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Coheed And Cambria – The Afterman: Descension

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La espera terminó y por fin podemos degustar la segunda parte del último álbum de los neoyorkinos de Coheed And Cambria. Este volumen es el complemento de la placa “The Afterman: Ascension”, editada en octubre de 2012 y, al igual que su predecesor, está compuesto por nueve temas de corte conceptual. Junto a la edición de este álbum se pondrá a la venta un set de lujo, compuesto por dos vinilos, dorado y plateado, además de un libro tapa dura de 64 páginas escrito por Claudio Sanchez, en donde se hace un recorrido por la historia de cada uno de los 18 tracks que componen ambas placas, y con el arte expansivo de Heidi Taillefer y Nathan Spoor. Adicionalmente, esta edición especial contendrá un set de cuatro uñetas, que para las primeras 1500 copias estarán firmadas por cada uno de los miembros de la banda.

COHEED AND CAMBRIA 01“Pretelethal” marca el comienzo del viaje a través del álbum, en donde el delicado sonido acústico de la guitarra introduce la característica voz de Claudio Sanchez, que rápidamente se complementa con toda la potencia de la batería y enérgicas secuencias de cuerda. El ambiente se llena de intensidad y fuerza de la mano de “Key Entity Extraction V: Sentry The Defiant”, una canción plagada de dinamismo y potentes riffs de guitarra, en donde cada uno de los instrumentos estructuran un corte extremadamente sólido. Llega el turno de “The Hard Sell”, que irrumpe con una buena dosis de rock progresivo, con Sanchez exigiendo al máximo su capacidad vocal al ritmo de una furiosa y veloz melodía. En “Number City” el protagonismo lo asume el bajo de Zach Cooper, que desde el principio marca la pauta de la canción, ganando en energía con la incorporación de elementos electrónicos y el lúdico sonido de la trompeta, que en algunos pasajes lo acerca a la línea del ska. “Gravity’s Union” se fundamenta sobre una melodía de corte más áspero y agresivo, con toda la intensidad que aporta la guitarra de Travis Stever y la sólida ejecución de Josh Eppard en la batería.

Las revoluciones decaen con “Away We Go”, un tema mucho más melódico, agradable y de fácil digestión. En este corte los sonidos potentes dan paso a progresiones más alegres y llenas de vitalidad, que por su particularidad lo encumbran dentro de lo más destacable de la placa. En “Iron Fist”, los nativos de New York siguen apelando a una melodía más relajada, que es adornada por precisas pinceladas de batería y solos de guitarra perfectamente ejecutados. La penúltima canción del disco, “Dark Side Of Me”, es también el primer sencillo que se dio a conocer, cumpliendo de excelente manera su misión de matizar los múltiples estilos que ofrece esta segunda parte de The Afterman. En este track podemos distinguir fácilmente las diversas facetas de Coheed And Cambria, melodías sensibles y delicadas que se transportan con relativa naturalidad a sonidos intensos y potentes. El cierre del viaje corre por cuenta de “2’s My Favorite 1”, donde nuevamente vuelven a ser protagonista las secuencias más dinámicas y abundantes de energía, con todos los elementos funcionando en perfecta armonía y complicidad.

COHEED AND CAMBRIA 02En octubre del año pasado me aventuré a comentar que el único defecto de este álbum era tener que esperar cuatro meses para degustar su segunda entrega, y tras escuchar “The Afterman: Descension”, no sería para nada arriesgado afirmar que el producto final justificó totalmente la espera, logrando lo que a simple vista parecía utópico, superar todo lo bueno que ofreció su predecesor. Esta segunda parte carece de puntos débiles, donde cada uno de sus cortes parece encajar a la perfección con el resto del álbum, eliminando por completo la sensación de que existen temas de relleno o fuera de lugar. Coheed And Cambria sigue sorprendiendo con cada nueva placa que nos ofrece, y es precisamente en este punto que radica su genialidad, esa capacidad inagotable para generar verdaderas obras maestras.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Alguien

    28-Ene-2013 en 10:39 am

    Concuerdo completamente con el review. Qué bueno saber que no soy el único que disfrutó mucho de este disco en su totalidad.

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Jack White – “Boarding House Reach”

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Boarding House Reach

Pasaron casi cuatro años para que Jack White volviera a entregar un nuevo álbum de estudio, el que mantenía a todos expectantes luego del tibio recibimiento que obtuvo “Lazaretto” (2014). Ahora, apoyándose con un reforzamiento en su equipo de colaboradores en el estudio, White quiso traer a la vida un montón de ideas que tenía en su mente, interpretándolas de manera cruda y primitiva, sin mayores arreglos de por medio, Las expectativas eran altas para lo que el mismo White denominó como su “álbum más extraño a la fecha”, lo que se cumple absolutamente luego de conocer el resultado final de “Boarding House Reach”, un trabajo donde el oriundo de Detroit pasea al oyente por diferentes estilos musicales, sin motivo o razón aparente, generando contradicciones entre una canción y otra, y haciendo de la experiencia algo desconcertante pero atractivo, yéndose literalmente al extremo en ambos calificativos.

Y es que Jack White pareciera tener muchas ideas, aunque sin saber cómo ordenarlas, lo que nos da como resultado un álbum lleno de momentos, pero carente de relato, que es lo que finalmente debe primar en un disco de estudio. Entre toda la amalgama de sonidos presentes a lo largo del LP existe de todo, desde momentos de asombrosa genialidad como “Connected By Love” o “Why Walk A Dog?”, tracks que por momentos parecieran ser el salto a la “madurez” musical de White, con el teclado ganando una agradable prominencia, así como también las furiosas guitarras de antaño con “Over And Over And Over”, que, pese a su gran aire a Rage Against The Machine, deja en evidencia de inmediato su característico sonido de la época con The White Stripes (la canción, de hecho, fue una colaboración descartada con Jay Z).

Al lado contrario, tenemos composiciones incomprensibles como “Hypermisophoniac”, “Ice Station Zebra” o “Get In The Mind Shaft”, cargadas de muchos elementos digitales para un hombre que se destaca por ser análogo, lo que no permite que el relato cuaje de una vez por todas. En cuanto al pequeño giro en su sonido, además del destacado papel que cumple el teclado, también se vuelve muy atractiva la incorporación de congas en canciones como “Corporation” y “Respect Commander”, a cargo del percusionista Bobby Allende, famoso por trabajar con artistas como Julio Iglesias, Marc Anthony o David Byrne, dándole un toque muy en la onda de Carlos Santana, algo muy interesante para un guitarrista de la talla de White.

A fin de cuentas, estamos frente a una cápsula del tiempo que busca encerrar muchos de los estilos musicales de la era moderna, por lo que no debería resultar extraño que estos se mezclen, armen, desarmen y transiten libremente dentro de un disco que se siente como una vieja rockola en la que alguien, con muchas monedas, oprimió un montón de botones al azar sin verificar si las canciones que serían tocadas tenían algo en común. Constantemente se dice que existen muchos Jack White, algo a lo que el músico ha hecho alusión en varias ocasiones, con “Blunderbuss” (2012) representando el lado más nostálgico y “Lazaretto” abordando el interior de la mente de White. “Boarding House Reach”, en cambio, debe ser como una conversación común y corriente con el músico, donde se inicia a raíz de un tema, avanza por otro, regresa al tópico del principio, y termina en un asunto completamente diferente a lo que era originalmente, lo que no es tan malo, dependiendo el punto de vista.

Muchos detractores señalan constantemente que Jack White es mal considerado como el inventor del blues, pero esa descripción sólo se valida en el discurso de los fanáticos más entusiastas, ya que, muy por el contrario, los verdaderos méritos musicales del guitarrista difieren bastante de ser el inventor de algo, sino más bien de ser el encargado de volver a condimentar un estilo que se creía muerto, dándole una nueva vida dentro de la contemporaneidad. En momentos en que (como muchos otros) el rock se creía muerto, White le dio una nueva vida llenándolo de energía, desestructurando a los géneros más clásicos en cada uno de sus trabajos. Es por eso que este álbum se siente tan fuera de lugar, resultando como una buena idea en el papel, pero una pésima ejecución en la acción. No diremos que “Boarding House Reach” contiene malas canciones, debido a que posee unos momentos de lucidez verdaderamente impecables, pero si nos avocamos al conjunto de composiciones como un todo, el disco deja mucho que desear, no encontrando jamás el hilo conductor a través de los triviales asuntos que relata. A final de cuentas, Jack White no inventó el blues, pero sí le devolvió la relevancia, tampoco hay que permitir que un traspié como este quite todo el mérito que el músico se ha ganado durante dos décadas de carrera.


Artista: Jack White

Disco: Boarding House Reach

Duración: 44:07

Año: 2018

Sello: Third Man / Columbia / XL


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