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Clap Your Hands Say Yeah – Only Run

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A estas alturas no debiese sorprendernos que Clap Your Hands Say Yeah pueda ser considerada más que una interesante banda revelación de la escena indie neoyorquina. En sus poco más de 9 años de vida musical y después de una severa reestructuración de sus miembros en 2012, estos muchachos han demostrado que la creatividad es su signo y que no vacilan a la hora de experimentar con los sonidos, innovando siempre con la propuesta final. Es un hecho evidente que la agrupación ha dado pasos en diferentes direcciones en sus cuatro discos, los que siempre la han arrojado hacia un lugar distinto dentro del campo musical actual. El estancamiento no es lo suyo, la reiteración del pasado lo es menos.

CLAP YOUR HANDS SAY YEAH 01“Only Run” se titula su cuarto álbum, y el resultado es sorprendente si se piensa en su anterior trabajo titulado “Hysterical” (2011), el cual, si bien obtuvo críticas bastante severas, fue la ratificación de que la banda puede sonar tan dura como armónica al mismo tiempo. Este resultado final en su actual trabajo se inclina más que nada hacia las texturas sonoras electrónicas y sintéticas, que en algo hacen recordar el exitoso y pegadizo single “Satan Said Dance” de su disco “Some Loud Thunder” (2007), y es por sobre todo una atrevida apuesta por explorar la veta de la experimentación sonora, adornada con trazos de psicodelia y efectos instrumentales en medio de letras cuyas temáticas giran sobre sensaciones de culpabilidad, la deshumanización moderna y los sinsabores del desamor.

Una desencantada “As Always”, muy próxima al estado anímico y musical de “Planet Telex” de Radiohead, es la encargada de abrir el universo sonoro de “Only Run”. Sus desalentadores versos finales (“Tú sabes que yo no creo en las emociones mezcladas / Puedo ver que no podemos controlar el Mundo”) muestran de entrada el verdadero propósito trazado para el disco.

CLAP YOUR HANDS SAY YEAH 02“Blameless” y “Coming Down”, dos crispadas miradas hacia los sentimientos de culpa y derrota, se emparentan para prepararle el camino a una emotiva pero energética “Little Moments”, que deslumbra con sus elegantes arreglos y sintetizadores. Sin embargo, será la canción que da título al disco donde se puede advertir de qué van estos neoyorquinos en este trabajo. “Only Run”, con su devastador bajoinicial y su incesante ritmo posterior, es por mucho la canción que le da una identidad particular y le otorga unidad al proyecto. Sin perder de vista que la segunda mitad del disco se sostiene por sí misma con canciones como “Beyond Illusion” y “Cover Up”; está claro que el clímax se logra esencialmente en “Only Run”. Creativo, señero, iluminador y entusiasta son los calificativos más ad-hoc para este material.

Parte importante del éxito –no sólo comercial- de la banda, se sustenta en la capacidad re-inventiva que ha demostrado en sus variopintos cuatro trabajos de estudio. La imagen de los neoyorquinos como una agrupación ya consolidada en la escena indie ha sido posible, sin ninguna duda, gracias a la labor que su demiurgo, Alec Ounsworth, le imprimió desde siempre a Clap Your Hands Say Yeah como una banda que, a cada paso que da -para bien o para mal-, rompe el esquema de lo esperado.

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Triggerfinger – “Colossus”

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Colossus

Están por cumplir 20 años de carrera. Dos décadas que parecen mucho y poco al mismo tiempo. Triggerfinger es una banda que, con cinco discos a cuestas, nada tiene que demostrar y que, sin embargo, no ha logrado encontrar el punto de despegue para llegar a la cima y codearse con los más grandes de la escena (no siendo teloneros, claro está). Pero ¿qué los hace tan especiales? No son genios incomprendidos ni nada por el estilo; de hecho, su sonido es muy fácil de digerir, sin que ello implique falta de originalidad o de agudeza creativa.

El stoner rock y el rockabilly son los componentes que perfilan la fórmula de este power trio oriundo de Bélgica, siendo un buen punto de referencia la semejanza estilística que comparte con Queens Of The Stone Age: ambas agrupaciones nacieron por la misma época, tienen una estética retro, y las dos son insolentemente seductoras y onderas. Esto último evidenciado por sus respectivos frontman, ya que, así como Josh Homme posee un carisma desbordante, Ruben Block no se queda corto, derrochando presencia escénica por montones.

El post punk se hace presente en “Colossus”, canción que da el nombre a este álbum. Parte enérgico y crudo, con la particularidad de que acá intervienen dos bajos, uno de ellos afinado lo más agudo posible buscando reemplazar a la guitarra, tarea que estos belgas cumplen satisfactoriamente. “Flesh Tight” es de esos temas que de lejos se nota que son singles: cuenta con una estructura rítmica y melódica que la hace en extremo pegadiza, adicionada a la incorporación de un teclado que, en contraste con la sugerente voz de Block, da como resultado una pieza que deja un halo siniestro escondido bajo una atmósfera retro. Muy rocanrolero.

“Candy Killer” emerge misteriosa y parsimoniosa, como aquella tranquilidad que antecede a la tormenta. Inicia con la ejecución del bajo de Paul Van Bruystegem, la que, a modo cortina sonora, mantiene la tensión y dramatismo hasta el final. Con “Upstairs Box” se manifiesta una mezcla de arreglos sesenteros de dos vertientes: por un lado se distinguen articulaciones psicodélicas procedentes de la guitarra de Block, y por otro, Mario Goossens prolonga el ritmo con una percusión al más estilo pop de antaño, elementos que se combinan armoniosamente.

“Afterglow” logra evocar pasajes crepusculares, es una pieza principalmente acústica, que destaca por su sedosidad melódica y su final, donde se desarrolla un desgarrador solo de guitarra. Después de este paréntesis auditivo, la potencia nuevamente adquiere ventaja. “Breathlessness” emerge con un aire brit, lo que, expresado a través de las seis cuerdas de Block, recuerda al inconfundible sonido de Oasis. “That’ll Be The Day” es otro de los temas que encuentran su mejor desarrollo en el coro, donde la cadencia sonora se transforma en un quiebre para una composición que tiene una estructura en base a sintetizadores y percusiones que emulan sonidos industriales. Mientras tanto, el bajo sigue siendo el que marca la pauta a través de intensos riffs. “Bring Me Back A Live Wild One” tiene buen pulso, posee algo de blues y de rock & roll, pero en una medida que le permite conservar su carácter moderno.

“Steady Me” parece sacado de una colección de lados B, o al menos no parece encajar con el esquema propuesto en este LP, jugando con el tempo, con los arreglos vocales y con distorsiones sonoras, una buena amalgama de sonidos que, lejos de asustar, se transforma en una buena forma de acercarse al término de esta lista de tracks. Acá estamos ante un desenlace por partida doble. Por un lado, “Wollensak Walk” se presenta en una pieza instrumental de blues que logra evocar parajes desérticos tipo western. Simple, pero muy efectivo; al menos ese es el final lógico. Sin embargo, 20 segundos después emerge el remate oficial disfrazado de pista oculta en una apología a la música campirana del sur de EE.UU, curiosa elección viniendo de una banda europea. Es tan hermosamente inesperado como “Das Schützenfest” de Faith No More.

Este último lanzamiento mantiene la esencia que Triggerfinger ha venido cultivando desde su debut en 2004 con su producción homónima, no obstante, aquellas experimentaciones que plasman casi al final de esta placa sugieren que existe un deseo que los empuja a salir de su zona de confort. Deseo que podría impulsar o sepultar su carrera. Sin embargo, estamos ante un disco fresco y versátil, cualidades que están lejos de ser tan solo muestra de su potencial. Han demostrado que saben cómo construir atmósferas, pues la gama de estilos presentes se logra cocinar bien en esta obra, donde lo stoner, lo ochentero, lo psicodélico y la sensualidad de la voz de Block se entrelazan, dando como resultado a este gigante, este coloso.


Artista: TriggerfingerColossus

Disco: Colossus

Duración: 36:23

Año: 2017

Sello: Mascot Records


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