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Chuck Berry – “Chuck”

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El mundo del rock ha forjado, en sus más de 60 intensos años de existencia, un extenso panteón de recordadas e icónicas figuras y personajes. En aquel espacio coexisten personalidades que ciertamente han traspasado las barreras de la memoria y el recuerdo, convirtiéndose en seres atemporales y omnipresentes para este género musical. Con estos pergaminos y antecedentes sobre la mesa, lo acontecido con Chuck Berry reabre el debate sobre las paradójicas modalidades en las que la vida ha ido engrosando el panteón del rock.

Icónico, histriónico y rebelde, un envejecido Chuck Berry anunciaba el 18 de octubre de 2016 que sorprendería el año entrante a los amantes del rock & roll con un nuevo trabajo, después de 38 años sin una grabación realizada en la complacencia y calidez de un estudio. Así, a sus 90 años de edad, el norteamericano se atrevía a flirtear con una tarea que había dejado atrás hace muchos años, concentrándose más bien en demostrar su incuestionable virtuosismo con la guitarra en enérgicos y deslumbrantes shows en vivo exclusivamente. No obstante lo anterior, nada hacía presagiar que este nuevo álbum sería el último que el artista grabaría. “Chuck” se titula el trabajo final y es un proyecto personal que revela la alegría y solidez que lo acompañó regularmente, y que delineó las formas rítmicas y líricas definitivas del rock.

La placa la inaugura “Wonderful Woman”, una canción que deslumbra por una clásica identidad dentro de las texturas sonoras del rock & roll, aunque con el valor agregado de ser una grabación moderna y bien realizada. El tópico de la composición es característico de Chuck Berry: diversión, bares, mujeres y música, nada muy lejos de lo que estamos acostumbrados. A continuación aparece “Big Boys”, reuniendo los elementos rítmicos típicos de este género: riffs que delinean el sonido, coros que acompañan y responden a una voz principal, una batería que se une poderosa y justamente azotada, y un teclado que surfea de comienzo a fin. “You Got My Head” es un cover que tiene una estética y una identidad próxima al blues, lo que demuestra el nivel de mezcla y de hibridación al que fue sometido el rock & roll en sus comienzos, mientras que “Darlin’” es una canción trasplantada directamente de los años sesenta a la actualidad, con un un sonido clásico y acompasado, pero que relata la trágica historia amorosa de su protagonista.

“Lady B. Goode” es el lado B de “Johny B. Goode”, un tema que, de no ser por su título, podría pensarse que es una copia exacta del original. Pese a ello, suena moderna, robusta y consistente en su ejecución instrumental y en su intención de swing. Sin lugar a dudas lo mejor de “Chuck” se deja oír en sus casi tres minutos de prolongación. “She Still Loves You” y “Jamaica Moon” son dos buenas instancias para apreciar el imborrable y crudo talento con la guitarra que Chuck Berry poseía y que nunca perdió, a ello se suma una ejecución vocal que, aunque gastada y rasposa, se logra oír con identidad e intención. “Dutchman” es una pieza autobiográfica breve, que contiene un riff y una cadencia que hará brotar la olvidada arista solista de Berry; es un momento de intimidad instrumental y vocal del artista. “Eye Of Man” es una composición que bien sirve para cerrar y concluir el ciclo vital del disco del último aliento de voz de Chuck Berry.

“Chuck” es un álbum típico, poco arriesgado pero certero. En él se reúnen más de 30 años de experiencias y de recorrido de uno de los artistas definitivos de este género musical. Ciertamente, es un disco correctamente realizado desde la ejecución instrumental y la técnica vocal, que a ratos resuena a homenaje o a trabajo conmemorativo, pero que originalmente en su concepción no tenía ese destino. En definitiva, “Chuck” es una reunión de canciones que, sin mucho valor agregado, ha sido cubierto por el aura mística y legendaria del último trabajo del primer rocanrolero que la historia originó.

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Sufjan Stevens – “The Ascension”

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The Ascension

Con cada disco, Sufjan Stevens pareciera ser un nuevo artista. Desde las complejas orquestaciones de “Illinois” (2005), el experimental y expansivo viaje de “The Age Of Adz” (2010), hasta el desgarrador “Carrie & Lowell” (2015), su discografía parece no tener brújula. Sin embargo, cada pieza es unida por el agudo sentido de percepción del cantante, que, con un trabajo de introspección y de mirada sustancial al estado del mundo, logra en “The Ascension” entregar un material crítico, angustioso e increíblemente necesario.

El disco comienza con un ultimátum. En su canción inicial, “Make Me An Offer I Cannot Refuse”, Sufjan le habla directamente a una de las presencias más regulares en su música: Dios, pero, de forma distinta que en su último material en solitario, su voz es ansiosa y demandante. El instrumental electrónico enfatiza el estado de crisis de la canción y los glitches electrizan la ambientación que estalla en un frenético outro. Lo anterior simboliza el ánimo presente en el disco, un símbolo de exclamación y un Stevens cansado de la falta de señales. “Muéstrame la gracia de un rey natural. Señor, necesito liberación”, exclama exhausto, comenzando con una catarsis.

Sufjan nunca ha temido sonar descorazonador en su música; de hecho, su LP de 2015 estaba lleno de devastadores golpes, sin embargo, el ambiente presente muestra una opacidad y un deprimente pesimismo, incluso cuando las melodías son curiosamente alegres. “Run Away With Me” es una oda –o crítica– al escapismo a través de la cultura pop. Una balada a su estilo, una inescapable referencia a Carly Rae Jepsen, mientras le implora a otro escaparse con él. Los versos están llenos de oscuras imágenes apocalípticas, pero el melódico coro conforta con su simpleza. “Video Game” es lo más cercano a una pieza pop en su catálogo, con una constante percusión acompañada de sintetizadores y sus vocales más rítmicas. Temáticamente, trata con la autovaloración lejos de los estándares actuales: “No quiero ser el centro del universo, no quiero ser parte de esa vergüenza”.

La experimentación electrónica del disco lo puede hacer parecer como un hermano de “The Age Of Adz”, y es que las sensaciones frenéticas están presentes en ambos. Pero la música en “The Ascension” es más pesada y agobiante; es un viaje por el camino más largo y complicado. Mientras que en el primero las orquestas añaden un aire fantástico, en el más reciente los arreglos industriales lo convierten en un incómodo experimento y un claustrofóbico compilado de sonidos que encuentra su purificación en cada corte. Esta ansiedad está plasmada en temas como “Lamentations”, donde su suave voz se abre paso entre un instrumental que funciona como la musicalización del futurismo, una crítica a un sistema sucumbiendo en el capitalismo. Misma energía se percibe en temas como “Ativan”, donde las esperanzas recaen solo en los antidepresivos que calman su ansiedad, o en “Gilgamesh”, basada en la épica homónima que, con sus arreglos en piano y constantes glitches, crean una desesperante sensación que agradece los momentos resplandecientes.

En su centro, el álbum lidia con la perdida de fe y hacia dónde mirar en momentos tan deprimentes. El primer sencillo, “America”, es un épico relato de 12 minutos sobre la caída de un imperio. El cantante ha utilizado representaciones estadounidenses como parte de su sello, como crítica y como oda, pero en este corte se distancia. Una canción de protesta contra la cultura estadounidense, haciendo paralelos con la traición de Judas a Jesucristo: “Te he amado como un sueño, he besado tus labios como un Judas en celo”, le canta al sueño americano. Percibe que su creador ha abandonado su país natal y le suplica: “No me hagas lo que le hiciste a América”. Pero el álbum encuentra su mayor punto en el tema titular, una representación musical del ascender, con la brillante voz del músico liderando la dulce melodía y emocionando con la catarsis que se percibe en sus tonalidades. Este es Sufjan en su máximo esplendor.

“The Ascension” es sin duda un difícil plato de digerir, un ansioso viaje de imágenes apocalípticas y sonidos claustrofóbicos, un desafío para quienes han seguido una volátil discografía. Sin embargo, entre tantos momentos de encierro y oscuridad, Sufjan Stevens sigue ofreciendo destellos de luz donde su pesimismo parece desaparecer por un segundo, y su melodiosa voz impulsa a seguir adelante.


Artista: Sufjan Stevens

Disco: The Ascension

Duración: 80:30

Año: 2020

Sello: Asthmatic Kitty


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