigue teniendo un sello actual que muchas veces marca tendencia dentro del mundo indie. Se desmarcan de ese desligue interpretativo que bandas de hoy en día tienen con sus discos anteriores, debido a diferentes motivos. Lo cierto es que hoy se agradece que bandas como Death Cab For Cutie tomen el riesgo de forma consiente y medida, reflejando que lo que hacen no es un intento forzado, sino algo nato que pertenece a un proceso creativo que fluye con naturalidad y cavilación. La entrega de “Kintsugi” resulta ser un álbum en un ciento por ciento: cada track es capaz de situarnos en distintos parajes sensoriales, sin dar pie para ser tedioso o que den deseos de dejar de escucharlo a la mitad por la monotonía que pueda entregar.

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Bright Eyes – “Down In The Weeds, Where The World Once Was”

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Down In The Weeds Where The World Once Was

Tras un receso de nueve años y con una serie de proyectos bajo el brazo, Conor Oberst ha reunido a la banda que lo vio convertirse en uno de los compositores insignia de la mirada adolescente apocalíptica de los noventa. A más de veinte años de su debut, junto a los multiinstrumentistas Mike Mogis y Nate Walcott, la prosa de Oberst ha crecido inevitablemente junto al cantante, quien en “Down In The Weeds, Where The World Once Was” vuelve a su zona de confort para examinar un presente que pareciera haber advertido durante años.

Parece difícil continuar con un proyecto tras casi una década de pausa, en especial para uno encargado de retratar la angustia del presente, pero “Down In The Weeds, Where The World Once Was” logra retomar desde donde se dejaron las cosas, con una química entre el trío difícil de replicar. “Pageturners Rag” sitúa rápidamente la ambientación del disco, con un sutil y melancólico inicio representando los inicios de bar de la banda, con voces familiares como la de la ex esposa de Oberst, quien introduce al grupo y una conversación con la madre del vocalista. Desde este punto, no se alejan de los espacios conocidos, pero logran reflejar el paso de los años a través de una composición madura.

A diferencia de los sonidos de su trabajo en solitario, el regreso de Bright Eyes trae consigo el dramatismo en sonido y composición que los destacó desde un comienzo. “Dance And Sing” presenta triunfantes cuerdas a cargo de Walcott, contrastando con desgarradoras vocales. Adornado con una orquesta y un coro, el tema presenta a la pérdida como temática fundamental y la necesidad de avanzar a pesar de esta: “Ahora todo lo que puedo hacer es seguir bailando”, canta con un optimismo no presente antes. Y es que la madurez alcanzada con los años se refleja en sus letras, donde su pesar ya no lo consume, sino que es comprendido como uno de naturaleza universal.

“Mariana Trench” trae un sonido contemporáneo y de rock convencional, en otra mirada positiva mientras relata los altos y bajos de la vida. En este sencillo brillan los invitados, con Flea (Red Hot Chili Peppers) y Jon Theodore (Queens Of The Stone Age) destacándose como colaboradores. Musicalmente el disco fluye entre las composiciones vulnerables y acústicas de Oberst, y la grandiosidad de los instrumentos a cargo de los otros dos miembros. “Just Once In The World” comienza con un desnudo instrumental acústico, que rápidamente es acompañado por percusión y una melódica segunda voz a cargo de la cantautora Miwi La Lupa. Para el final, la canción se acerca a la ambientación festiva y barroca que recorre el resto del álbum, con cítaras, pianos y la percusión de Theodore cobrando protagonismo. “Stairwell Song” representa de mejor manera la paleta sonora del disco, con un cinemático final adelantado por el mismo compositor, en un guiño a sus oyentes que reconocen sus clichés.

Durante el disco, Oberst batalla por no caer en el autodesprecio y mantener la universalidad de los dolores, pero sus pérdidas son palpables, como la imagen de su ex esposa presente en el inicio y en “Hot Car In The Sun”, donde el compositor confiesa sus pensamientos suicidas en el corte más simple y honesto. La muerte de su hermano también pesa en el álbum, donde su fantasma lo visita en “Tilt-A-Whirl”, siendo una meditación de la soledad en un sonido reminiscente de los comienzos del conjunto. “Calais To Dover” es un homenaje al fallecido Simon Wright, amigo de la banda, en un contaste choque entre la tristeza y la brillante melodía. Mientras que “One And Done” presenta uno de los momentos más oscuros del disco, tanto en lírica como en musicalización, y donde la participación de Flea le agrega dinamismo a los continuos breaks barrocos.

“Comet Song” cierra “Down In The Weeds, Where The World Once Was” de la forma circular que Conor deseaba, representando a través de la metáfora de la vida de un cometa los dolores en común, en otro explosivo instrumental que se consume tal como la figura retratada. “Te estás acercando, incluso mientras desapareces”, se repite así mismo y a los oyentes en un eufórico cierre antes de regresar a la escena del bar del inicio. Para el final, es claro que Bright Eyes sigue un sonido cómodo y pulido, confirmando que su esencia está lejos de perderse, pero el paso del tiempo les ha permitido evolucionar su mirada del mundo, donde la pérdida y la angustia son imposibles de ignorar, aunque su naturaleza es tan colectiva como personal.


Artista: Bright Eyes

Disco: Down In The Weeds, Where The World Once Was

Duración: 54:45

Año: 2020

Sello: Dead Oceans


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