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The Nearer The Fountain, More Pure The Stream Flows The Nearer The Fountain, More Pure The Stream Flows

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Damon Albarn – “The Nearer The Fountain, More Pure The Stream Flows”

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Inagotable y cada vez más camaleónico. Algo tiene el imaginario que está construyendo Damon Albarn que, con cada día que pasa, no sólo eleva el estatus de su creador a un lugar único entre sus pares, sino que además tiene la particularidad de hacer que, quienes estamos al otro lado, también nos veamos obligados a exigir un poco más a nuestras propias cualidades como oyentes. Hace tan sólo un año teníamos al otrora chico insigne del britpop interpretando su mejor rol de anfitrión para dar vida a uno de los mejores trabajos de Gorillaz, un álbum ecléctico, extravagante, pero al mismo tiempo tremendamente directo y efectivo, una bomba lista para arrasar con las masas, y este año, casi como si fuera el paso más natural, Albarn golpea nuestras puertas con un proyecto radicalmente opuesto, íntimo y reflexivo, que no sólo lo aleja del resto del mundo, sino que además busca conectarlo con algo más trascendental.

Esto de “escapar” de todo y de todos no es nuevo para Albarn; de hecho, el romance con Islandia, lugar donde se gesta el espíritu de este trabajo, comenzó para él en pleno apogeo del britpop, cuando después de “The Great Escape” necesitó un poco de aire para escapar del sinsentido de fines de los noventa. En esa oportunidad la aventura terminó regalándonos cortes como “Beettlebum” y “Song 2”, claramente un giro para el catálogo de Blur en su momento, cosa que definitivamente se repite en esta nueva travesía islandesa. Ahora, no sonar a Albarn hoy por hoy es un poco más difícil que hace 20 años, considerando lo pleomórfico del catálogo del inglés, aún así, el larga duración se las arregla para regalar pasajes difíciles de emparentar con las distintas encarnaciones de su autor, lo que al final termina siendo una de sus mayores virtudes.

Basta escuchar un minuto de este nuevo álbum para darnos cuenta de que el giro es gigantesco. La canción que da nombre al disco, “The Nearer The Fountain, More Pure The Stream Flows”, es de una profundidad inquietante. Con una precisa dosis de eco y vocales femeninos, Albarn nos conecta de entrada con algo más grande que nosotros, reflexionando pausada y nostálgicamente sobre lo doloroso e infranqueable que puede ser perder a un ser significativo. Es difícil saber si se refiere a alguien en particular o si es una reflexión abierta, sin embargo, lo que sí es definitivo es la contundencia de este corte, que utilizando sonidos de mar y viento se da el trabajo de trasladarnos paulatinamente hacia un espacio sonoro que busca resaltar las virtudes de la naturaleza –uno de los motivos que se repite a lo largo de este viaje– para luego abrir paso a “The Cormorant”, otro de los momentos de sublime y atmosférica introspección que dan vida a esta placa.

Por fortuna, Damon es un tipo que sabe de equilibrios y, si bien el inicio del álbum puede ser un tanto duro, “Royal Morning Blue” y “Combustion” se encargan de poner la cuota de luz necesaria para seguir el viaje. La primera de ellas, de naturaleza cautivadora, se sostiene en base a un diálogo perfecto de piano y saxo, invitando a cantar y dejarse llevar por el imaginario invernal que da vida a buena parte del registro (de alguna forma en sintonía con el reciente “Solar Power” de Lorde), mientras que “Combustion” se encarga de sacudirlo todo, siendo en este tipo de cortes donde Albarn se destapa por completo. Sin necesidad de echar mano a letras, e incluso sin siquiera seguir las reglas de su propio juego, el compositor se despacha un corte ineludiblemente catártico en lo sonoro, con una cacofonía destemplada de saxo, órgano, chelos, armonio y percusiones que, luego de explotar, gentilmente nos retorna a la senda melódica que veníamos recorriendo al inicio del álbum. Pura lucidez creativa.

En lo sucesivo, la placa sigue alternando luces y sombras sin perder nunca el equilibrio. Con una delicada identidad vals, “Darkness To Light” se anota el pasaje de mayor calidez y dulzura, mientras que “The Tower Of Montevideo” usa las claves del lounge para revivir una experiencia paranormal que Albarn tuvo en una visita al palacio Salvo en Uruguay. Hacia el final, “Polaris” y “Particles” cierran “The Nearer The Fountain, More Pure The Stream Flows” con propiedad, pero no porque agreguen algo particularmente distinto, sino que más bien porque se dedican a reafirmar los conceptos que el disco ha venido trabajando a lo largo de todo su tracklist. De esta forma, “Polaris” vuelve en lo sonoro a las claves de “Royal Morning Blue”, mientras que “Particles”, con arreglos de cuerda muy al estilo de Brian Eno, se acerca definitivamente a la canción que abre la placa, cerrando así un loop melódico y narrativo excepcional.

Los 40 minutos del disco no son un recorrido sencillo. Tras una escucha casual es fácil extraviarse y pensar que Albarn repite la apuesta de “Everyday Robots” (2014), y lo cierto es que, tras algunas reproducciones, se hace evidente que la identidad narrativa y musical que explora el cantautor en esta oportunidad vienen de una vereda totalmente distinta a la que dio vida a su primer trabajo solista. De alguna manera, Damon Albarn pareciera haber logrado dar con la fórmula precisa para enfrentar con éxito sus procesos de búsqueda personal (musical y extra musical) y, al mismo tiempo, dar vida a un catálogo multifacético y provocador. “The Nearer The Fountain, More Pure The Stream Flows” es un disco reflexivo, elegante y tremendamente provocador en su aparente sencillez. ¿Qué es lo que viene en adelante? Sin duda es una pregunta difícil de responder tratándose del inglés, aunque lo que sí sabemos es que de alguna forma va a ser algo desafiante.


The Nearer The Fountain, More Pure The Stream FlowsArtista: Damon Albarn

Disco: The Nearer The Fountain, More Pure The Stream Flows

Duración: 40 minutes

Año: 2021

Sello: Transgressive


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Weyes Blood – “And In The Darkness, Hearts Aglow”

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Tres años pasaron desde que Natalie Mering estrenara el cuarto trabajo de estudio de su proyecto Weyes Blood, llevándose el reconocimiento general y un sinfín de aplausos con una obra tan completa como “Titanic Rising” (2019). Aunque la artista se acostumbraba a las buenas críticas, las expectativas serían aún mayor al momento de enfrentarse a un próximo larga duración, misión que tiene pendiente con la llegada de “And In The Darkness, Hearts Aglow”, un trabajo donde la premisa de oscuridad absorbe gran parte de la trama, pero que la interpretación desde el corazón la transforma en una obra con una belleza e intensidad por partes iguales, haciéndole justicia a su título, más allá de las palabras. Todo esto se debe a la manera en que el disco se desarrolla, así como las capas que resisten el análisis o de cualquier prejuicio a la profundidad y efectividad de dichas composiciones.

Desde las distintas aristas que podamos darle a este disco, el principal factor que resalta es la capacidad de Natalie Mering a la hora no sólo de componer canciones, sino que también de la impronta que aplica en la producción, con una serie de colaboradores cooperando en aquella misión. Y es que desde la apertura con “It’s Not Just Me, It’s Everybody” demuestra cómo las cosas siguen su curso desde donde quedaron la última vez y, así, poder identificar de entrada los elementos que hacen de esta obra una sucesora de “Titanic Rising”, ya que es la propia intérprete quien describe este LP como el segundo en una trilogía que comenzó con su lanzamiento anterior. Si bien, prácticamente todas las canciones tienen la intervención de un arreglista externo, todo esto debido al trabajo que los músicos Ben Babbitt y Drew Erickson aplican en gran parte de los tracks, el componente personal se siente no sólo desde la interpretación, sino también desde donde Mering estructura su obra.

De esa forma de estructurar es cómo podemos ver el funcionamiento secuencial de inmensas composiciones, como “Children Of The Empire” o “Grapevine”, en las que Weyes Blood se luce en una interpretación muy rica en detalles, donde su voz logra tomar primer plano incluso con una sección instrumental tan cuidadosa y robusta como la que implementan en la guitarra y batería los hermanos Brian y Michael D’Addario, ampliamente reconocidos como el dúo The Lemon Twigs. Entre el sinfín de influencias y comparaciones que recibe la artista, los nombres de Brian Wilson y Karen Carpenter siempre estarán presentes en la manera compositiva e interpretativa, respectivamente, pero lo cierto es que Natalie ha sabido nutrirse de esos elementos para entregar un enfoque fresco y de manera más directa, evitando plagios o reminiscencias tan explicitas en su música. Un ejemplo de ello es la melancólica “God Turn Me Into A Flower”, donde la hipnótica presencia vocal de Mering se toma cada espacio con una delicadeza e intensidad que ha transformado en sello propio.

“Hearts Aglow”, por otra parte, encierra un poco los tópicos y componentes sonoros de esta quinta obra de estudio de Weyes Blood, aplicando correctamente términos líricos y musicales de la melancolía y contemplación personal, pero a la vez dejando entrever esas fisuras que permiten entrar a un plano más luminoso y optimista. Los arreglos siguen tan impecables como en cualquiera de las canciones de este disco, pero su desarrollo inminente hacia el interludio “And In The Darkness” le dan una cara única, con el carácter más ligado al pop barroco, poniendo énfasis en la experimentación, sobre todo considerando la presencia de una canción como “Twin Flame” que, contraria a la mayoría, carece de arreglistas externos y se centra en las propias ideas de la intérprete. Luego del tormentoso paso de “In Holy Flux”, el disco cierra con “The Worst Is Done” y “A Given Thing”, sumando 10 minutos donde tenemos desde el lado más juguetón hasta el más apasionado, aristas opuestas en el amplio rango interpretativo de Mering.

Siempre es complejo analizar una obra cuando se pueden tomar tantas referencias a la hora de desmantelar su estructura, pero lo cierto es que es en ese ejercicio donde verdaderamente podemos notar cuánto hay de inspiración y de reinterpretación, o si, en el peor de los casos, existe algún atisbo de plagio. Los artistas más nuevos enfrentan el gran problema de un panorama musical a veces desgastado, donde todo fue inventado y nadie puede ser el primero a la hora de querer aplicar sus ideas o entregar una versión más fresca de algo que ya esté arraigado en el oído colectivo. Lo de Weyes Blood no es por ninguna parte algo novedoso o diferente a muchos discos que podamos oír previamente, pero su principal gracia se encuentra en cómo esos elementos se presentan e interpretan, y ahí es donde la artista se desmarca de sus pares y logra salir adelante como una compositora que tiene mucho que ofrecer con su arte. Cinco discos y sólo aciertos es algo que pocos pueden contar, sobre todo a una edad tan temprana, donde el legado musical no puede hacer otra cosa que reforzarse de aquí en adelante.


Artista: Weyes Blood

Disco: And In The Darkness, Hearts Aglow

Duración: 46:22

Año: 2022

Sello: Sub Pop


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