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Car Seat Headrest – “Teens Of Denial”

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Cada cierto tiempo, la vida nos pone por delante uno de esos discos que obligan a preguntarse “¿cómo es posible que esto no lo esté escuchando todo el mundo?”. Algo de eso es lo que ocurre al enfrentarse al nuevo álbum de Car Seat Headrest, uno de esos trabajos que no sólo llaman a detenerse y observar con cuidado lo que tenemos al frente, sino que además invita a revisar el catálogo del conjunto que da vida a la entrega. Catálogo que, en el caso del grupo creado por Will Toledo, contempla nada menos que otros once discos editados entre el año 2010 y el día de hoy, de los cuales su inmensa mayoría nacen como única manera de dar cabida a la dylanesca productividad del inquieto Toledo. En lo musical, “Teens Of Denial” apuesta nuevamente por un estilo anclado en el indie rock noventero, sin embargo, en una movida que refleja crecimiento, en esta oportunidad la banda decide abandonar el excesivo tono lo-fi de “Teens Of Style” (2015), lo que permite disfrutar de mejor manera el trabajo lírico del grupo y, al mismo tiempo, sin perder naturalidad agrega nuevos matices al sonido de la propuesta. En lo lírico, por otro lado, el grupo de Leesburg, Virginia, recorre con agudeza y honestidad esos espacios de búsqueda, incerteza y contradicciones que muchas veces acompañan el doloroso proceso de pasar de la juventud a la adultez temprana.

CAR SEAT HEADREST 01En el grupo de canciones marcadas por la incerteza y el ánimo depresivo, destacan “Fill In The Blank” y “Vincent”. La primera de ellas juega a la combinación de “letras oscuras / melodías alegres y contagiosas”, instalándose como una verdadera oda indie a la desesperanza, en la que nuestro antihéroe intenta convencernos acerca de su derecho a ver todo negro, mientras su entorno le enrostra no tener este beneficio por no haber intentado lo suficiente con el mundo como para llegar a disfrutarlo. La continuación, con “Vincent”, baja las revoluciones y, en un estilo muy “Marquee Moon” (1977) de Television, se toma algo más de dos minutos para agregar paulatinamente guitarras, distorsiones, voces y finalmente bronces, que llevan a la canción a una especie de éxtasis confesional y culposo, coronado con frases como “Tuve un ‘mañana’ prometedor / Me lo gasté todo hoy día”.

En la vereda de los cortes de espíritu psicotrópico, “Destroyed By Hippie Powers” destaca por su sonido sucio y garajero, con guitarras sobreamplificadas y vocales destemplados que nos trasladan a espacios musicales donde “Surfer Rosa” (1988) y “Doolittle” (1989) de Pixies son referencias obligadas. “Drunk Drivers/Killer Whales” en clave balada, destaca reposada y cansina, con un cierre completamente coreable, sin embargo, no es hasta “(Joe Gets Kicked Out Of School For Using) Drugs With Friends (But Says This Isn’t A Problem)” –que tan sólo por su título ya merece ser mencionada– que el álbum alcanza uno de sus puntos más altos. El track repasa la poco afortunada y culposa experiencia de Joe tras consumir ácido, todo sobre una base musical sencilla y minimalista, que con precisos arreglos de mellotrón y sobre todo en un ejercicio vocal reverberante, logra generar una atmósfera febril y contagiosa.

CAR SEAT HEADREST 02No obstante, no todos los tópicos que revisa Toledo son tan marcadamente binarios, siendo un ejemplo de esto dos cortes que combinan de buena forma los distintos fantasmas que dan vida al álbum. “Not What I Needed”, contagiosa y amable, destaca (además de la disputa legal con Ric Ocasek) por vocales que nuevamente recuerdan a Black Francis, mientras que “The Ballad Of The Costa Concordia” se constituye por progresión y lírica como la más completa y eleborada del disco. Imperdible “mini ópera” en tres escenas (introducción, confesión sentida, declaración catártica), cuyo primer capítulo abre de forma pausada con guitarras acústicas y arreglos de trombón, continuando con un quiebre donde el discurso y una sencilla base de piano es lo que predomina, para luego de algo más de siete minutos comenzar finalmente a cerrar rabiosa y garajera, en un estilo muy similar al de sus contemporáneos Parquet Courts.

“Teens Of Denial” es un álbum para escuchar muchas veces. Goza de esa particular característica que invita a descubrir y enganchar nuevos elementos con cada nueva escucha, lo que lo transforma en un trabajo difícilmente desechable. Una de las pocas observaciones que se le puede hacer es su duración. Si bien, todos los tracks parecen entrañables, no es menos cierto que Toledo pareciera tener un problema con la duración no sólo de sus discos (que facilmente superan la hora de duración y pueden llegar hasta los 120 minutos), sino que también de sus canciones, lo que puede jugar en su contra a la hora de ganar transversalidad. Hecha esta salvedad, este nuevo trabajo pareciera tener un espacio bien ganado en el imaginario actual. Atractivo y recomendable, tanto para seguidores del rock de guitarras como para todos aquellos que disfrutan de las letras irónicas y reflexivas. Sólo el tiempo dirá qué tan masivo llegará a ser este joven y prolífico compositor.

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Bright Eyes – “Down In The Weeds, Where The World Once Was”

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Down In The Weeds Where The World Once Was

Tras un receso de nueve años y con una serie de proyectos bajo el brazo, Conor Oberst ha reunido a la banda que lo vio convertirse en uno de los compositores insignia de la mirada adolescente apocalíptica de los noventa. A más de veinte años de su debut, junto a los multiinstrumentistas Mike Mogis y Nate Walcott, la prosa de Oberst ha crecido inevitablemente junto al cantante, quien en “Down In The Weeds, Where The World Once Was” vuelve a su zona de confort para examinar un presente que pareciera haber advertido durante años.

Parece difícil continuar con un proyecto tras casi una década de pausa, en especial para uno encargado de retratar la angustia del presente, pero “Down In The Weeds, Where The World Once Was” logra retomar desde donde se dejaron las cosas, con una química entre el trío difícil de replicar. “Pageturners Rag” sitúa rápidamente la ambientación del disco, con un sutil y melancólico inicio representando los inicios de bar de la banda, con voces familiares como la de la ex esposa de Oberst, quien introduce al grupo y una conversación con la madre del vocalista. Desde este punto, no se alejan de los espacios conocidos, pero logran reflejar el paso de los años a través de una composición madura.

A diferencia de los sonidos de su trabajo en solitario, el regreso de Bright Eyes trae consigo el dramatismo en sonido y composición que los destacó desde un comienzo. “Dance And Sing” presenta triunfantes cuerdas a cargo de Walcott, contrastando con desgarradoras vocales. Adornado con una orquesta y un coro, el tema presenta a la pérdida como temática fundamental y la necesidad de avanzar a pesar de esta: “Ahora todo lo que puedo hacer es seguir bailando”, canta con un optimismo no presente antes. Y es que la madurez alcanzada con los años se refleja en sus letras, donde su pesar ya no lo consume, sino que es comprendido como uno de naturaleza universal.

“Mariana Trench” trae un sonido contemporáneo y de rock convencional, en otra mirada positiva mientras relata los altos y bajos de la vida. En este sencillo brillan los invitados, con Flea (Red Hot Chili Peppers) y Jon Theodore (Queens Of The Stone Age) destacándose como colaboradores. Musicalmente el disco fluye entre las composiciones vulnerables y acústicas de Oberst, y la grandiosidad de los instrumentos a cargo de los otros dos miembros. “Just Once In The World” comienza con un desnudo instrumental acústico, que rápidamente es acompañado por percusión y una melódica segunda voz a cargo de la cantautora Miwi La Lupa. Para el final, la canción se acerca a la ambientación festiva y barroca que recorre el resto del álbum, con cítaras, pianos y la percusión de Theodore cobrando protagonismo. “Stairwell Song” representa de mejor manera la paleta sonora del disco, con un cinemático final adelantado por el mismo compositor, en un guiño a sus oyentes que reconocen sus clichés.

Durante el disco, Oberst batalla por no caer en el autodesprecio y mantener la universalidad de los dolores, pero sus pérdidas son palpables, como la imagen de su ex esposa presente en el inicio y en “Hot Car In The Sun”, donde el compositor confiesa sus pensamientos suicidas en el corte más simple y honesto. La muerte de su hermano también pesa en el álbum, donde su fantasma lo visita en “Tilt-A-Whirl”, siendo una meditación de la soledad en un sonido reminiscente de los comienzos del conjunto. “Calais To Dover” es un homenaje al fallecido Simon Wright, amigo de la banda, en un contaste choque entre la tristeza y la brillante melodía. Mientras que “One And Done” presenta uno de los momentos más oscuros del disco, tanto en lírica como en musicalización, y donde la participación de Flea le agrega dinamismo a los continuos breaks barrocos.

“Comet Song” cierra “Down In The Weeds, Where The World Once Was” de la forma circular que Conor deseaba, representando a través de la metáfora de la vida de un cometa los dolores en común, en otro explosivo instrumental que se consume tal como la figura retratada. “Te estás acercando, incluso mientras desapareces”, se repite así mismo y a los oyentes en un eufórico cierre antes de regresar a la escena del bar del inicio. Para el final, es claro que Bright Eyes sigue un sonido cómodo y pulido, confirmando que su esencia está lejos de perderse, pero el paso del tiempo les ha permitido evolucionar su mirada del mundo, donde la pérdida y la angustia son imposibles de ignorar, aunque su naturaleza es tan colectiva como personal.


Artista: Bright Eyes

Disco: Down In The Weeds, Where The World Once Was

Duración: 54:45

Año: 2020

Sello: Dead Oceans


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