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Coldplay – Viva la Vida or Death and All His Friends

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El pasado 12 de junio se estrenó por fin el esperado disco de Coldplay, ‘Viva la Vida or Death and All His Friends’, cuarto álbum de la banda que contó con la producción de Markus Dravs y Brian Eno, entre otros, y que fue registrado en diversos lugares de Londres, Barcelona y Nueva York.

‘Viva la Vida or Death and All His Friends’ supone una evolución musical de los anteriores trabajos de Coldplay, tal como lo comentó Chris Martin casi un año antes de su lanzamiento. Se trata de una etapa de exploración, de la cual los mismos integrantes del grupo han afirmado que es el estilo y el sonido definitivo que han estado buscando hace tiempo. Esto es debido en gran parte al mítico Brian Eno, quien ha engomado hasta el fondo toda esa esencia que alguna vez implementó en discos como ‘The Unforgettable Fire’ (1984), la cual es tan propia de U2 que a ratos resulta decepcionante reparar en que una de las propuestas más fuertes de la música actual no sea más que un refrito de un cuento que ya hemos escuchado antes una y otra vez, y lo que es peor… que antes lo hayamos escuchado mejor aun.

Si bien es cierto que el disco prometía ser una reivindicación del talento compositivo que alguna vez la banda ostentó, la ambición que despilfarran sus canciones y ese aire seudo futurista y pomposo que otorga su envoltura –y que es, sin dudas, el antónimo de su álbum debut y obra maestra por excelencia, ‘Parachutes’ (2000)-, en rigor, han decepcionado a algunos y a otros han convencido sólo apenas. Claro, porque el hecho de que ‘Viva la Vida…’ supere a su predecesor, el fallido ‘X & Y’ (2005), no quiere decir que sea, por consiguiente, el disco definitivo de la banda. En lo absoluto.

Y es que saciar las expectativas de un público que esperaba una continuación de ‘A rush of blood to the head’ (2002) de todas formas era algo ilógico, Coldplay debía hacer algo diferente; había que evolucionar, mas sin perder la delicadeza y esa aura melancólica y perspicaz que en sus inicios el conjunto había demostrado a la perfección. Pero Coldplay optó por “revolucionar”. El guitarrista Jonny Buckland añadió sonidos Post-rock, riffs espaciales muy bien trabajados (emulando a otros contemporáneos más ingeniosos, como Sigur Rós o Arcade Fire), pero a la larga descontextualizando la labor en ritmos poco adecuados, haciendo que las cuerdas suenen excesivas, llegando incluso a abotagar los oídos. Con ese sonido ya no podían seguir interpretando de la forma intimista como lo hacían antes, por lo mismo se les ocurrió mezclar las atmósferas con las típicas melodías que Bono aplicaba para su grupo, y he allí el error.

Graso error también fue alardear sobre la inclusión de sonidos latinos y elementos de otras partes del mundo, o innovar con una categórica carátula que habría de expresar el sentimiento revolucionario al cual pretendían apostar como banda. De eso hay poco o casi nada, y las agigantadas expectativas inevitablemente se parten en mil pedazos. Mucho ruido y pocas nueces.

De todas formas el disco tiene buenos momentos que son dignos de subrayar. Tal es el caso de “42” o “Lovers in Japan/Reign of Love”, dos canciones que sorprenden sobremanera, porque es en ellas donde la fórmula que intentan aplicar sí resulta. Dulces melodías que suenan frescas y muy propias por lo demás, dejando claro que en una primera instancia había inspiración después de todo. Otra que vale la pena repasar es “Viva la Vida” (la canción), ya que a pesar de los fuertes rumores de la existencia de un desvergonzado plagio a otra banda de un perfil más bajo, los chicos de Londres tocan el cielo y alcanzan el climax del disco con una tonada increíble, que hace un muy buen uso de cuerdas clásicas y ritmos contagiosos. Del single “Violet Hill” sólo cabe destacar su coro, que es lo más parecido al Coldplay que uno ya está acostumbrado, pero aun así no posee la fuerza suficiente para haber sido escogida como el primer single promocional de la placa. “Death and All His Friends” es otra que recomendaría, por su estructura en plan in crescendo, y cuyo tramo concluyente (“The Escapist”) se desconecta gradual y enternecedoramente con un talante casi glorioso.

No obstante, y en un ámbito general, la ausencia de chispa en ‘Viva la Vida…’ se nota a todas luces. Esas honestas y conmovedoras composiciones de sus primeros trabajos simplemente se han esfumado. En su reemplazo ahora se escucha una ensalada de aparatosas melodías pop, que además de sonar a falsedad pura (en algunas ocasiones), están en su mayoría fabricadas con los mismos artilugios archiconocidos de siempre, forjando una puesta en escena arrogante, muy parecida a la que la banda adoptó en el malogrado ‘X & Y’. Sin embargo las intenciones de Coldplay por compenetrarse con la música de autor y tratar de variar la tendencia en cada álbum es un hecho que se agradece, y si Chris Martin y compañía continúan trabajando así de esmerados, esperaremos con ansias entonces el próximo disco. Si es así, por ahora podríamos decir que los ingleses han perdido la guerra, pero no la batalla.

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3 Comentarios

3 Comments

  1. Felipe Ramírez Amigo

    17-Jul-2008 en 4:58 pm

    HN Informa! Coldplay – Viva la Vida or Death and All His Friends http://tinyurl.com/5c6g74

  2. Pacman

    23-Oct-2008 en 3:25 am

    SU 4ta OBRA DE ARTE

    MAGINIFICA!

  3. Pacman

    23-Oct-2008 en 3:25 am

    MAGNIFICA!!

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.

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