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Damon Albarn – Dr Dee

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Damon Albarn es actualmente el Mr. Busy de la industria musical. A sus idas y venidas con Blur y Gorillaz, deambula por un sin fin de colaboraciones, y su última gran jugada, es la materialización del soundtrack de la ópera “Dr Dee”.

Vamos por parte. “Dr Dee”, dirigida por Rufus Norris, está basada en la vida de John Dee, un alquimista inglés del siglo XVI, quien fuera consultor de la Reina Isabel I, que recibió gran notoriedad por su participación en la investigación de la adivinación, magia y filosofía hermética. Y la interpretación de “Dr Dee” corrió por la Filarmónica de la BBC dirigida por André de Ridder. Toda la música fue compuesta por Damon Albarn.

Cabe destacar, que esta no es la primera incursión en estas lides de Damon Albarn, quien ya había probado suerte como compositor principal en la ópera “Monkey: Journey To The West”, y en la obra teatral “It Felt Like A Kiss”.

El disco abre con “The Golden Dawn”, una introducción de cuatro minutos, donde el viaje comienza con un paisaje sonoro campestre, al cual se van sumando diversos elementos musicales estridentes, para dar paso a una armonía más sutil. La forma de concretizar la idea del amanecer de la historia.

“Apple Carts”, vendría siendo el primer single de “Dr Dee”. Una canción que si bien no tiene componentes muy clásicos de la discografía en la que ha participado Albarn, sí posee una línea melódica más contemporánea y que no implica que sea de naturaleza clásica. Musicalmente, está más cercana al pop barroco que al estándar eléctrico. Damon Albarn, es un hombre que ha gastado rápidamente su voz a través de los años, y este tipo de canción pareciera adaptarse a su actual registro.

“Oh Spirit Animate Us” parte con una enérgica entrada de casi un minuto, de corte litúrgico, en donde se entrelazan piano y clavicordio, para dar paso a un melancólico Damon poseído por John Dee, en medio de una sacra línea vocal. Es en esta pieza que por primera vez aparece el canto lírico en su máximo apogeo. Una soprano que lleva a esta canción a adentrarnos en la historia que, por idioma o idiosincrasia, cuesta tomar cien por ciento en su significado puro.

“The Moon Exalted” es un apéndice de su predecesora. De corte purista, si se toma desde el punto de vista de la ópera. Los que en un comienzo pensaron que encontrarían un disco pop, llevados por el nombre y la portada del álbum, aquí se encontrarán a ratos con el fundamentalismo de la ópera europea, aunque en este caso sea quebrantada de golpe por la voz de Albarn en la segunda mitad de la canción, lo que la convierte en un extenso diálogo entre la Reina y el alquimista. El resultado es una pieza de casi seis minutos que tiene tres partes musicales.

“A Man Of England” tiene un oscuro comienzo, que nos traslada automáticamente a la oscuridad y humedad de Londres del siglo XVI. Una voz masculina barítono, narrativa y tétrica, que va jugando con la riqueza timbrística de las cuerdas frotadas. Contrabajo como base, violines en staccato y algunos elementos más ligados a la música concreta, crean un escenario perfecto para proseguir con la historia de un hombre inglés intrigado por la magia. Llama la atención el aire notorio en esos pequeños momentos de silencio, que bien podrían haber sido editados por el ingeniero, pero que en este caso le adhieren espacialidad al sonido, y hasta nos transportan a un lúgubre teatro.

“Saturn”, de un sonido un poco más pop, trae de vuelta a Albarn haciendo parte de lo mejor que sabe hacer: usar su voz de forma nostálgica. No por nada en su época brit pop, sus mejores logros fueron baladísticos. Y es así como juega con las armonías vocales, que en tiempos pasados trataba de esconder impostando su voz de distintas formas. Hoy no. Ya no parece malo tener una armonía a tres ó más voces y que todas sean reconociblemente de él. Musicalmente, la simpleza queda en manos de lo que pareciera ser un cromorno (instrumento renacentista), y un tímido clavicordio.

La primera gran entrega coral llega con “Coronation”. Una pieza totalmente sacra, de la cual emerge una voz grabada con un sonido lo-fi que habla del reino de Gran Bretaña. Sutil, minimalista y con una breve inclusión del arpa y el laúd.

“The Marvelous Dream”, al igual que “Appel Carts”, si fueran incluidas en un –esperamos- próximo disco de “The Good The Bad And The Queen” (2007), pasarían sin llamar la atención como piezas de ópera. Si bien, todo este disco es parte de una producción audiovisual, Albarn nunca ha dejado de ser la autodenominada pop person, y en medio de palmas y segundas voces, aparece una guitarra electroacústica que maximiza el sonido del traste y que sólo secunda la nostálgica voz.

“A Prayer” vuelve a traernos una pieza profundamente coral. Esta vez comandada por la misma voz barítono de “A Man Of England”. Una canción con inclusiones holísticas generadas por un sintetizador. Sutilmente, el antes y el ahora convergen.

Con “Edward Kelly” nos mantenemos en un estado permanentemente actoral. En este instante del disco, deja de ser un trabajo solista de Damon Albarn y pasa a ser realmente lo que es, el soundtrack de un teatro, que va dividiendo las piezas por momentos interpretativos de la historia de John Dee y la Reina. Donde nuevamente aparecen misteriosas voces lo-fi, y una orquesta que va en crescendo en cuanto a sonoridad.

Para la llegada de “Preparation”, nos encontramos por primera vez con un set rítmico, a cargo de su partner, el percusionista nigeriano Tony Allen. Sin duda algo nuevo para las ya once piezas del disco. Una entrega instrumental casi afro que va aumentando en intensidad; una isla sonora dentro que lo que ha congregado “Dr Dee”.

“9 Point Star” es una de las piezas más interesantes del disco, desde un punto de vista actual y sonoro. Albarn ocupa una faceta que bien podría haber ocupado en cualquiera de sus facetas musicales, incluyendo “Mali Music” (2002). Por muy teatral que resulte esta pieza, en un minuto y medio mezcla pop, world music y timbres más renacentistas. Y sí, es sólo un minuto y medio.

Pero de todas formas hay que volver a contar una historia de la forma más vocal posible, es por eso que, de vez en cuando, aparecen nuevamente las piezas más corales como “Temptation Comes In The Afternoon”, que son seguidas una vez más por los sonidos renacentistas del flautín, viola de gamba, caramillo, entre otros instrumentos.

Llegamos a “Watching The Fire That Waltzed Away”, una enérgica pieza que pareciera congregar todo lo que nos ha traído hasta el momento “Dr Dee”. Teatralidad, música coral, sonidos marcados por las cuerdas como el laúd, y los instrumentos de viento maderosos.

“Moon” es un interludio de exactos veintiocho segundos de guitarra casi juglar, que resulta una especie de puente para llegar a “Catedrals”, que con una recreación de los sonidos más eclesiásticos londinenses, seguida por la voz nostálgica de Albarn, intensa y a ratos casi desnuda. El flautín se convierte en la segunda voz perfecta dentro del intenso momento de Dee.

Casi llegando al final, nos encontramos con “Tree Of Life”, y nuevamente el coral sacro en su estado más puro. Esa sensación casi religiosa tenebrosa, secundada por una intensa grabación a baja fidelidad de un paisaje sonoro de campanas. Antecediendo al final de la historia.

Y todo termina con “The Dancing King”, y la culminación, con un Albarn que canta con el alma sobre el final de la tragedia de John Dee en base a sus creencias y la notoriedad que tuvo en el reinado británico, “la actual reina que parecer un fantasma”. Pensar que un disco de ópera debería llegar a su fin con un gran y explosivo gran finale musical, es casi un error aquí, donde los componentes vuelven a ser una guitarra y los sonidos de viento renacentistas. Y le da un final equivalente a su inicio, con el mismo paisaje sonoro de “The Golden Dawn”, un minuto y medio de viento, aves y agua. Bajan las cortinas.

Siendo realistas, “Dr Dee” es un disco que mezcla distintas vertientes musicales por conveniencia. El renacentismo más inspirado en la vida inglesa común, la música sacra y, por qué no decirlo, el pop. Damon Albarn como siempre no deja nada al azar, y sabe muy bien que su extensa fanaticada y los nuevos oyentes que podría interceptar en el camino, deben recibir a cambio un gancho un poco más pop, para dejar felices a todos. Pero para estos tiempos, no es sencillo vender un disco de ópera con etiqueta de pop, y el lenguaje universal –la música- pierde universalidad cuando se trata de una historia tan nacionalista. Podríamos tener la traducción exacta de cada palabra de la obra, pero después de todo, no somos ingleses y Albarn no ha perdido –sólo escondido a ratos- ese ímpetu por hacer de la música inglesa, un ritmo con códigos propios que sea entendido de distinta forma dentro y fuera de la isla.

Albarn es el titiritero más grande de la música, y hasta lo acusan de sobrevalorado, pero, ¿cómo no sobrevalorar a un tipo que un día hace afro-funk, al otro hip-hop, y a los días después ópera? ¿O será que se ha convertido en uno de sus propios personajes y sólo está ocupando todos los recursos que logró cosechar post 90’s?  Sólo sabemos que para un auditor promedio y no de una selección docta, quedará a su propio juicio la aceptación o rechazo de este disco, la última invención del mastermind.

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2 Comentarios

2 Comments

  1. gato

    11-May-2012 en 3:50 pm

    este disco es una obra de arte, un capo damon, y se viene otro disco solista así que a afirmarse cabros.

  2. Ivan.

    10-Ago-2014 en 12:05 pm

    Una joya musical

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Black Country, New Road – “For The First Time”

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For The First Time

¿Qué es hablar de creatividad en el rock contemporáneo? Una pregunta siempre presente en un mundo musical que vive en un loop, donde se alternan la ortodoxia y revolución como principios de guía estéticos. Cada cierto tiempo, aparecen álbumes que dan luces de una posible respuesta a dicha interrogante, y es en ese horizonte donde encontramos la propuesta orquestal y poética de Black Country, New Road, banda londinense compuesta por Isaac Wood (voz y guitarra), Tyler Hyde (bajo), Lewis Evans (saxofón), Georgia Ellery (violín), May Kershaw (teclados), Charlie Wayne (batería) y Luke Mark (guitarra). Resulta necesario enlistar y enfatizar en que son un septeto, pues, más que pasar desapercibidos, todos son piezas fundamentales en la construcción del laberinto sonoro que significa su primer larga duración, “For The First Time”.

El camino lo comenzamos a recorrer con “Instrumental”, donde una veloz rítmica de jazz y teclado frenético son la base para una orquesta que aumenta la tensión paulatinamente, hasta chocar de golpe con un brusco silencio, convirtiéndose en una pieza que, desde la apertura del LP, nos permite apreciar la variada influencia de la agrupación. Con “Athens, France” transitamos pasajes más afables, que nos llevan hacia momentos de un rock alternativo con tintes de intensidad noventera, y que son matizados por solemnes momentos orquestales que sirven de telón de fondo para la temerosa pero expresiva voz de Wood.

Un cambio un tanto drástico se experimenta con la caótica “Science Fair”, una turbulenta tormenta de bronces, guitarras estridentes y sintetizadores intimidantes, cuyos sucios quiebres jazz y perturbadoras estructuras sonoras nos regalan una experiencia de corte cinematográfico. Cabe destacar que en la letra se hace una referencia explícita a los emblemáticos Slint, alusión que se palpa vívida como influencia estética en “Sunglasses”. Con su comienzo de atmosférica guitarra fuzz, nos encontramos con una base post rock noventera, caracterizada por su incorporación progresiva de capas sonoras y que, tras una descompensación rítmica, cambia drásticamente a una propuesta más potente.

En el último tercio, inspirada en el trabajo de Arthur Russell, “Track X” retoma transitoriamente la calma perdida. Acá toman mayor protagonismo los tímidos, pero curiosos, arreglos de violín. También podemos apreciar la importancia de la propuesta lírica, que destaca por su capacidad de transmitir emociones como desazón, hastío o frenesí con letras sinceras sobre la cotidianeidad. Así llegamos al cierre de “For The First Time”, donde nos encontramos con la monumental “Opus”, una pieza de rítmica acelerada, con cierto color post punk, pero que se entrecruza con juegos de intensidad y explosiones sónicas, generando una apocalíptica atmósfera orquestal cargada de misterio, derivando en calma después de la tormenta.

Tras el recorrido, nos damos cuenta de que lo realizado por estos siete jóvenes ingleses cobra mérito al darnos atisbos de respuesta a la pregunta planteada líneas atrás. En una época en que se supone que ya todo está hecho, la creatividad de una propuesta musical no necesariamente se basa en la capacidad de inventar algo nuevo, sino que también por la inteligencia de utilizar lo ya disponible para generar algo atractivo. En su honestidad, que no tiene tapujos en confesarnos sus influencias, Black Country, New Road con “For The First Time” nos brinda un constructo sónico poseedor de un espíritu propio y abre un camino que nos permite ver que no todo es monotonía allá afuera.


Artista: Black Country, New Road

Disco: For The First Time

Duración: 40:44

Año: 2021

Sello: Ninja Tune


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