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Chelsea Wolfe – “Hiss Spun”

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La carrera artística de Chelsea Wolfe ha sido un recorrido gradual por las múltiples variantes que orbitan alrededor de lo oscuro. Si bien, sus primeros trabajos viajaban por la sutileza del darkwave, la búsqueda por darle un giro a su propuesta la adentró en sonoridades más toscas. “Abyss” (2015) fue su primer acercamiento a este nuevo rumbo, llevándola a coquetear levemente con géneros como el industrial o el doom que, sumado a su técnica vocal etérea, ofrecían una propuesta bastante interesante y original. Y es con su placa más reciente que Chelsea viene a reafirmar sus inquietudes por explorar dichos territorios.

Valiéndose de lo ya aprendido hace dos años, “Hiss Spun” se presenta como un álbum en directa sintonía con una tendencia cada vez más recurrente dentro del metal contemporáneo, una propuesta que, saliendo de los tradicionalismos, opta por fusionar lo pesado que puede ser este género con melodías de corte atmosférico, menos habituales de encontrar en el universo metalero típico. Esta mutación en su estilo se hace notar en la disonante y lenta “Spun”, que a un ritmo denso y letárgico nos adentra en la sonoridad de esta nueva placa, un disco oscuro donde conviven los aires primitivos y tribales con matices más sobrios.

Luego del sopor del primer corte, “16 Psyche” es la encargada de transportarnos a este imaginario lúgubre y cavernoso creado por Chelsea. Con un tufillo a grunge, las figuras oníricas que transmite el segundo track sacan a relucir lo atractivo y novedoso que puede resultar esta nueva etapa de la artista. Valiéndose de una producción que no duda en explotar la resonancia en su voz, Wolfe viaja por un justo equilibrio entre la intensidad instrumental y los delicados arreglos de su técnica vocal. La conjugación de ambos matices da un resultado que, lejos de sonar forzoso, sorprende por lo bien que se cohesionan, dando como resultado un contrapunto sonoro cautivador.

“Vex” viene a continuación para recordarnos la identidad pionera de Chelsea, más cercana a los sonidos fúnebres y eléctricos del darkwave que, como parte de su sello distintivo, no ha sabido abandonar. “The Culling” y “Particle Flux” hacen lo propio, quitándole notoriedad al sonido agresivo por algunos minutos en pos del carácter sobrio del rock gótico, recogiendo guiños sonoros de bandas referenciales como Siouxsie And The Banshees o Bauhaus.

Ya en su tramo medio, el álbum se encuentra en su etapa más calma. El tono etéreo llega a su carácter máximo en “Twin Fawn”, que, gracias a la voz cristalina de Wolfe, entrega uno de los pasajes más delicados de la obra. Delicadeza que se entrelaza con un coro estridente en una fórmula en la que Chelsea ya demuestra dominio, reiterando esta dicotomía entre pulcritud e intensidad. El álbum continúa por el rumbo más suave y nostálgico con “Offering”, “Static Hum” y “Two Spirit”. El cierre magistral se da con “Scrape”, en una muestra donde abunda el noise acompañado de una batería con ritmo arcaico.

La evolución musical de Chelsea Wolfe se encuentra en un presente digno de admiración. Las imágenes creadas en “Hiss Spun” profundizan su curiosidad por cruzar caminos con la intención de crear un universo propio, uno que, sin dejar de tener esta identidad gótica, ha adquirido un acento auténtico. Acertada fue la decisión de mezclar distintas sonoridades ligadas a lo tétrico, transformándola en una verdadera reina del averno que ella misma se ha encargado de erigir.


Artista: Chelsea WolfeHiss Spun

Disco: Hiss Spun

Duración: 48:19

Año: 2017

Sello: Sargent House


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Arctic Monkeys – “Tranquility Base Hotel & Casino”

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Tranquility Base Hotel & Casino

Un hype autogenerado en prensa y fanáticos por igual mantuvo las miradas del mundo en “Tranquility Base Hotel & Casino”, el sexto álbum de Arctic Monkeys, esperado ansiosamente por quienes anhelaban saber el siguiente paso que el cuarteto de Sheffield iba a tomar. Ante esto, el conjunto dio vida a uno de los trabajos más extraños y desorientados de su discografía, incluso más que su antecesor “AM” (2013), polémico punto de inflexión en el camino de Alex Turner y los suyos. Sí, Turner y los suyos, porque este nuevo LP no hace más que reflejar un deseo casi intrínseco del frontman por tomar el control de todos los aspectos creativos de la banda, asumiendo poco a poco más protagonismo sobre sus compañeros, al punto de llegar a un disco en que los otros tres talentosísimos miembros quedan relegados a ser la banda de compañía de su figura principal.

Desde el comienzo se aprecia un trabajo claramente influenciado por las decisiones artísticas de Turner, entregando un constante tempo de ambiente lounge, con la banda completa sirviendo de acompañamiento rítmico para el desolado Alex y sus reflexiones sobre la vida, como cual rockstar en el ocaso, sólo que con varios años y vivencias menos que de costumbre. Esa caricaturización del artista introspectivo y melancólico no ayuda mucho a la hora de sentar sobre la mesa lo que debía ser un regreso en gloria y majestad, pero que va perdiendo fuerzas por ripios que su misma naturaleza pretenciosa va dejando en el camino. Canciones como “Star Treatment” o “American Sports” dejan en evidencia el sentido principal de la obra, que se sostiene bajo una calidad sonora sólida y mucho más elaborada que en trabajos anteriores, pero que a la larga no posee un trasfondo más potente para su desarrollo general.

Continuando con lo que se siente como un loop eterno, el bajista Nick O’Malley igual logra lucirse junto a la batería de Matt Helders, pese a lo reducida de su participación en términos creativos, igual que lo ocurrido con el guitarrista Jamie Cook que, independiente de unos cuantos solos genéricos en algunas canciones, no es mayor el trabajo que realiza. Muchos de los defensores de este trabajo han criticado el hecho de que la gente pide que Arctic Monkeys vuelva a ser lo de antes, aludiendo a una ausencia del estilo que la banda profesaba en sus primeros años. Lo cierto es que eso está lejos de ser así, ya que lo que se pide no es un regreso en términos de sonido, sino que de calidad. No se trata de volver a los guitarrazos de antaño o a las potentes canciones de tiempos rebeldes, como “Favourite Worst Nightmare” (2007), en vez de eso, se siente la necesidad de que la banda encuentre su norte en términos de creatividad, dejando de lado una pomposidad forzada y repetitiva, que no le hace un gran favor a su verdadera calidad como músicos.

Un giro artístico siempre será un riesgo considerable, y Arctic Monkeys lo supo manejar de cierta forma con su anterior álbum, pero en el caso de “Tranquility Base Hotel & Casino” no existe un deseo de reforzar la línea sonora que proliferó en aquella placa, optando por adornar composiciones donde se huele a millas de distancia el trabajo casi solitario de Alex Turner. Ese sonido ya conocido en proyectos del músico –como The Last Shadow Puppets– que se toma cada segundo de este álbum, estableciéndolo más como un capricho personal del frontman en vez de un disco que tenga un sentido claro de su forma y fondo, así como del concepto que pretende englobar entre sus canciones. No hay que confundir todos los argumentos expuestos con que la calidad sonora del trabajo es precaria, ya que sin duda existe una ampliación en el espectro de la banda, solidificando así su interpretación. El principal problema es lo forzado con que Turner intenta vender una supuesta obra maestra, recurriendo a clichés que derivan en un producto insípido y falto de ideas.

Muchos coinciden en que este álbum representa un gran paso para la banda, algo que es completamente cierto. Ahora, el destino que ese paso le entregue al cuarteto será la gran interrogante, ya que podría poner en jaque los egos de una agrupación que se empieza a ver consumida por el protagonismo de su vocalista. El propio Jamie Cook afirmó haberle sugerido a Turner lanzar este trabajo como un álbum solista, pero finalmente accedieron a etiquetar la obra como el sexto LP de la banda. Todas las cosas tienen un significado diferente, dependiendo el punto de vista en que se mire, y claramente este disco habría tenido una recepción abismalmente diferente si no se presentaba como el nuevo trabajo de una de las bandas más importantes de los últimos años.

El amor al recuerdo siempre estará latente, pero sólo el tiempo dirá cuál es el destino de Arctic Monkeys. Por ahora, existen dos caminos claros: abrazar esta etapa como la nueva obsesión del principal titiritero del conjunto, o reflexionar sobre una banda que podría dar mucho más, pero que prefiere dejarse llevar por ideas que se imponen en pos de un beneficio no igualitario para todos sus integrantes. En manos de todos queda la elección sobre el camino que se tomará.


Artista: Arctic MonkeysTranquility Base Hotel & Casino

Disco: Tranquility Base Hotel & Casino

Duración: 40:51

Año: 2018

Sello: Domino


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