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Damon Albarn – Everyday Robots

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Damon Albarn pasó por años siendo una de las caras del brit pop para decantar en uno de los compositores más innovadores de la actualidad, que con casi dos décadas y media de carrera, lleva la mitad paseándose en distintos proyectos musicales, ya sea con la afamada banda virtual Gorillaz, con su súper banda The Good The Bad And The Queen, o con cualquiera de sus proyectos aledaños, donde incluso en la ópera ha caído. Es interesante, sin duda, que recién ahora que se acerca a los cincuenta años sea capaz de lanzar material bajo su propio nombre, y aunque en 2003 publicó su EP “Democrazy”, y en 2012 el soundtrack de “Dr Dee” (editado bajo su nombre), es recién en este 2014 que decide de una vez por todas, con “Everyday Robots”, aparecer como un individuo solitario y alejado de toda la fanfarrea que traía consigo en la última década.

DAMON ALBARN 01El disco abre con la canción homónima y un sampleo seco de mediados de los años 50’s a cargo del comediante Lord Buckley, para introducirse en una ambientación que tiene mucho de world music, aunque evita llenar espacios innecesariamente, mientras Albarn desarrolla la idea de la soledad tecnológica en paralelo con el arreglo del piano. Y aunque el primer single pareciera a ratos ser un constante canon, aparecen las cuerdas que estarán presentes en la mayoría del disco, para dar intensión a los clímax de cada canción, pero que inician en el punto donde Albarn propone una mirada hacia el interior de nuestras existencias. Manteniéndose en esta línea nostálgica llega “Hostiles”, una de las baladas mejores logradas de “Everyday Robots”, con sonidos muy sucios, mucho cejillo y la voz cansada de Albarn, quien jamás ha sido un buen cantante, pero que a medida que ha ido envejeciendo se ha aprovechado de esa cualidad rasposa, cálida y algo desafinada con la que desenvuelve sus interpretaciones, y en esta canción es donde casi podría ser palpable el dolor de la lucha constante, que no queda claro si es acerca del amor o en contra de la ya mencionada soledad personificada por la tecnología, como nota basal del disco, y que musicalmente se mantiene en un estado bastante austero, entre guitarra, pequeños sampleos, piano y cuerdas frotadas.

Con “Lonely Press Play”, segundo single del disco, pareciera que nos encontramos con un apéndice de “Hostiles”, que de a poco se va desarrollando musicalmente de forma arrítmica, sin embargo, mantiene una característica en común con sus dos antecesoras: sampleos secos que se repetirán a lo largo de cada canción, pero donde, en este caso particular, el desarrollo de las cuerdas es mucho mayor, levantándonos un poco del alicaído ánimo que veníamos respirando. En “Mr Tembo” llegamos a un punto irónico del disco. La canción que en realidad pocos han logrado dimensionar dentro de este disco, porque es distinta, porque es como sacada de “Mali Music” (2002, disco que Albarn realizó en el país africano junto a varios músicos locales), y todo para contar una historia que también viaja fuera de la temática central, narrando las aventuras de un elefante bebé que conoció en África. DAMON ALBARN 02Musicalmente es de las que tiene más versatilidad, y donde por primera vez se puede sentir a una banda entera detrás de Albarn, además de un extenso coro góspel. La aceituna en torta de novios, que desconcierta, que salta al oído, pero que después de repetidas escuchas, se convierte en uno de los delirios más felices de Albarn.

“Parakeet” pareciera devolverse timbrísticamente a lo anterior al elefante, pero no resulta más que un puente improvisado de 44 segundos para llegar a la melancolía de “The Selfish Giant”, con la colaboración de Natasha Khan (Bat For Lashes) y una intensa base programada como intro que desaparece para dejar pequeños sampleos, el piano y la voz de Albarn, lo que podría pasar fácilmente por algún excéntrico lado B de Blur de la era “Parklife” (1994).

“Seven High” es otro de los puentes instrumentales que Albarn creó en “Everyday Robots”, seguramente para lograr añadirle más coherencia a “Photographs (You Are Taking Now)”, donde toma por momentos el papel de un intenso crooner que cuenta una historia de sueños lejanos y de tiempos pasados. El problema es que, a este punto del disco, salvo por “Mr Tembo” y a pesar que las canciones no se parecen entre ellas, hay una monotonía lánguida que deja un poco en desventaja a “Photographs (You Are Taking Now)”.

“The History Of A Cheating Heart” es nostalgia pura que, según palabras del propio Albarn, es un repaso de su vida familiar en todo sentido, la que interpreta en la suavidad de una tímida guitarra, que de no ser por la reverb, se sentiría minúscula junto a la voz de Damon, pero que al final tiene respiro junto a la inclusión de un cuarteto de cuerdas y la voz multiplicada del mismo autor.

DAMON ALBARN 03El final llega con el favoritismo de Albarn por los himnos grandes, con extensas atmósferas, y si tienen un grueso coro góspel, tanto mejor. “Heavy Seas Of Love” es sin duda la canción más entusiasta de todo el disco, que a esta altura va dejando con un poco de depresión. Junto a Brian Eno en la voz, Albarn cierra un disco de melancolía y desesperanza con optimismo y amor. Y aunque no hay que dejar llevarse por la impresión de magnificencia de la canción, al hilar fino se sigue divisando que musicalmente mantiene la austeridad que el músico ha propuesto para este disco, concluido nuevamente por el sampler de Lord Buckley. Un buen cierre, no es “This Is a Low” ni “The Universal”, pero aun así destempla almas.

Damon Albarn pasó más de una década paseando entre el madchester, el brit pop y el rock experimental, para someterse en cuanto viaje musical pudiera. World music, trip hop, art rock, ópera y demases, lo que explica claramente el por qué aterriza sus sonidos en un disco que suena tan orgánico, tan sobrio y a ratos minimalista. Pasó tantos años celebrando la música, que ahora trata de mostrar su interior como un alma accidentada y eso lo traduce en la melancolía y serenidad de su voz. Sinceramente, está lejos de ser su mejor trabajo, aunque sí es un muy buen disco y una gran apuesta para seguir evolucionando en su carrera musical, donde no sería novedad que, al envejecer, “Everyday Robots” tomara otros tintes, como ya ha sucedido en la carrera de uno de los más innovadores mastermind actuales.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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