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CJ Ramone – “American Beauty”

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Dar pie a una carrera solista después de haber sido parte de una de las bandas que cambió el sonido del rock en los setenta, no es cosa fácil. Por otro lado, elegir usar para esto, precisamente el mismo seudónimo con el que se fue conocido durante aquella época, ciertamente plantea un desafío adicional. Ya que, si bien por un lado el uso de la marca Ramone definitivamente es un gancho a la hora de atraer curiosos, también es cierto que en lo artístico obliga a moverse dentro de una oferta sonora tremendamente bien definida, dirigida, por lo demás, a un público que no acostumbra a mirar con buenos ojos aventuras fuera de estos límites. Es en este particular terreno donde CJ Ramone (nada menos que el reemplazante de Dee Dee en las cuatro cuerdas) ha decidido desarrollar su carrera en solitario, alcanzando ya la no despreciable suma de tres discos lanzados en un período de cinco años.

Fiel a sus orígenes, CJ deja claro desde el primer segundo quién es y cuáles son los sonidos que mueven su mundo. “Let’s Go” es de esos tracks que perfectamente podrían haber estado en un álbum de Ramones; sencillo, directo y efectivo, pero aun así con espacio para que Steve Soto (Adolescents) se tome algunos segundos para despachar un efectivo y breve solo de guitarra (algo que será uno de los puntos altos de esta entrega). “Yeah Yeah Yeah”, “Girlfriend In A Graveyard” y “Run Around” apuntan en el mismo sentido, con la segunda de ellas tremendamente anclada en el sonido setentero de Ramones, mientras que la última respira aires propios de la época en que CJ llevó con orgullo y actitud el apodo de “El Pequeño Ramone”.

A medida que corren los minutos, se hace evidente que “American Beauty” no sólo resucita glorias setenteras, sino que además abre sin complejos la puerta a sonidos de identidad punk rock noventera (innegablemente punk pop a ratos). Las coreables “You’ll Never Make Me Believe” y “Before The Lights Go Out”, definitivamente más pausadas y fáciles de seguir, funcionan como un puente estilístico perfecto. Sin duda, un buen gancho para aquellos no habituados a cortes de identidad más old school.

Por su lado, “Without You”, con la acertada inclusión de Kate Eldridge (Big Eyes) en los vocales, brilla con luz propia, agregando matices a un álbum que destaca, entre otras cosas, por rescatar una propuesta sencilla, evitando caer en la monotonía. Excelentes ejemplos de esto son la balada acústica “Tommy’s Gone” y la festiva versión de “Pony” (original de Tom Waits). La primera, sentida y honesta, se encarga de cerrar el ciclo de homenajes a los fundadores de Ramones que el mismo CJ comenzara hace ya cinco años con “Three Angels”, y la segunda se da el gusto de cerrar el álbum con un punk rock teñido de bronces en estilo mexicano, cortesía de Brad Magers y Keith Douglas (Mariachi El Bronx).

Tras algo más de treinta minutos, CJ Ramone termina facturando un álbum sencillo y bien pensado. El pequeño Ramone sabe que no está rompiendo esquemas con su propuesta y definitivamente no pierde el sueño con eso, dedicándose nada más que a hacer lo que él sabe. De esta forma, “American Beauty” celebra sin contemplaciones el sonido de la banda que llevo a CJ al estrellato, al mismo tiempo que introduce de manera natural y fluida elementos que definen el ADN del compositor más allá de los límites de su banda madre. Esto no sólo agrega color a su oferta musical, sino que además la acerca a oyentes de nuevas generaciones, tiñéndola de una inesperada transversalidad. Es muy probable que, bajo el ritmo de estas doce canciones, no sólo muevan la cabeza aquellos que abiertamente disfrutaron de los beats de Joey, Johnny, Dee Dee y Tommy, sino que también lo hagan esos que hoy, quizás sin saberlo, siguen manteniendo viva una tradición que parece no tener ánimos de desaparecer.

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Tomahawk – “Tonic Immobility”

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Tonic Immobility

Ocho años tuvieron que pasar para que Mike Patton, Duane Denison, John Stanier y Trevor Dunn volvieran a estar juntos en un disco de Tomahawk. Y qué mejor que esta pandemia para que el supergrupo regrese con “Tonic Immobility”, un álbum que, mediante la característica urgencia y agresividad del cuarteto, logra ejecutar una fotografía del indescriptible, oscuro, incierto y agotador panorama actual. Lograr retratar una realidad como aquella se lee una tarea sencilla considerando el background de sus integrantes, y lo cierto es que efectivamente se traduce de esa manera, ya que el sucesor de “Oddfellows” (2013) no duda en poner todas sus cartas sobre la mesa para apostar en una fórmula ganadora, la que de manera segura va avanzando por estructuras diferentes en uno de los discos sonoramente más arriesgados y complejos que nos ha entregado Patton en su carrera.

Bastan solamente 12 canciones para que el regreso del conjunto cumpla las expectativas en términos de experimentación y un manejo implacable de las texturas, algo que Tomahawk domina sin mayores problemas a través de las guitarras, un sello esencial en toda la discografía del proyecto. “SHHH!” muestra de entrada ese sonido con sello propio, el que, mediante los catárticos y confrontadores fraseos de Patton, recupera esa agresividad que se desenvuelve lejos del azar o la casualidad, sino que se construye gracias a la quirúrgica precisión que ejerce cada instrumento dentro de la fórmula, algo que con “Valentine Shine” va avanzando sin contratiempos ni descanso alguno. Es tan solo el segundo track del álbum y ya podemos escuchar el característico bajo de Trevor Dunn llevándose sigilosamente la atención del track.

Esa diversidad que irradia la banda no pasa solamente por los estilos variados que se van cubriendo, donde las reminiscencias al hard rock o el post-hardcore están más que claras, sino que también sobre cómo se van edificando las estructuras sonoras de una manera cooperativa y con un patrón fijo, sin caer en el auto plagio o la monotonía. Así es como el disco avanza con urgencia por canciones como “Predators And Scavengers” o “Doomsday Fatigue”, donde nuevamente Dunn es el encargado de marcar el pulso junto a John Stanier en la batería, y una letra donde derechamente se menciona al COVID-19 y el sentimiento fatigante que inunda a prácticamente la mayoría de la población mundial: “Tengo un entrenador de partos con una sonrisa COVID / Trabajamos solos hoy / ¿Qué te está alcanzando, mamá? / ¿Un puño cerrado o mano abierta?”.

“Business Casual” es otro ejemplo de Tomahawk siendo Tomahawk, con letras que bordean entre la ironía y la poesía, con un constante ritmo de acecho y esa siempre presente tensión que anticipa la gran explosión, una que tarda en llegar, por cierto, ya que “Tattoo Zero” nos presenta a aquel Patton en su faceta crooner relatando una historia con intermedios de furia. Todo esto siempre acompañado de la filosa y punzante guitarra de Duane Denison, quien se luce en varios pasajes con una curva melódica que le da una cara completamente diferente al disco, e incluso sintiéndose como una versión de la banda con leves tintes prog, quizás sin esa majestuosidad o elegancia del estilo, pero sí con la misma precisión y carácter. “Fatback”, por su parte”, continúa esa marcha, una que en este punto ya encontró su norte, aunque no pareciera tener rumbo fijo y simplemente se encarga de mostrar su potencia a toda velocidad.

“Howlie”, el interludio de “Eureka” y “Slidewalker”, presentan la sección más “calma” de “Tonic Immobility”, en donde la marcha reduce un poco su velocidad, pero manteniendo la intensidad necesaria para sorprender con algunos cambios de ritmo y estructura, sin dudar en pasar de un estado a otro, siempre con el impecable trabajo de Denison en la guitarra llevándose el peso atmosférico de la canción, mientras que el resto de la banda acompaña a su ritmo el relato que pasa del esquema loud/quiet/loud a un terreno mucho más complejo. Tras el paso de “Recoil”, es “Dog Eat Dog” la encargada de poner punto final al quinto LP del conjunto, con una letra mucho menos profunda que el resto del disco, pero con una intensidad igual de compleja que lo que la banda mostró durante esta nueva aventura en el formato larga duración.

Indudablemente los clichés siempre estarán presentes, pero eso no necesariamente debe ser algo malo. Muy por el contrario, Tomahawk sabe cómo explorar el concepto de “supergrupo” con una ética de trabajo colaborativa, en donde cada integrante impone su sello para el beneficio del otro, con cada uno teniendo su momento a lo largo del disco para brillar y darle paso al resto para hacer lo suyo. Aunque se critique la sobre exposición de Mike Patton con tantos proyectos (además de este y el ya conocido LP de Mr. Bungle, hay un disco de Dead Cross listo para publicarse), cada una de sus aventuras tiene una naturaleza que la caracteriza más allá de su voz, siendo el único elemento que se repite entre una y otra. Pese a la demora ocurrida entre “Oddfellows” y “Tonic Immobility”, Tomahawk presenta una evolución natural en base a la experiencia, haciendo que su sonido pase de ser una novedad a una formula inconfundible.


Artista: Tomahawk

Disco: Tonic Immobility

Duración: 39:22

Año: 2021

Sello: Ipecac Recordings


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