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David Bowie – Blackstar

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Un crematorio en Nueva York. Ese fue el último sitio terrenal de David Bowie. El cuerpo de David Robert Jones estuvo ahí, entre las llamas claustrofóbicas de las desintegración de lo corpóreo. Quedaron cenizas que fueron esparcidas en Bali, sí, pero en esa jornada neoyorkina ya no hubo más David Bowie en esta Tierra, y tal vez no era motivo de tristeza suprema que estuviera solo en ese trámite, sin familia, amigos o fanáticos, porque su inmortalidad ya había sido alcanzada, a través del legado perenne que se propagó durante décadas en el planeta.

DAVID BOWIE 01Con el beneficio de la distancia se puede decir que “Blackstar” es una exploración de David Bowie a su vida, en el que sería su último álbum de estudio. Con la producción de Tony Visconti, y con la colaboración y lealtad de músicos de jazz que había reclutado hace no tanto tiempo, Bowie evoluciona cómo sólo él sabe hacerlo: contra los pronósticos y contra las líneas serializadas de creatividad. No hay forma de pensar en el disco como un producto separado de las circunstancias, donde el eclecticismo y misterio del sonido y de las letras alcanzan una dimensión complementaria con los hechos ocurridos, con las emociones de cada uno de los fanáticos, y por cierto con el cruce de las historias de cada uno.

“Blackstar” es uno de los mejores álbumes de la carrera de David Bowie, aun sin este torbellino contextual y factual, pero el gran cambio es cuánto significa el disco para cada uno y para la historia de la música. Es el primer y único álbum del inglés en alcanzar el N° 1 en ventas en Estados Unidos, y es muy difícil que salga un disco mejor este año. Un álbum salido un 8 de enero sería el mejor de 2016. Una empresa compleja pensando en las bandas que sacarían sus registros este año, pero ya lo dijimos: no sólo se trata de la calidad innegable de un álbum jugado, sino que también de las experiencias de vida y muerte asociadas.

DAVID BOWIE 02Musicalmente, el jazz, el avant-garde y por cierto buenas cuotas de pop como elemento cohesionador, se suceden en canciones donde las letras hablan de finales, de incógnitas, donde la música se dispone en ese tono abierto a interpretaciones pero también oscuro, un tanto tenebroso, con canciones que parecen ser mundos en sí mismos como “Blackstar”, mientras que otras como “Lazarus” o “Dollar Days” siguen lógicas más tradicionales y fáciles de digerir, y justo en ambas tenemos letras que remiten a una futura ausencia. En tanto, las composiciones de carácter más expansivo terminan siendo las más intensas, como “‘Tis a Pity She Was A Whore” y el gran final, que a estas alturas redunda en épica, “I Can’t Give Everything Away”, casi una petición clerical, que se une a “Dollar Days” en la sensación de que una deidad está pidiendo a sus creyentes que hagan una labor por ella. Es Bowie dictaminando un camino tranquilo para evitar mayores despedidas. Es el adiós devenido en obra de arte, tal como diría después Visconti.

Analizar “Blackstar” en integridad es un ejercicio extraño porque tiene mucho de personal, y el contexto es más grande que cualquier visión respecto a un disco en particular, entonces queda la emoción, quedan las ideas y experiencias específicas, y más que cualquier otra cosa, la imagen de millones de personas marcadas para siempre con la obra y presencia de un artista que dejó atrás su cuerpo y su mortalidad, con la que dialoga abundantemente en “Blackstar”, para convertirse en espíritu e inmortalidad, en legado e historia, y en arte cotidiano, trascendiendo a las leyes que rigen al hombre para llegar al panteón colectivo.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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