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Cult Of Luna & Julie Christmas – “Mariner”

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Hace tres años apareció el último disco de estudio de Cult Of Luna, “Vertikal” (“I” y “II”), ubicándose, al menos de acuerdo a lo que se ha señalado en la crítica, como la cúspide de una historia que comenzó en el amanecer de este milenio y que cada vez ha empujado un poco más allá los límites del metal oscuro y espeso que mostraron al principio de su carrera. Para aquellos que seguimos el crecimiento del colectivo sueco desde aquellos días, la incertidumbre y las ansias respecto al próximo material eran sofocantes, puesto que igualar o superar el resultado del trabajo anterior era un desafío de gran envergadura, cuyo tenor se vio agravado por todo lo que significó la salida de Erik Olofsson, guitarrista y uno de los fundadores, situación que a su vez fue precedida por la partida del tecladista Anders Teglund. Pese a la adversidad, este período de tres años ha sido el más provechoso de su carrera, gracias a la venia de los medios y del público, más el girar constantemente junto a otras agrupaciones de metal que cultivan un perfil similar en términos de originalidad y vanguardia, como Katatonia, Intronaut o TesseracT, lo que ha devenido en que todas las partes vean en ellos a uno de CULT OF LUNA 01los máximos exponentes de una estirpe híbrida que incluye a otros actos como Neurosis, Godflesh o los extintos Isis.

Si se tiene en cuenta que la búsqueda por innovar y enriquecer su propuesta es constante, era lógico entonces preguntarse qué sería lo que ofrecerán en una eventual nueva obra, lo que al mismo tiempo alimentó el crecimiento de las expectativas al respecto. Es probable vaticinar que nadie esperaba que la gran novedad de este capítulo fuese la participación de la intérprete estadounidense Julie Christmas (antes vocalista de Made Out Of Babies y Battle Of Mice, ambas difuntas), por lo tanto la espera por “Mariner” tuvo matices inéditos, que se vieron recompensados con un disco catalogable como soberbio y rotundo.

“A Greater Call” abre la experiencia y de a poco nos sumerge en una pasividad que luego muta hacia una pieza que encaja perfecto en el arranque, debido a que plantea una continuación en cierta medida de lo hecho en “Vertikal”, pero con un espectro lleno de capas que jamás tuvieron antes, gracias al rango vocal de Christmas, que es capaz de abarcar desde lo etéreo y lo volátil, hasta pasajes llenos de vigor y potencia. La inclusión de la cantante no es una mera invitación para aparecer en algunas secciones, sino que se hace cargo de la mayoría de las canciones casi en su totalidad y la verdad es que el resultado es sobresaliente, como queda de manifiesto en “Chevron”, donde pareciera que la comunión entre la composición y la voz es natural, como si ella siempre hubiese estado ahí. El contraste necesario lo da la fuerza de Johannes Persson, quien se limita a apoyar algunas estrofas y deja que fluya la inspiración de su compañera en la labor, mientras el tema avanza y se desenvuelve en diferentes direcciones, pero bajo una atmósfera donde convergen emociones y melodías que abrazan la parsimonia para mostrar su esencia.

JULIE CHRISTMASCada corte dura un poco más que el antecesor y de forma paulatina nos vemos hipnotizados por la amalgama que se produce gracias al espectro sónico creado por Cult Of Luna para “Mariner”, fundamentado en la idea de una travesía espacial que de alguna manera se conecta con “Vertikal”, pero a modo de consecuencia, puesto que en ese disco la fuente de inspiración fueron las características y los defectos propios de la urbe que aparece en la cinta de ciencia ficción  “Metrópolis” de 1927; una ciudad mecánica y deshumanizada que provoca el colapso espiritual de sus habitantes, pero principalmente de la clase trabajadora. Es así como este reciente álbum representa el cambio del paradigma y habla de cómo la búsqueda interna de respuestas de cada persona dirige ahora su mirada hacia las estrellas, hacia el universo, para así cruzar las fronteras de lo humano y adentrarse en la exploración de la vastedad cósmica.

Todas esas sensaciones quedan plasmadas en cada composición, transformando a “Mariner” en un trabajo muy orgánico y honesto, que tiene como una de las muestras mejor lograda a “The Wreck Of S.S. Needle”, que se alza como una de las cumbres dentro de un registro que no sabe de debilidades. “Approaching Transition”, por su parte, se presenta como la última barrera antes de dejar atrás los confines de las leyes físicas de la Tierra y así pasar a otras dimensiones materiales, siendo la instancia donde es posible observar por última vez la vida como la conocemos antes de embarcarse en un viaje hacia lo desconocido.

CULT OF LUNA 02Ya desprendidos de todo lo que en conjunto constituye a la humanidad, se atraviesa una “puerta estelar” que conduce hacia un área inexplorada de la que no se puede regresar, experiencia sensorial que se traduce en “Cygnus”, corte de casi quince minutos que es el encargado de cerrar el larga duración mediante una estructura progresiva que, si bien es repetitiva, al final estalla y embarga con su energía al oyente, quien ha viajado junto a los músicos hasta este punto que es una traducción fiel del concepto que hay detrás:  la catarsis, la culminación, una iluminación espiritual; un instante crítico en donde se abandona este plano para pasar a otro que no se rige ni se compone de los elementos que existen en la Tierra; es la musicalización de una odisea que traspasó los límites del tiempo y del espacio.

Sin duda, “Mariner” estará dentro de las listas de mejores discos del año y lo hará con mucha autoridad, acrecentando el prestigio de Cult Of Luna y, por añadidura, el de Julie Christmas, quienes en conjunto propiciaron un trabajo único en su especie dentro del mundo del metal más experimental, y que se ubica en un nivel superlativo que muy pocos son capaces de alcanzar.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.

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