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De La Tierra – De La Tierra

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Hace 8 años Andrés Giménez y Alex González comenzaron con un proyecto que, luego de la incorporación de Flavio Cianciarulo y Andreas Kisser, dio origen a De La Tierra, una banda que, según sus propios integrantes, eleva las raíces del continente latinoamericano a través de la música.

DE LA TIERRA 01El pensar en una súper banda o un grupo donde cada integrante ha hecho una carrera aparte da un poco de nervio, y es que recordamos inmediatamente fracasos como Rock Star Supernova, donde estaban Tommy Lee, Jason Newsted y Gilby Clarke, lo que finalmente no resultó ser más que una agrupación en medio de un programa de talentos. Pero con un Sepultura, un A.N.I.M.A.L, un Cadillac y un Maná, todos pertenecientes a bandas que, de una u otra manera, han dejado una huella en la historia musical latina, todos exponentes de diferentes géneros musicales con antecedentes de nü metal, rock e incluso ska, es inevitable ser víctimas de la curiosidad y expectación por el resultado.

El primer contacto con De La Tierra es en formato acústico, con una canción que podría estar perfectamente en un disco solista de Andreas Kisser. El sello personal del guitarrista impregna completamente cada segundo de la intro y con un ritmo que sólo él puede replicar comienza “Somos Uno”, dominada por un estilo vocal perfecto en cada verso y apoyado por marcados riffs nos entrega una dosis melódica y pesada, al mismo tiempo que parece no terminar en “Rostros”, donde además agregan a la mezcla una vitalidad sorprendente.

Con identidad y ritmos latinos empezamos a conocer “San Asesino”, donde Kisser contribuye con su voz por primera vez en el disco. Esta es, sin duda, una de las canciones más agresivas de todas las que nos ofrecen, entregando diferentes tiempos, un bajo que vale la pena mencionar, al igual que en “Fuera” y el solo final perfectamente interpretado por Kisser. No es coincidencia que la canción del disco presentada como promocional haya sido “Maldita Historia” porque, además de ser bastante pegajosa, resume de manera elemental todo lo que encontraremos en “De La Tierra” (el disco).

DE LA TIERRA 02Llegando al final del álbum está “Chamán De Manaus”, donde Andreas Kisser y Giménez se turnan para cantar versos en español y portugués, aportando emotividad y haciendo más que evidente la influencia de las raíces de Sepultura, como es también evidente el pasado de Sr. Flavio en el comienzo de “Reducidores De Cabezas” y muy brevemente en “Corran”. “Cosmonauta Quechua”, entre una sólida potencia vocal y una vibra siniestra, logra hacer desaparecer todas nuestras dudas, si es que las teníamos, sobre la participación del Maná, Alex González, en la batería de una banda de metal, su trabajo acá es impecable.

Definido como una grabación informal por parte de los mismos integrantes de De La Tierra, el disco resulta exactamente esto, una improvisada sesión de jam entre amigos que no logra alcanzar las expectativas que, por el gran talento y trayectoria de los valores individuales, esperábamos encontrar. Es una lástima que las canciones al resultar un tanto repetitivas, dándonos la impresión de volver atrás a pesar de ir avanzando en el disco, y al ser fáciles de escuchar por no ofrecernos nada nuevo para descubrir al oírlas más de una vez, se pierda el inmenso potencial creativo a disposición. Sin embargo, la decisión de grabarlas en español y portugués es un punto a favor, y no se puede pasar por alto: impregna mejor ese sentimiento de hermandad y unión que buscan simbolizar y lo traducen en un sonido latino que, como una vibra evidente pero no forzada, escapa de cada track. Como primer intento y proyecto paralelo, De La Tierra muestra tener potencial de sobra para sorprender con un segundo disco más fuerte y trascendente.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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