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Cendrars Cendrars

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Cendrars – “Cendrars”

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El álbum debut siempre es un fenómeno interesante. Suele combinar en distintas medidas la imagen que el artista quiere proyectar de sí mismo, las musas presentes en el ejercicio creativo y las ansiedades propias de abrir ese mundo personal al escrutinio de terceros. En este particular ejercicio, Cendrars nos invita a conocer en poco más de una hora buena parte del universo sonoro que los impregna. Se trata de doce canciones de espíritu esencialmente urbano, que, recogiendo influencias ancladas principalmente en el rock alternativo (sin dejar de lado ritmos de origen latinoamericano), nos transportan por paisajes que abordan el duro y desgastante transitar de aquellos que atravesamos el paso de los días rodeados por el ruido de los motores y las bocinas, añorando esos reducidos espacios donde la naturaleza rompe el asfalto.

Desde el primer minuto el quinteto compuesto por Nicolás Crisosto (guitarra, voz), David Gallardo (guitarra, voz), Ernesto Hauwai (batería), Francisco Rivera (bajo) y Matt Yard (bajo) se encarga de llevarnos al lugar donde transcurre este viaje. “Intro – Un Día Más” arranca cargada de esos inconfundibles sonidos que acompañan el paisaje urbano, dando paso paulatinamente a “Plastic Ocean”, tema llamado a dar el puntapié inicial del álbum en un sentido más tradicional. Una de las primeras cosas que destaca en esta canción (que va a ser una de las tónicas del larga duración) es el delicado y preciso trabajo en las guitarras, que rápida y decididamente se adueñan del track, acompañadas de forma contundente por el acertado trabajo de Ernesto Hauway en la batería. “Júpiter (Parte 1)”, por su parte, abre sobre un paisaje abiertamente más etéreo y acogedor, jugando a matizar desde el comienzo.

“Another Life” mantiene el ánimo entregado por “Júpiter (Parte 1)” y, en lo que parece ser uno de los sellos del conjunto, agrega notas de instrumentos que escapan al habitual (y a veces predecible) formato guitarra-bajo-batería, en este caso udu en la percusión. “Vino” y “Hojas De Otoño Al Atardecer” abren la senda de los temas instrumentales (que terminará por cerrar “Monkeys On Bisphenola”, el track escondido del disco), ambos muy bien trabajados y precisos, logrando transitar por distintos ánimos de manera fluida y seductora. Sin embargo, es “Hojas De Otoño Al Atardecer” el que definitivamente marca uno de los puntos irrenunciables de este álbum debut. Íntima y acogedora, se desliza sobre una sentida base de piano cortesía de Nicolás Crisosto, que paulatinamente da paso a distintos paisajes sonoros, al mismo tiempo que agrega precisos toques de santur, cajón peruano y maracas venezolanas. Una delicia para escuchar con audífonos y encontrar esa a veces esquiva paz al final del día.

Ya superada la mitad del disco, “Canción Para Mirarte A los Ojos” se alza como el corte con mayor vocación de single del álbum. Se trata de un tema pausado y cándido, liderado como todo el resto del álbum por un impecable trabajo en las cuerdas, que va creciendo paulatinamente para alcanzar un clímax acogedor e intenso, de esos que uno quisiera que se prolongaran por largos minutos y terminan obligando a repetir el track. “Jupiter (Parte 2): Icy Moon” vuelve a juguetear con ese ambiente etéreo ya explorado por su hermana de viaje, para comenzar a tomar la recta final del álbum, mientras que “Remanso” toma ventajas de la naturaleza del santur para crear un ambiente cálido y cristalino. Todo lo anterior, nos lleva a “Outro – Hasta Cuándo”, quizás el único corte de este álbum que abiertamente rompe el equilibrio sonoro del resto de la placa, en una apuesta que sin duda merecía más espacio en esta hora de viaje. Acá es donde la banda termina de explorar ese animal urbano que esboza el resto del trabajo, sumergiéndose de lleno en otra vereda sonora, árida, industrial y claustrofóbica. Esta sí es la voz rutinaria, cansada y monocorde de esa suerte de Tyler Durden –bajo la piel de Edward Norton– que encarnamos todos los que vivimos rodeados por el asfalto. Gran cierre.

Tras algo más de una hora de música, la sensación que deja “Cendrars” definitivamente es positiva. La banda destaca fundamentalmente por un muy bien logrado trabajo instrumental, donde el meticuloso cuidado musical a la hora de sonar como un conjunto sobrepasa por mucho cualquier potencial aspiración de brillo individual. La capacidad para crear ambientes con múltiples y delicadas capas sonoras claramente es una de las fortalezas de la banda, por lo demás, el concepto y las ideas son claras y eso siempre se agradece. Quizás el único punto que uno esperaría que el conjunto trabaje con más fuerza en el futuro, tiene que ver con el riesgo a la hora de explorar matices, ya que, si bien el trabajo incluye momentos de quiebre, también es cierto que tracks como “Outro – Hasta Cuándo” no sólo son atractivos, sino que además necesarios para sacudir un poco las cosas. Cuando se trata de arte, debutar nunca es fácil, sin embargo, el quinteto logra hacerlo de forma segura y sin mayores contratiempos.


Artista: Cendrars

Disco: Cendrars

Duración: 63:04

Año: 2017

Sello: Independiente


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Arctic Monkeys – “Tranquility Base Hotel & Casino”

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Tranquility Base Hotel & Casino

Un hype autogenerado en prensa y fanáticos por igual mantuvo las miradas del mundo en “Tranquility Base Hotel & Casino”, el sexto álbum de Arctic Monkeys, esperado ansiosamente por quienes anhelaban saber el siguiente paso que el cuarteto de Sheffield iba a tomar. Ante esto, el conjunto dio vida a uno de los trabajos más extraños y desorientados de su discografía, incluso más que su antecesor “AM” (2013), polémico punto de inflexión en el camino de Alex Turner y los suyos. Sí, Turner y los suyos, porque este nuevo LP no hace más que reflejar un deseo casi intrínseco del frontman por tomar el control de todos los aspectos creativos de la banda, asumiendo poco a poco más protagonismo sobre sus compañeros, al punto de llegar a un disco en que los otros tres talentosísimos miembros quedan relegados a ser la banda de compañía de su figura principal.

Desde el comienzo se aprecia un trabajo claramente influenciado por las decisiones artísticas de Turner, entregando un constante tempo de ambiente lounge, con la banda completa sirviendo de acompañamiento rítmico para el desolado Alex y sus reflexiones sobre la vida, como cual rockstar en el ocaso, sólo que con varios años y vivencias menos que de costumbre. Esa caricaturización del artista introspectivo y melancólico no ayuda mucho a la hora de sentar sobre la mesa lo que debía ser un regreso en gloria y majestad, pero que va perdiendo fuerzas por ripios que su misma naturaleza pretenciosa va dejando en el camino. Canciones como “Star Treatment” o “American Sports” dejan en evidencia el sentido principal de la obra, que se sostiene bajo una calidad sonora sólida y mucho más elaborada que en trabajos anteriores, pero que a la larga no posee un trasfondo más potente para su desarrollo general.

Continuando con lo que se siente como un loop eterno, el bajista Nick O’Malley igual logra lucirse junto a la batería de Matt Helders, pese a lo reducida de su participación en términos creativos, igual que lo ocurrido con el guitarrista Jamie Cook que, independiente de unos cuantos solos genéricos en algunas canciones, no es mayor el trabajo que realiza. Muchos de los defensores de este trabajo han criticado el hecho de que la gente pide que Arctic Monkeys vuelva a ser lo de antes, aludiendo a una ausencia del estilo que la banda profesaba en sus primeros años. Lo cierto es que eso está lejos de ser así, ya que lo que se pide no es un regreso en términos de sonido, sino que de calidad. No se trata de volver a los guitarrazos de antaño o a las potentes canciones de tiempos rebeldes, como “Favourite Worst Nightmare” (2007), en vez de eso, se siente la necesidad de que la banda encuentre su norte en términos de creatividad, dejando de lado una pomposidad forzada y repetitiva, que no le hace un gran favor a su verdadera calidad como músicos.

Un giro artístico siempre será un riesgo considerable, y Arctic Monkeys lo supo manejar de cierta forma con su anterior álbum, pero en el caso de “Tranquility Base Hotel & Casino” no existe un deseo de reforzar la línea sonora que proliferó en aquella placa, optando por adornar composiciones donde se huele a millas de distancia el trabajo casi solitario de Alex Turner. Ese sonido ya conocido en proyectos del músico –como The Last Shadow Puppets– que se toma cada segundo de este álbum, estableciéndolo más como un capricho personal del frontman en vez de un disco que tenga un sentido claro de su forma y fondo, así como del concepto que pretende englobar entre sus canciones. No hay que confundir todos los argumentos expuestos con que la calidad sonora del trabajo es precaria, ya que sin duda existe una ampliación en el espectro de la banda, solidificando así su interpretación. El principal problema es lo forzado con que Turner intenta vender una supuesta obra maestra, recurriendo a clichés que derivan en un producto insípido y falto de ideas.

Muchos coinciden en que este álbum representa un gran paso para la banda, algo que es completamente cierto. Ahora, el destino que ese paso le entregue al cuarteto será la gran interrogante, ya que podría poner en jaque los egos de una agrupación que se empieza a ver consumida por el protagonismo de su vocalista. El propio Jamie Cook afirmó haberle sugerido a Turner lanzar este trabajo como un álbum solista, pero finalmente accedieron a etiquetar la obra como el sexto LP de la banda. Todas las cosas tienen un significado diferente, dependiendo el punto de vista en que se mire, y claramente este disco habría tenido una recepción abismalmente diferente si no se presentaba como el nuevo trabajo de una de las bandas más importantes de los últimos años.

El amor al recuerdo siempre estará latente, pero sólo el tiempo dirá cuál es el destino de Arctic Monkeys. Por ahora, existen dos caminos claros: abrazar esta etapa como la nueva obsesión del principal titiritero del conjunto, o reflexionar sobre una banda que podría dar mucho más, pero que prefiere dejarse llevar por ideas que se imponen en pos de un beneficio no igualitario para todos sus integrantes. En manos de todos queda la elección sobre el camino que se tomará.


Artista: Arctic MonkeysTranquility Base Hotel & Casino

Disco: Tranquility Base Hotel & Casino

Duración: 40:51

Año: 2018

Sello: Domino


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