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Coheed And Cambria – The Afterman: Ascension

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El sexto álbum de estudio de los neoyorkinos de Coheed And Cambria, será presentado en dos volúmenes larga duración. El primero de ellos lleva por nombre “The Afterman: Ascension”, mientras que el segundo, que se espera vea la luz en febrero de 2013, se titulará “’The Afterman: Descension”. Este disco, fiel a la tradición de la banda, se mantiene en la línea del formato conceptual y se fundamenta en la figura de un personaje llamado Sirius Amory, un científico que descubre una energía capaz de conectar los 78 planetas del universo.

La placa será editada bajo la etiqueta Hundred Handed/Everything Evil, y dentro de las novedades en la formación se encuentra el regreso de Josh Eppard, baterista original de la banda, además de la incorporación del bajista Zach Cooper, que llega en reemplazo de Michael Todd, desvinculado de la agrupación por haber sido encontrado culpable del cargo de robo a mano armada. La edición de lujo del trabajo incluirá un libro de tapa dura, con el arte expansivo de Heidi Taillefer y Nathan Spoor, y textos de apoyo firmados por el vocalista y creador Claudio Sanchez y el escritor Peter David.

“The Hollow” es el tema encargado de abrir el viaje a través del universo alternativo de “Heaven’s Fence” (perteneciente a la serie “The Amory Wars”). Una melodía delicada, donde el piano se convierte en protagonista principal, creando una atmósfera melancólica y lúgubre. El disco continúa con “Key Entity Extraction I: Domino The Destitute”, canción que en su primer minuto transita sin sobresaltos por el sonido sintetizado de la guitarra, para posteriormente explotar en toda la energía y potencia de la batería. La intensidad disminuye de la mano de “The Afterman”, cuyo sensible riff se complementa a la perfección con la voz difuminada de Sanchez, conformando una hermosa pieza que invita a la sensibilización y relajación. “Mothers Of Men”, constituye el mejor ejemplo del rock progresivo que profesa Coheed And Cambria, con secuencias potentes y aceleradas, que no escatiman esfuerzos en su afán por recrear un ambiente oscuro y desgarrador. “Goodnight, Fair Lady” cambia completamente la perspectiva del álbum, con una melodía lúdica y dinámica, rebosante de energía y luminosidad, que la convierten rápidamente en uno de los cortes más llamativos de la placa.

La segunda parte del disco comienza con toda la fuerza de “Key Entity Extraction II: Hollywood The Cracked”, un corte potente, que se acerca a la línea del thrash metal en base al poderoso sonido de la guitarra y la batería, que en ningún momento paran de golpear. Llega el turno de “Key Entity Extraction III: Vic The Butcher”, que baja las revoluciones respecto a su predecesora, pero que se mantiene dentro del mismo estilo, con ritmos recargados y agresivos, además de precisas secuencias de cuerdas, con ráfagas de licks perfectamente logrados. Con “Key Entity Extraction IV: Evagria The Faithful” vuelve a aparecer en todo su esplendor el sonido del sintetizador, y con él una melodía mucho más digerible, comercialmente hablando. Sin embargo, la carencia de intensidad le juega en contra, transformándolo en quizás el único corte que no termina por convencer dentro de todo el repertorio del disco. El último capítulo del viaje corre por cuenta de la hermosa “Subtraction”, un tema de corte más bien experimental, cuya belleza radica principalmente en la sensibilidad de su sonido, que hace convivir elementos electrónicos y acústicos en perfecta armonía. Como si todo esto no fuese suficiente para terminar de configurar uno de los fragmentos más sublimes de la placa, la interpretación a múltiples voces saca aplausos, fluyendo naturalmente por todo el espectro de la canción.

Después de escuchar el primer volumen del nuevo trabajo de Coheed And Cambria. quedan más que claras las razones por las cuales Mark Wahlberg y Stephen Levinson (Leverage Productions) están trabajando en la versión cinematográfica de “The Amory Wars”. Cada uno de los cortes del álbum logra transportar al oyente a un universo plagado de hermosas texturas y sonidos, creando una experiencia que prácticamente no tiene precedentes en la línea de los tintes más duros del rock. “The Afterman: Ascension”, es sin lugar a dudas uno de los mejores discos conceptuales de los últimos años, donde el único defecto que podemos encontrar es la frustración de tener que esperar cuatro meses para degustar su segunda parte.

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2 Comentarios

2 Comentarios

  1. Alguien

    09-Oct-2012 en 11:09 am

    Un review sencillo, pero preciso. Muy buen disco y lo mejor es que aún falta la segunda parte que promete mucho.

  2. Alguien

    09-Oct-2012 en 2:13 pm

    Ah, unos detalles:
    1. No le veo la línea “thrash metal” en Holly Wood the Cracked.
    2. Evagria the Faithful es uno de los mejores temas que ha hecho Coheed en su historia.

    ‘Nuff said.

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El Álbum Esencial: “The Dark Side Of The Moon” de Pink Floyd

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The Dark Side Of The Moon

No hay que ser seguidor de Pink Floyd para reconocer que “The Dark Side Of The Moon” marca uno de los momentos más altos en la historia del rock, metiéndose de lleno en ese selecto puñado de álbumes que todos deberían escuchar por lo menos una vez en la vida. Es tan así, que, si bien podemos estar todos de acuerdo en que los rankings no definen la grandiosidad de un álbum, no es menos cierto que funcionan como indicadores duros a la hora de evaluar un fenómeno musical. En esta línea, es imposible pasar por alto que al hablar de “The Dark Side Of The Moon” lo estamos haciendo de un disco con más de 45 millones de copias vendidas en todo el mundo, que además tiene la particularidad de haberse instalado majaderamente en el top 200 de Billboard desde su lanzamiento en 1973 hasta 1988, para luego (como si no hubiera sido suficiente) volver a meterse el año 2009. Si esto no es un indicador de vigencia y transversalidad, entonces nada lo es.

Sin embargo, los méritos que hacen de “The Dark Side Of The Moon” un álbum único, exceden largamente sus cualidades estadísticas. En lo concerniente a la banda, el disco marcaría sin duda una suerte de renacimiento. Después de debutar en 1967 con un fantástico larga duración bajo el liderazgo de Syd Barret, la inesperada salida del crazy diamond del cuarteto pondría en jaque el futuro de este, obligando al conjunto a entrar en un largo período de reinvención musical que no fue fácil. La experimentación sonora con marcados tintes de psicodelia y folk se tomaron la identidad de los londinenses y, si bien con el tiempo discos como “A Saucerful Of Secrets” (1968), “Ummagumma” (1969) y “Meddle” (1971) probarían ser imperecederos, lo cierto es que a principios de los setenta el conjunto comenzaba a hacerse difícil de seguir.

Por fortuna, una de las características de la banda siempre fue la capacidad de ir constantemente revaluando su propuesta. En esta línea, “The Dark Side Of The Moon” en ningún caso fue un accidente. La idea de aventurarse en un álbum de identidad lírica compacta, donde esto fuera incluso más relevante que la oferta sonora, hace rato se había apoderado de la mente de Waters, al punto que una de las cosas que demoró la salida del álbum tuvo que ver justamente con que Pink Floyd sintiera que el concepto se había logrado. Y dicho concepto era importante, sin duda la banda de sonido tenía que estar a la altura. Asentados durante ocho meses en los estudios Abbey Road y con Alan Parsons como ingeniero en sonido, echaron mano al uso de loops, samples de conversaciones grabadas en el estudio, sintetizadores análogos y la técnica del multi track recording para dar vida al trabajo que definitivamente haría de la banda un fenómeno reconocido a nivel mundial.

Para iniciar el viaje, el diseñador Storm Thorgerson nos regala una portada inmortal. De interpretaciones múltiples, la carátula de “The Dark Side Of The Moon” es el primer signo de que los cuarenta minutos de música que vienen de la mano de esta portada no son cosa trivial. “Speak To Me” funciona como obertura e incluye varios guiños a fragmentos que aparecerán a lo largo del disco. Corre como una sola pieza con “Breathe”, simbolizando el inicio de la vida, que estaría marcado por la batería de Nick Mason (a modo de latido cardiaco). Por su parte, el etéreo y acogedor ambiente de “Breathe” dominado por la guitarra de David Gilmour, abre las líricas del álbum (dejando de lado el pequeño fragmento de conversación de “Speak To Me”) en una imagen que evocaría al padre hablándole a su hijo recién nacido para que respire y lo haga sin miedo, no olvidando disfrutar la vida.

“On The Run” llega a sacudir la calma del corte anterior, destacando desde el inicio por una secuencia de sintetizador repetida de forma reverberante a altísima velocidad, representando de forma sublime el agobiante estrés al que nos vemos enfrentados en la inmisericorde maquinaria del día a día. La canción crece de forma sostenida a lo largo de sus casi cuatro minutos, explotando para dar paso a “Time”, uno de los cortes más celebrados de esta placa. Reconocible desde el primer segundo gracias al coro de relojes que abre el tema y el característico rototom con que Mason acompaña la introducción, “Time” se desarrolla directa y contundente, guiada de manera impecable por la avasalladora guitarra de Gilmour. Tratándose del único track firmado por los cuatro integrantes del conjunto, tiene además el mérito de abordar con elegancia uno de los tópicos más inquietantes de la existencia humana, la mortalidad y el sentido de trascendencia.

Y si de mortalidad se trata, el cierre de la primera cara de la placa termina graduando al registro en estos menesteres. Haciendo gala de una capacidad de improvisación vocal francamente excepcional, Clare Torry hace de “The Great Gig In The Sky” uno de esos cortes imposibles de ignorar. Único e irrenunciable (originalmente titulado “The Mortality Sequence”), logra expresar sin inconvenientes el dolor y paz que acompañan el proceso de la muerte. Sin embargo, no hay descansos en este viaje, ya que rápidamente la segunda cara del larga duración nos golpea con otra canción inmortal. Es el turno de “Money”, tema que, compuesto por Waters con el objeto de abordar el flagelo del dinero y la avaricia, no sólo incluye una de las líneas de bajo más reconocibles de los setenta, sino que además se da el lujo de completar la base rítmica del track con un loop de cajas registradoras, monedas y papel roto, para luego cerrar distorsionado y catártico. Brillante, sin duda alguna.

“Us And Them” baja las revoluciones, dejando al saxofón de Dick Parry como guía y protagonista de este maravilloso corte acerca del sinsentido de la guerra, donde el eco en la voz de Gilmour funciona tan bien a la hora de dar identidad a este track, que debería tener una mención adicional en los créditos. A continuación, “Any Colour You Like” repite casi sin cambios la estructura armónica de “Breathe”, sin embargo, a diferencia del primero, evita por completo las voces, entregándose del todo a generar atmósferas, haciendo uso y abuso del teclado sintetizado. Ya para ir tomando la recta final, “Brain Damage” habla del lado oscuro de la luna por primera vez en todo el trabajo, apuntando directamente a la figura de Syd Barret. Se trata de un tema de evidentes tintes psicodélicos, amablemente acompañado por guitarras, sintetizador y arreglos vocales, a través del cual Waters intenta reivindicar el derecho a ser distintos.

Hacia el final, “Eclipse” nos confronta con lo banal de la existencia. El órgano Hammond y los acompañamientos vocales funcionan de manera perfecta para enrostrarnos que nada de lo que hacemos o somos es finalmente tan importante. Al cierre, sólo nos queda el latido (último signo de vida al terminar esta travesía) y la paradoja con que la banda decide dejarnos, que dice “There is no dark side in the moon really / Matter of fact it’s all dark”. Sobrecogedor y liberador en igual medida.

“The Dark Side Of The Moon” se instalaría finalmente como un fantástico viaje a través de las problemáticas más universales que enfrenta un individuo a lo largo de su vida, logrando transcurrir de forma seductora y fluida desde la primera señal de vida de “Speak To Me” hasta el último latido que cierra el álbum. De hecho, la principal virtud de este trabajo terminaría siendo precisamente la excelente manera en que logra fluir a lo largo de sus cuarenta minutos. Se trata de un disco que, abordando temáticas tremendamente complejas, logra hacerlo de forma muchísimo más amigable, directa y efectiva que lo que venía haciendo la banda en sus trabajos anteriores. Este es el momento en que el conjunto terminaría de explotar, adquiriendo esa capacidad única de crecer en simpleza, sin sacrificar en nada la profundidad de su propuesta. El tiempo (y los siguientes discos) confirmaría que el giro había sido el correcto. Hoy, tal como hace décadas, la vida sigue siendo un camino difícil de recorrer, pero por fortuna siempre tendremos esta inmortal banda sonora para recordarnos que no hacemos el recorrido solos.


Artista: Pink Floyd

Disco: The Dark Side Of The Moon

Duración: 42:59 minutos

Año: 1973

Sello: Harvest Records / Capitol Records


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