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Cevladé – “Pinceles y Puñales”

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El rapero es un músico, un escritor, un intérprete. Pero el rapero, antes que todo, es un ser humano, y como tal debe hacerse cargo de su propia condición de existir, y por eso hay varios caminos, como construirse una coraza con un personaje que es ente narrador, o también caer en la honestidad brutal que soñaba a distancia Calamaro. Este es el camino que elige Wladimir Espinosa, quien rapea como Cevladé, pero que nunca deja de ser él mismo, porque su andar es brutal y así lo ha descrito en el bestiario que es su discografía, llena de momentos metafóricos de brillantez y con un creador al centro, al que la humildad no le quita grandeza.

Aunque Cevladé se define como un rapero y observa la música como un bello accidente, su trayectoria lo ha llevado a dominar la canción de manera creciente –incluso estudiando música de forma más teórica actualmente–, y por ello no se hace extraño que en sus últimos dos discos haya tenido a una banda como sustento de sus tracks, más allá de la capacidad del uso del sampler, que es un arma intertextual bélica en sus manos, irónica, cruda y necesaria. L4deNegro había hecho de las suyas en “La Casa de Astaire” (2014), y aunque DJ Matz tiene un nivel mayor de protagonismo, lo orgánico es más potente aún en “Pinceles y Puñales”, permitiendo más capas y complejizando los escenarios que se debaten entre citas a Nietzsche, Nas, Freud, Pedro Aznar, Nabila Rifo o “Dr. House”. No hay tanto jazz como en el disco anterior, pero lo “negro” no abandona a Cevladé, con mayores intromisiones en el R&B y el pop más cercano a lo que hoy domina charts en el mundo, como el de Frank Ocean o SZA, pero con más honestidad y, por cierto, más infiernos.

Si en “La Casa de Astaire” Cevladé proponía diferentes ángulos respecto al uso de los espacios y la presencia, en “Pinceles y Puñales” es la sobrevivencia la que se convierte en tótem. Sea en lo afectivo, en lo pragmático o en lo artístico, en cada canción el rapero se juega la vida, quedando herido en el proceso, apostando su reputación, mostrando sus cartas y poniéndose frente a un espejo de doble cara. Rupturas, inseguridades, confesiones, observaciones y diálogos se disponen con un rumbo específico: salir a flote y evitar la claustrofobia de la ausencia de respuestas.

En sus rimas, Cevladé no evita los tópicos usuales de los raperos, como hacerse cargo de gente menos talentosa que sólo busca la negatividad (“Tras El Micro”) o auto definirse entre el ingenio y la diferencia (“Pinceles y Puñales”), pero lo hace con la elegancia de quien no desperdicia recursos en palabras o ritmos sin sentido. “Mis palabras no son fuegos artificiales / lo que brilla es mi corazón y tú lo sabes”, canta Mantoi en “Año Nuevo”, recreando parte de lo primordial en este disco que a ratos puede languidecer, pero que se mantiene genuino y exento de relleno innecesario. Aunque rima que “escribió este disco para vengarse”, Cevladé consigue mucho más que un revanchismo superficial acorralado. El rapero es un ser humano, que también cae en terrenos grises, sin buenos y malos, y por eso es que puede convivir el rapero todopoderoso que puede poner en su lugar a ciertos herejes y el que luego se culpa de todo lo malo. Es naturaleza humana, individual, imperfecta, que gracias a las colaboraciones y el acto de compartir puede aspirar a la perfección, como en “Julia, La Princesa Adormecida”, donde Cevladé con Natalia Corvetto logran una canción tan bailable como memorable, con Feliciano Saldías consiguiendo emociones corales implacables, para llegar a la redención con Maka Mel en “Rijaab”.

Al final, Cevladé alcanza su propia sobrevivencia, y ahí es capaz de entregar un testimonio de empatía doloroso, corrosivo, impactante, pero necesario en “Laura”, donde antes del epílogo del coro interpretado por Maka Mel, el músico exhibe la falta de humanidad que aún existe en la trata de blancas, en el femicidio, en la violencia a la mujer, intentando narrar una historia de tantas, donde la sobrevivencia ya es un lujo en medio de sufrimiento de por vida. Si en “La Casa de Astaire” el artista cerraba un episodio propio con “Mudanza”, en este trabajo lo hace con temas universales, volcando un ejercicio propio en algo de todas y todos. Cevladé sigue acrecentando su trabajo a punta de honestidad brutal, líricas ingeniosas, intertextualidad cercana y un sentido de la canción que evoluciona, igual que el ser humano detrás de esta labor encomiable.

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Porcupine Tree – “CLOSURE / CONTINUATION”

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CLOSURE / CONTINUATION

El hype es indudablemente el mayor enemigo para una banda inactiva por tanto tiempo, pero de manera inteligente este nunca fue el caso para Porcupine Tree, gracias a que Steven Wilson, considerado la figura principal del proyecto, se encargaba de decir en cuanta entrevista que podía que todo había terminado, desechando así las posibilidades de un nuevo larga duración luego de la pausa tras “The Incident” (2009) para enfocarse en su carrera solista. Ahora como trío conformado por Wilson junto al tecladista Richard Barbieri y el baterista Gavin Harrison, la agrupación sorprendió con el anuncio de “CLOSURE / CONTINUATION”, trabajo que, tal como su nombre lo indica, viene a cerrar una etapa de silencio para continuar en lo que deparará el futuro para uno de los nombres mejores evaluados en el resurgir del rock progresivo durante los 90.

Ciertamente, “CLOSURE / CONTINUATION” comenzó a construirse de manera anticipada a su lanzamiento, debido a que las tres canciones encargadas de abrir el álbum fueron parte de los cuatro adelantos que presentó la banda. Es así como el viaje parte con un sonido muy familiar no sólo a lo que se conoce de Porcupine Tree, sino que también a la carrera solista de Wilson, resultando imposible no percibir algunos atisbos de esta en los cortes “Harridan”, “Of The New Day” o “Rats Return”, donde apreciamos la calidad instrumental de los músicos mediante intensas secciones llenas de matices y muy en la línea del rock progresivo, sin dejar de lado esa cálida impronta acústica que Wilson aporta en sus composiciones, así como también los elementos más electrónicos, como ha sido tónica en sus lanzamientos solistas más recientes. Indudablemente, algo para todos los gustos, con letras tomando la premisa de cierre o inicio, y una dualidad que es muy bien tratada, tanto en la forma en que se estructura el disco como en sus composiciones.

Punto aparte para la potencia sonora de “Rats Return” y sus guiños a polémicas figuras históricas, como Gengis Kan y los dictadores Mao Tse Tung, Kim Il-Sung e incluso Augusto Pinochet, ejerciendo una carga aún más fuerte en una canción que de por sí sola ya cuenta con un aura completamente sombría gracias al juego de guitarras. Por otro lado, el relato permite que momentos como “Dignity” o “Herd Culling” puedan ir dosificando perfectamente las capas y constantes giros de ritmos a una manera pausada y sin contratiempos, haciendo que el disco quede muy lejos de la monotonía y, a veces, hastío que generan otras obras del progresivo moderno, donde solamente se enfocan en caricaturizar la variedad de ritmos o demostrar quién puede tocar mejor o más rápido su instrumento. Ciertamente, ese nunca ha sido el caso con Porcupine Tree, y en este disco Wilson demuestra particularmente por qué ha sabido configurar su propia versión del género con un acercamiento más popular.

Hacia el final nos encontramos con “Walk The Plank” para luego transitar a “Chimera’s Wreck”, el impecable cierre de esta obra que, en tan solo siete canciones, logra perfectamente su cometido de funcionar como punto final para la banda, pero, a la vez, como el inicio de una nueva etapa sonora, cualquiera sea el camino que decidan tomar de aquí en adelante. La mencionada “Chimera’s Wreck”, inspirada por el fallecimiento del padre de Wilson, toma elementos de ese período de duelo para reflexionar sobre la mortalidad desde una manera existencial y graficando a través de su composición todas las etapas de este proceso, transformándose indudablemente en la canción con mayor peso en cuanto a matices sonoros. Si bien, la existencia de una edición deluxe aporta tres tracks adicionales (la instrumental “Population Three” junto a “Never Have” y “Love In The Past Tense”), se sienten en naturaleza alejadas del ciclo de continuidad que presenta la obra en sus siete composiciones principales, por lo que en resumidas cuentas quedan como muy buenos bonus en un disco cuya narrativa logra construirse por sí sola con la cantidad de canciones antes mencionadas.

Aunque para muchos se pueda sentir como un disco alejado de ese espíritu de reinvención del rock progresivo que caracterizó a la banda en su primera etapa, “CLOSURE / CONTINUATION” logra lo que muchos álbumes de otras agrupaciones que regresan luego de varios años no pudieron conseguir: cumplir y superar las expectativas musicales y creativas de una banda que no ha hecho más que evolucionar sonoramente gracias a su amplio trabajo en proyectos paralelos. Trabajar en secreto por tantos años indudablemente benefició a Wilson, Barbieri y Harrison, permitiéndoles destilar e ir cocinando poco a poco estas canciones que funcionan a la perfección en distintos niveles. Ya sea como el final de su carrera o como el reinicio de esta, Porcupine Tree ha definido nuevamente los parámetros de su propio juego, con un sonido al que pocos pueden acercarse y un mensaje claro de que menos es más, no siendo necesario que los años de espera se vean reflejados en un montón de tracks forzando un sonido clásico para cumplir con expectativas, sino más bien en un pequeño conjunto de ellos que pueda satisfacer sus necesidades musicales y, a la vez, funcionar narrativamente como una obra.


CLOSURE / CONTINUATIONArtista: Porcupine Tree

Disco: CLOSURE / CONTINUATION

Duración: 48:01

Año: 2022

Sello: Music For Nations


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