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Citizens! – Here We Are

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Nos encantaría decir que el debut de estos chicos de Inglaterra está cerca de ser lo mejor del año. Nos encantaría decir que poseen un sonido fresco, bases programadas interesantes y arreglos minuciosos. Nos encantaría decir que las voces no nos recuerdan a nadie. Quizás algo de todo esto hay, pero al mismo tiempo, todo es mentira. Y he aquí el por qué.

Este quinteto londinense, que fue reclutado por Kitsune Records y producido por el afamado líder de Franz Ferdinand, Alex Kapranos, llega con su primer disco, “He We Are”, como una oda a las letras simples y un sonido delimitado de inicio a fin por el acople de sintetizadores.

El disco abre con los tres primeros singles, “True Romance”, una canción con un piano como base y la suma de incontables timbres electrónicos. Rápidamente, nos encontramos con la gran piedra de tope de Citizens!, y es aquel peligroso parecido de la voz, con la del cantante y líder de Hot Chip, Alexis Taylor.

Luego, siguiendo una tendencia un poco más bailable e igualmente electrónica, llega “Reptile”. Y es aquí donde ya se respira de cerca la influencia de Alex Kapranos, el cual marca con ese delicioso hedonismo musical la obra de sus pupilos, para luego llegar a  “Caroline”, y la variedad de ritmos e intensiones que existen al interior de Citizens!. Unas líneas melódicas que huelen a “Hot Fuss” de The Killers.

Y así avanzando, tenemos maravillas como “Love You More” y un inicio percutido con aires latinos que se va entramando en una historia de amores fáciles, para dar paso a “Lets Go All The Way”, una suerte de historia con diversos episodios musicales, y aires que nos llevan al inicio de los 80’s con Duran Duran. La voz  en este punto toma la femineidad de Karen O en “Fever To Tell”.

“(I’m In Love With Your) Girlfriend” es un eterno recuerdo a Erasure y “Who Needs Love”,  pero a pesar de eso, resulta una canción incombustible a la hora de bailar.

Para dar con algo en donde no sean protagonistas los sonidos más electrónicos y sintetizados, hay que esperar hasta “Nobody’s Fool”, y así encontrar de centro de mesa a la guitarra y el bajo, tal cual ocurre con “Monster” y el groove setentero del bajo. Uno que huele a las cuatro cuerdas de John Taylor de Duran Duran.

“She Said” yace como un grito muy siouxsiano. Efervescente y una vez más con la mano de Kapranos dominando la situación. Para dar paso al cierre con las dos piezas más suaves de todo el disco, “I Wouldn’t Want To” y “Know Yourself”, entre medio de una voz que se pierde en fade out inmersa en los últimos sonidos sintetizados.

Cabe dar a entender, que el disco debut de Citizens! es una obra absolutamente pulcra. De impecable producción y sus canciones son una fuente altamente enérgica. Singles pegajosos y letras asequibles.

Es probable que “Here We Are” sea recordado como un  buen álbum del año 2012, pero lamentablemente estos chicos llegaron un poco tarde a la explosión y expansión del electropop dosmilero, utilizando ciertos clichés y adornos que ya se han visto en muchos discos últimamente. No es necesario que re escriban la historia de la música, ni menos la del electropop, donde su padre y evidente influencia, Hot Chip, ya les lleva doce años de ventaja.

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Ro Polite

    08-Jun-2012 en 1:20 pm

    Muy buena columna, es verdad cuando no cachaba quienes eran, los confundí con Hotchip. El parecido a la voz de Alexis Taylor es increíble y es un problema. El disco es bueno, pero como dices no es nada nuevo.

  2. Vicente

    07-Jul-2012 en 6:17 pm

    Increible pero di con tu link, buscando el parecido de la voz del vocalista con la de A. Taylor. Que bueno saber q no soy el unico q piensa igual. Buena columna te agregare a mi blog roll! Saludos. Ah por cierto x les recomiento el remix de Reptile ( por Goldroom) esta muy muy bueno!

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.

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