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The Dusk In Us The Dusk In Us

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Converge – “The Dusk In Us”

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Este ha sido un año grandioso para los fanáticos de Converge. En marzo sorprendieron con “Jane Live”, registro en vivo donde rinden tributo a aquella obra que los posicionó con fuerza en el circuito global del metal, “Jane Doe” (2001), pieza clave en la consagración del metalcore. Posteriormente, en julio, el lanzamiento del single “I Can Tell You About Pain” volvía a asombrar, más aún cuando luego se clarificó que vendría a ser en parte un adelanto del nuevo disco de la agrupación, el cual aquí nos convoca. Es así como el noveno disco de los oriundos de Boston viene a solventar aún más el por qué son uno de los nombres imprescindibles en cualquier alusión a su género.

Con una introducción que nos recuerda a material proveniente del disco “Axe To Fall” (2009), “A Sinlge Tear” comienza con una propuesta veloz que decanta en una rítmica más pausada, pero no por eso menos demoledora, exponiendo de inmediato el gran nivel de la banda para jugar con la intensidad. “Eye Of The Quarrel” es un tema veloz, que permite apreciar al metalcore en gloria y majestad; en otras palabras, bestialidad y técnica en perfecto diálogo. En una línea un tanto más calmada, pero igual de aguerrida, “Under Duress” es poseedora de un denso riff de guitarra, el cual armoniza la violenta propuesta de la banda. De regreso con los ritmos veloces, “Arkhipov Calm” manifiesta esa esencia matemática de las composiciones de Converge, donde sus complejos arreglos de guitarra y bajo, junto con los versátiles redobles de batería, se roban la película.

“I Can Tell You About Pain”, canción que ya se había escuchado en el EP de adelanto al disco –que además incluía el single “Eve”, el que no forma parte de este nuevo registro–, mantiene la misma lógica de brutalidad de los temas anteriores, arrasando con todo a su paso. Por su parte, “The Dusk In Us” es uno de los grandes momentos del disco; no por nada comparte nombre con la placa. Siendo uno de los temas menos violentos del LP, al encontrarse en mitad del disco, genera el instante de calma preciso para desencadenar la posterior segunda ola de brutalidad, una que no podría ser bien apreciada sin este paréntesis. Así es como llegamos a “Wildlife”, un track veloz con una evidente influencia del hardcore más clásico, matizada con los elementos más metálicos y técnicos característicos de la propuesta de Converge.

Adentrándonos en la segunda mitad del álbum, una estridente sección de cuerdas da pie a “Murk & Marrow”, cuya propuesta equilibra atmósferas densas con el salvajismo habitual, variando vocalmente entre alaridos y un canto cuasi melódico. En la misma línea, “Trigger” y su potente riff de bajo continúan por la senda más oscura. Regresando a la potencia y velocidad, la furia del crossover en “Broken By Light” y el blast beat de “Cannibals” destrozan todo tímpano que se atraviese en su camino, remontándonos a los primeros años de la banda. Junto con ello, “Thousands Of Miles Between Us” –la que comparte nombre con el disco en vivo de 2015– se caracteriza por su melodía de guitarra más serena y un tanto hipnótica, recordándonos al material del LP “All We Love We Leave Behind” (2012). El misticismo estético se mantiene durante los primeros segundos de “Reptilian”, tema que cierra esta entrega con un progresivo aumento en la intensidad de sus decibeles, llevándonos hasta un verdadero éxtasis de estridencia sonora.

En sumatoria, la desgarradora voz de Jacob Bannon, la demoledora rítmica de Ben Koller, y el técnico trabajo tanto de Nate Newton en bajo como de Kurt Ballou en guitarra, no nos entregan nada nuevo, cuestión que se nos hace indiferente, porque Converge es una banda que no necesita reinventarse, pues la fórmula les resulta tan natural, que pareciese estar descubriendo a una nueva banda en cada nuevo lanzamiento. Su visceral propuesta, una prácticamente patentada con sello de calidad, sólo asciende peldaños dentro de una escala en donde el piso máximo es un continuo inalterable guiado por ellos. Y es que su emotivo y poético uso de la violencia –el que no se ve alterado con el paso del tiempo– es argumento suficiente para sostener una discografía infranqueable, que encuentra en “The Dusk In Us” un elemento más de consagración.


Artista: ConvergeThe Dusk In Us

Disco: The Dusk In Us

Duración: 43:53

Año: 2017

Sello: Epitaph / Deathwish


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El Álbum Esencial: “La Voz de los ’80” de Los Prisioneros

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La Voz de los 80

Jorge González dijo una vez que el primer disco de una banda toma mucho tiempo porque el proceso parte desde que naces hasta que cumples edad para grabarlo, mientras que para el segundo sólo cuentas con un par de meses debido a la presión del sello. “Corazones” (1990), en rigor el primer trabajo de Jorge como solista, goza de un sonido pulcro y de una genialidad compositiva totalmente atemporal, “La Cultura de la Basura” (1987) cuenta con atisbos de experimentación y materializa el virulento sarcasmo social de la agrupación, y “Pateando Piedras” (1986) representa el cénit creativo del grupo produciendo un trabajo de alta calidad, que los posicionó como un suceso de masas. Pero es “La Voz de los ’80” el que encapsula esa energía primal, rudimentaria y cruda, que rompió con todo lo establecido como signo de una catarsis a nivel nacional en un país sumido en una gris dictadura.

Son diez cortes nacidos en la adolescencia de tres jóvenes de San Miguel que aplanaban las calles de la capital chilena entre interminables conversaciones sobre la música y su entorno. Nacieron como una banda de colegio, tocando en festivales escolares muchas veces con instrumentos prestados, sin embargo, su equipamiento más valioso eran sus canciones, creaciones que son la consecuencia de una mezcla ecléctica entre lo mejor de la música juvenil de la época, léase The Cars, Depeche Mode, New Order o The Clash, con la tradición auditiva de cualquier casa de clase media, como Raphael, Camilo Sesto o Salvatore Adamo. La sensibilidad pop con la aspereza del rock al servicio de letras inteligentes, llenas de sarcasmo, que se derraman en un disco que en la actualidad parece un compilado de grandes éxitos.

La capacidad que tuvo Claudio Narea, Jorge González y Miguel Tapia para retratar a su generación, el momento político y la cultura pop, es el gran valor que hace a este disco permanecer en el tiempo. La juventud que aparece en “Brigada de Negro”, esa que nada en alcohol y tabaco, es casi tan difusa como la sombría línea de bajo de González que serpentea por toda la canción, mientras Narea marca el ritmo con sus acordes y Tapia promueve una batería marchante, que narra la hipocresía juvenil de una felicidad hedonista que difícilmente era la realidad de la clase media asolada por la política neoliberal de los Chicago Boys. Parte de esa atmósfera aparece en “La Voz de los ’80”, canción que remece con la energía rabiosa de un trío que se quería comer al mundo desde el primer momento. A pesar de que cada obra esté anclada a su época, lo importante es cuando esta trata temas tan universales que se van repitiendo generación tras generación.

El primer larga duración de Los Prisioneros es un disco que siempre será joven, porque refiere a los temas que vive cada chiquillo o chiquilla desde que esta etapa de la vida humana emergió como una forma cultural en sí misma, después del destape mundial en los años 50. Tanto el relato del despertar sexual que se palpa en “Eve-Evelyn”, como la posterior desolación amorosa de carácter invernal de “Paramar”, son impulsivas y encaran la frustración amorosa con un relato original, el mismo que sale disparado de los parlantes de manera un poco más furiosa en “Mentalidad Televisiva”. Y ¿si la chica que perdió su imaginación para instalar un video tape ahora la perdiera para instalar la última actualización de YouTube, Snapchat o Instagram? Son los temas que, entre la ingenuidad y suspicacia, instalan esas verdades que siempre vamos a vivir, estemos en la época que estemos.

Esa aterrizada visión que ostentaba el trío siempre los hizo ver como algo distinto en un panorama musical un tanto agreste. En la primera mitad de los 80 la música de guitarras era marginal en nuestro país, el rock estaba relegado a encuentros que, si bien cimentaron gran parte de lo que después se expresaría en el underground criollo en estilos más extremos como el thrash o el punk, se veían aplastados por la culturalidad de un régimen que impuso firmemente su manera de ver la realidad, contexto clave para entender letras como “Latinoamérica Es Un Pueblo Al Sur De Estados Unidos” y “No Necesitamos Banderas”, que recogen elementos foráneos como el reggae y el ska para alinearlos a nuestras características locales. Esto choca de frente con la postura del sonido imperante en el mundo universitario dominado por el Canto Nuevo, forjado desde las raíces propias de nuestra música, y no al revés, como en el caso del rock.

Las letras pomposas y repletas de metáforas, adornadas con la complejidad de los acordes de una guitarra acústica, no podía ser más distinto al mensaje directo de “Sexo” o de “¿Quién Mató A Marilyn?” que, tomando elementos de la cultura pop, prefiguran un mensaje directo, conciso y simple de entender, aunque no por ello menos contundente. Es por eso que “Nunca Quedas Mal Con Nadie”, grabada el 6 de diciembre de 1984 –mismo día en que Jorge cumplía 20 años–, emerge como una crítica tanto a ese movimiento como también a la liviandad de las bandas que compartieron un terruño que Los Prisioneros nunca quisieron habitar. Aparato Raro, Cinema, Valija Diplomática, Emociones Clandestinas, seguidos de un largo etcétera, se subieron al carro del nuevo rock chileno y recibieron un mejor trato de las emisoras locales, cosa que no pasó con los de San Miguel, precisamente por lo filudo de su lírica.

Famoso por sus frases para el bronce, el otrora vocalista de la banda expresó: “Pocas veces nos hicieron una crítica en un diario, y las veces que lo hicieron, era para decirnos que éramos pésimos, lo último, que sonábamos mal, que no servíamos para nada y que éramos una moda no más”. El tiempo no se ha cansado de probar lo equivocado que estaban los tabloides del momento. Desde aquella foto tomada en la Vega Central en la que se ve a tres muchachos sosteniendo sus instrumentos, hasta esa camisa apuñalada como carta abierta a un amor imposible que vino a cerrar la primera etapa del grupo después de la vuelta a la democracia, Los Prisioneros marcaron a fuego la historia de nuestro país.

Su valor no está condicionado por el mero hecho de retratar a una generación que vivió momentos sombríos ­–lo que ya sería un mérito–, sino que recae en cómo tres miembros de esas escuelas numeradas, en las que les enseñaban humildad y resignación, lograron establecer un mensaje que resuena hasta el día de hoy y que se mantiene totalmente vigente. Eso habla tanto de la inteligencia de sus letras, como de una sociedad que siente un romanticismo exacerbado por muchos elementos de la cultura de épocas pasadas, sobre todo en lo que se refiere a los años 80; no por nada se sigue escuchando en la radio casi la misma música que alguna vez llamó la atención de Narea, Tapia y González.

En la actualidad, Chile sigue teniendo problemas limítrofes (“no necesitamos banderas, no reconocemos fronteras”), sigue luchando contra el machismo (“…y les sigues el juego, y les das tu dinero, y te sientes muy hombre y me río en tu cara de tu estupidez”) y seguimos presa del cinismo ahora exacerbado por las redes sociales (“pretendes pelear y sólo eres una mierda buena onda”). Los Prisioneros cambiaron la forma de ver la realidad, pero parece que somos nosotros los que no hemos cambiado tanto.


Artista: Los PrisionerosLa Voz de los 80

Disco: La Voz de los ’80

Duración: 40:22

Año: 1984

Sello: Fusión / EMI Music


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