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American Utopia American Utopia

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David Byrne – “American Utopia”

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Una verdadera sorpresa terminó siendo el regreso musical de David Byrne, quien había estado silencioso en cuanto a nuevo material de estudio desde “Love This Giant” (2012), álbum realizado en conjunto con St. Vincent. No obstante, el músico no entrega un título como solista desde “Grown Backwards” (2004), por lo que su alianza con Brian Eno para producir “American Utopia” era algo para tener en consideración desde su anuncio. Y es que Byrne no es un tipo que busque inspiración en los tópicos oscuros o lúgubres de la vida, sino que intenta ver el lado positivo de las cosas, esa parte media llena de un vaso que no parece estar en sus mejores condiciones. Mientras otros le cantan a los agitados tiempos políticos y sociales que ocurren en el mundo, el ex Talking Heads prefiere revisar todo el panorama buscando las razones para estar alegre, contando historias simples en la lírica, pero complejas en la instrumentalización.

Independiente del tipo de temas que Byrne pueda abordar en sus canciones, el hilo conductor del disco se va desarticulando mediante diferentes ritmos, saliéndose de lo habitual en cuanto a la estructura y presentación del relato. Desde el comienzo vemos una tendencia a los ritmos más moderados, pero generando una proliferación del rompimiento de cánones, de hacer las cosas no como las haría el resto, de intensificar esa búsqueda que en toda su vida artística lo ha tenido explorando diferentes ritmos y formas de expresión. Si se hace un paralelo en el crecimiento musical de Byrne, hay que ser objetivos que su talento sonoro es algo que nació en grande, quedando demostrado desde el momento que aprendió, desmanteló y reinterpretó los sonidos de Latinoamérica con “Rei Momo” (1989). En este caso, no se evidencia una evolución de su sonido, por el contrario, se ve un cambio en la forma en que el artista mira las cosas, teniendo un enfoque reflexivo en cada una de las temáticas que van desfilando por el álbum.

No es un misterio que David Byrne quedó encantando con los sonidos latinos, mostrando desde el primer minuto la incorporación de ellos en su obra. La razón de aquello no es algo al azar, ya que enriquecen y fortalecen una paleta sonora que de por sí ya gozaba de una robustez muy completa. Como ejemplo está la robótica “I Dance Like This”, que abre el disco con un tono un poco más bajo y reflexivo, avanzando con un ritmo oscuro y tribal a cargo del birimbao. La más animosa “Every Day Is A Miracle”, en cambio, se enfoca en mostrar un lado de la vida más alegre y optimista, tal como reza su título, integrando una variedad de instrumentos en torno a la particular voz de Byrne. Cada canción se presenta como un capítulo diferente, pero demuestran la virtud más importante de su obra: la gran capacidad narrativa que posee. Desde “This Is That” hasta “Bullet”, todas las canciones tienen algo que mostrar, expresándose sin pasar a llevar al resto.

El elemento más predominante sin duda es la percusión, algo que Byrne llevó a otro nivel al incorporarlo en su gira, componiendo nuevos arreglos a su catálogo clásico para cobijarlos dentro del código sonoro que representa su estado actual. Todas las canciones van desplazándose de manera diferente, mostrando los mismos instrumentos, pero siendo interpretados de otra forma. Tal como su presentación en vivo, la obra en sí ya es un relato teatral, lo que funciona muy bien al unir el álbum como un todo, mostrando cómo diez canciones prácticamente independientes pueden funcionar de muy buena manera como una sola. “Everybody’s Coming To My House” es un ejemplo de ello, con todos los instrumentos sonando a la par, mediante un ritmo de batucada que va desfilando hasta una salida que con “Here”, ultimo track del disco, encontrando su conclusión de una manera solemne y elegante, sello de excelencia en el hombre de las mil facetas.

Diez canciones diferentes, con ritmos y relatos distintos, pero uniéndose todas juntas dentro de una historia muy necesaria de contar. En tiempos donde todo parece incierto, sobre todo en la agitada vida americana, David Byrne nos recuerda sobre todas las cosas buenas de la vida, todas esas razones para estar alegre que son muy importantes en días tan difíciles como estos. El ejercicio de mirar alrededor, pensar en la vida que vivimos, reflexionar sobre ella y ver cómo podemos cambiarla, es algo necesario y urgente en cierto modo, por lo que el llamado de Byrne a realizar este cambio de mirada con nuestro entorno es una advertencia para tener en consideración. El ejercicio de preguntar supone un paso muy importante, que no debe ser abandonado hasta que llegue a un punto de conclusión en cuanto a la búsqueda de respuestas. En días donde las interrogantes abundan y las respuestas escasean, la observación y análisis del entorno representa la única vía posible para mejorar la realidad, para conseguir ese cambio de paradigma que podría hacer las cosas quizás no más fáciles, pero sí más llevaderas que de costumbre.


Artista: David Byrne

Disco: American Utopia

Duración: 37:17

Año: 2018

Sello: Nonesuch / Todo Mundo


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Descendents – “9th & Walnut”

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9th & Walnut

La trayectoria de Descendents habita en una doble marginación: por un lado, están dedicados al hardcore y al punk, un par de estilos que en su momento fueron contraculturas incomprendidas, aunque hoy gocen de prestigio histórico y, por otro lado, dentro de su mismo círculo siempre fueron un bicho raro, nunca se vistieron como punks (muchas veces una condición discutiblemente excluyente en esta y otras corrientes del rock más radical), ni quisieron jugar con esas mismas reglas estilísticas, trasuntando el pop de guitarras de The Beach Boys con los bajos vibrantes del post punk. Así y todo, se apuntaron con el seminal “Milo Goes To College” en 1982 para luego comenzar con una espiral de cambios de formaciones, hiatos definidos e indefinidos, y mayormente el ir y venir de Milo Aukerman, su vocalista y origen de la icónica marca registrada de la banda. Casi cuarenta años después llegan con su octavo disco, “9th & Walnut”.

Citar a “Milo Goes To College” viene muy al caso para hablar de “9th & Walnut” porque fueron canciones creadas en esa locación del sur de California y, en ese entonces, específicamente entre 1978 y 1980, cuando en su formación contaban a Bill Stevenson en la batería, Frank Navetta en la guitarra, Tony Lombardo en el bajo y el recién llegado Auckerman. Lo que hoy se presenta como un nuevo álbum de estudio en este milenio pudo perfectamente haber sido la continuación de aquel debut, pero la vocación de biólogo molecular de Auckerman pudo más y lo alejó del cuarteto como varias veces más durante la historia de la banda. En 2002, antes de la lamentable muerte de Navetta en 2008, se reunieron a plasmar todas estas tomas que quedaron en el aire y el resultado, junto con regrabaciones hechas en plena pandemia durante 2020 de su primer single “It’s A Hectic World / Ride The Wild”, es este puñado de canciones frenéticas.

Resulta anecdótico que Epitaph haya sido la casa discográfica de este álbum y de su anterior trabajo, “Hypercaffium Spazzinate”, porque es una relación de ida y vuelta: sin Descendents, gran parte del catálogo de Epitaph y del punk pop en general no existiría, o habría tomado un rumbo desconocido; Green Day, The Offspring, Rise Against y otros hoy andan por una carretera de alta velocidad que pavimentaron los californianos. Al mismo tiempo, Descendents se sirve de la actualmente amplia red de difusión del sello para entregar a todo el que lo quiera oír un larga duración potente, aunque bastante más contenido y menos espacioso en términos de sonido que su predecesor, desde el inicio con “Sailor’s Choice” hasta el final con “Glad All Over”, cover de The Dave Clark Five, otro guiño al pop de guitarras de los sesenta. Canciones como “Tired Of Being Tired”, “I’m Shaky” o “Mohicans” parecen justamente estar ahí a manera de puerta giratoria entre el mersey beat y el hardcore.

Por supuesto, hay latigazos punk como títulos rozando lo cliché, tales como “You Make Me Sick” o “Yore Disgusting”, o canciones para mosh pits cuarentones como “Like The Way I Know”, e incluso le dan espacio a píldoras disonantes como “Grudge”, donde el bajo de Lombardo no sólo se encarga de dar el puntapié como a muchas de las canciones de “9th & Walnut”, sino también redirigir el punto focal de la canción y dejar que la guitarra de Navetta se sumerja en el caos, y que la batería de Stevenson se mantenga como un motor inacabable, mientras que la voz de Auckerman se luzca como una de las más constantes y reconocibles del panorama punk, una versión ochentera de Pete Shelley de Buzzcoks, pero mucho más enrabiada y tosca cantando al desamor juvenil y a sentirse un desencajado social.

Este álbum probablemente no está pensado para ser el mejor de la banda, pero no defrauda. Sabido es que hay artistas, y muchas veces variantes del rock completas, que son una suerte de copiar/pegar de ellos mismos o de otros compañeros de rubro y que, a la larga, en su conjunto formar un bloque macizo y difícil de picar, y el punk no es la excepción. La gracia de “9th & Walnut” radica en recordarnos, aquí y ahora con ideas de aquel entonces y con la destreza de los años, por qué gozan de la reputación de ser una de las grandes bandas en la historia de este estilo, elaborando un ejercicio de nostalgia que no suena a punk trastabillante ni a una muralla mecanizada carente de mayores objetivos que pegar un guitarrazo en la cara, sino que a algo en medio, algo propio y reconocible, y pocos pueden decir eso.


9th & WalnutArtista: Descendents

Disco: 9th  & Walnut

Duración: 25:14

Año: 2021

Sello: Epitaph


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