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Corrosion Of Conformity – IX

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Después del regreso a las pistas, allá por mediados de 2012, y con la formación clásica del “Animosity” (1985), los oriundos de Carolina del Norte no escatimaron en potencia al lanzar su octava placa y produjeron, quizás, uno de sus mejores trabajos, que a punta de un sonido simple y con un mensaje crudo y directo, dejaban bien en claro que a medida que el tiempo pasa las cosas se añejan, pero agarran un gusto único y distinto. Y es que su homónimo no sólo marcó el regreso a la carrera de una de las agrupaciones más icónicas e inspiracionales del stoner doom norteamericano, sino que prácticamente reiniciaron y volvieron al clásico crossover ochentero con Mike Dean en voz y bajo. “IX”, es el segundo disco sin el guitarrista y vocalista ícono de la banda, Pepper Keenan, que como ya se sabe está ocupado a tiempo completo con Down y Phil Anselmo desde hace algunos años. Así que su retorno y reincorporación es, prácticamente, harina de otro costal. Por ahora, no es tan necesaria su presencia.

CORROSION OF CONFORMITY 01La placa abre con “Brand New Sleep”, un oscuro y profundo track con ese exquisito y cautivador sonido stoner doom clásico setentero. En términos generales, cuenta con acordes que simplemente expelen maldad y densidad sabática absoluta, y que nos remontan inmediatamente a esa gloriosa época. Con una breve introducción casi apocalíptica, se nos presenta “Elphyn”, composición que sigue el patrón setentero, con un Mike Dean emulando y rindiendo tributo en voz al legendario Ozzy Osbourne. Todo se rompe con “Denmark Vesey”, que es una versión actual de lo que el grupo hacía a principios de los 80’s. Un tema bien punketa, con un coro simple pero funcional –suena a “Spin The Black Circle” de Pearl Jam-, y que es imparable, hasta que empieza el primer acorde de “The Nectar”, con una batería y la agresiva guitarra de Woody Weatherman machacando hasta completar el endemoniado ritual de la danza infernal –mosh– que, hacia la mitad del track,es abruptamente cortado por un lento y sublime riff que vuelve a dar esa calma tan necesaria, que converge en la hermosa y catedralística “Interlude”.

“On Your Way” es un corte estilo stoner rock, con una cuota precisa de misticismo, y que destaca por su simpleza. Le prosigue la pieza más alta del disco: “Trucker”, dando una fehaciente prueba de que la fórmula compositiva –ultra usada- del stoner-doom-rock jamás tendrá un estancamiento. Y es que, tras un perfecto interludio que fluye hacia un impecable y enganchador riff, disrupciona con un solo que, paso a paso y junto al bajo, marca el ritmo de una batería de forma envolvente y adictiva. Se destaca la forma en que Mike Dean canta y trata el tema sin aburrir, pese a tener ese tono tan característico setentero, otorgándole otro aire, haciéndole ganar un valor propio y funcional.

CORROSION OF CONFORMITY 02“The Hanged Man” es otro corte stoner rock, que inicia con una especie de cinta vieja rallada; algo así como si la canción se hubiera grabado encima de ella. Acá se valora la voz de Mike Dean una vez más, y es que nos recuerda en cierta forma a John García, de Kyuss, en la forma de ejecutar, prueba de la permeabilidad vocal y profesionalismo que destaca en gran parte de este trabajo. El presente registro una vez más se vuelve a quebrar con la maligna, letal y thrashera, “Tarquinuis Superbus”, que es un certero tiro a la cabeza y que tiene ese sello netamente crossover tan característico de “Animosity”(1985), pero que se actualizó y pulió de forma excepcional en el disco homónimo. Y es que, como pioneros en un sonido que rozaba el thrash con el hardcore-punk de los 80’s, no era de esperar que ellos sacaran otro corte así y explotaran esta faceta. Ya hacia el final, la stoner rocker “Who You Need To Blame”, que funciona de forma correcta y que retoma las sendas setenteras propuestas al inicio de la placa, decanta en una pequeña revisión del tema “The Nectar Revised”, que se encarga de sellar este larga duración con un profundo outro, marcando el final de un trabajo muy variado y rico en géneros.

“IX” puede jactarse de hacer un resumen de todo lo que es Corrosion Of Conformity como tal: una banda que a lo largo de su trayectoria ha experimentado con diversos estilos y géneros, y que siempre estuvo en la búsqueda de un sonido que los caracterizara. El disco posee eso, mucha variedad y riqueza musical, y no genera ese aburrimiento y monotonía que alargan la fórmula hasta odiarla. Es levemente bajo en comparación con la producción anterior, pero lo que pierde en potencia lo gana en diversidad. Pasa del stoner hacia el thrash y vuelve al doom como si nada. Eso, pocos lo pueden hacer en un solo registro. En resumen, estamos frente a un muy buen larga duración, que muestra que la banda puede lograr un gran nivel sin la necesidad de contar con el toque aditivo que alguna vez prestó Pepper Keenan.

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Triggerfinger – “Colossus”

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Colossus

Están por cumplir 20 años de carrera. Dos décadas que parecen mucho y poco al mismo tiempo. Triggerfinger es una banda que, con cinco discos a cuestas, nada tiene que demostrar y que, sin embargo, no ha logrado encontrar el punto de despegue para llegar a la cima y codearse con los más grandes de la escena (no siendo teloneros, claro está). Pero ¿qué los hace tan especiales? No son genios incomprendidos ni nada por el estilo; de hecho, su sonido es muy fácil de digerir, sin que ello implique falta de originalidad o de agudeza creativa.

El stoner rock y el rockabilly son los componentes que perfilan la fórmula de este power trio oriundo de Bélgica, siendo un buen punto de referencia la semejanza estilística que comparte con Queens Of The Stone Age: ambas agrupaciones nacieron por la misma época, tienen una estética retro, y las dos son insolentemente seductoras y onderas. Esto último evidenciado por sus respectivos frontman, ya que, así como Josh Homme posee un carisma desbordante, Ruben Block no se queda corto, derrochando presencia escénica por montones.

El post punk se hace presente en “Colossus”, canción que da el nombre a este álbum. Parte enérgico y crudo, con la particularidad de que acá intervienen dos bajos, uno de ellos afinado lo más agudo posible buscando reemplazar a la guitarra, tarea que estos belgas cumplen satisfactoriamente. “Flesh Tight” es de esos temas que de lejos se nota que son singles: cuenta con una estructura rítmica y melódica que la hace en extremo pegadiza, adicionada a la incorporación de un teclado que, en contraste con la sugerente voz de Block, da como resultado una pieza que deja un halo siniestro escondido bajo una atmósfera retro. Muy rocanrolero.

“Candy Killer” emerge misteriosa y parsimoniosa, como aquella tranquilidad que antecede a la tormenta. Inicia con la ejecución del bajo de Paul Van Bruystegem, la que, a modo cortina sonora, mantiene la tensión y dramatismo hasta el final. Con “Upstairs Box” se manifiesta una mezcla de arreglos sesenteros de dos vertientes: por un lado se distinguen articulaciones psicodélicas procedentes de la guitarra de Block, y por otro, Mario Goossens prolonga el ritmo con una percusión al más estilo pop de antaño, elementos que se combinan armoniosamente.

“Afterglow” logra evocar pasajes crepusculares, es una pieza principalmente acústica, que destaca por su sedosidad melódica y su final, donde se desarrolla un desgarrador solo de guitarra. Después de este paréntesis auditivo, la potencia nuevamente adquiere ventaja. “Breathlessness” emerge con un aire brit, lo que, expresado a través de las seis cuerdas de Block, recuerda al inconfundible sonido de Oasis. “That’ll Be The Day” es otro de los temas que encuentran su mejor desarrollo en el coro, donde la cadencia sonora se transforma en un quiebre para una composición que tiene una estructura en base a sintetizadores y percusiones que emulan sonidos industriales. Mientras tanto, el bajo sigue siendo el que marca la pauta a través de intensos riffs. “Bring Me Back A Live Wild One” tiene buen pulso, posee algo de blues y de rock & roll, pero en una medida que le permite conservar su carácter moderno.

“Steady Me” parece sacado de una colección de lados B, o al menos no parece encajar con el esquema propuesto en este LP, jugando con el tempo, con los arreglos vocales y con distorsiones sonoras, una buena amalgama de sonidos que, lejos de asustar, se transforma en una buena forma de acercarse al término de esta lista de tracks. Acá estamos ante un desenlace por partida doble. Por un lado, “Wollensak Walk” se presenta en una pieza instrumental de blues que logra evocar parajes desérticos tipo western. Simple, pero muy efectivo; al menos ese es el final lógico. Sin embargo, 20 segundos después emerge el remate oficial disfrazado de pista oculta en una apología a la música campirana del sur de EE.UU, curiosa elección viniendo de una banda europea. Es tan hermosamente inesperado como “Das Schützenfest” de Faith No More.

Este último lanzamiento mantiene la esencia que Triggerfinger ha venido cultivando desde su debut en 2004 con su producción homónima, no obstante, aquellas experimentaciones que plasman casi al final de esta placa sugieren que existe un deseo que los empuja a salir de su zona de confort. Deseo que podría impulsar o sepultar su carrera. Sin embargo, estamos ante un disco fresco y versátil, cualidades que están lejos de ser tan solo muestra de su potencial. Han demostrado que saben cómo construir atmósferas, pues la gama de estilos presentes se logra cocinar bien en esta obra, donde lo stoner, lo ochentero, lo psicodélico y la sensualidad de la voz de Block se entrelazan, dando como resultado a este gigante, este coloso.


Artista: TriggerfingerColossus

Disco: Colossus

Duración: 36:23

Año: 2017

Sello: Mascot Records


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