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Social Cues Social Cues

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Cage The Elephant – “Social Cues”

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Lograr estabilidad emocional frente a múltiples sucesos caóticos que están aconteciendo en un mismo período de tiempo, suele ser complejo y difícil de controlar en uno mismo. La banda atraviesa tiempos de amargura y reflexión a causa de temas como quiebres amorosos y muertes. Esto es lo que marca el regreso de Cage The Elephant con su quinto álbum, “Social Cues”, mostrando una inevitable explosión de los sentimientos más sinceros que se viven en carne y hueso.

El primer sencillo, “Ready To Let Go”, da el pase perfecto para lograr una transición entre “Tell Me I’m Pretty” (2015) y el presente, marcando una fuerte influencia en el tema, pensando que fácilmente podría haber entrado al tracklist del LP anterior sin ningún problema. Hay una clara intención del productor John Hill de apuntar a algo más comercial y pegadizo de lo habitual (como lo que produce “Dance, Dance” cuando corea la frase “baila, baila, baila, todo el mundo baila”), haciendo que las canciones del álbum sean fáciles de digerir.

Instrumentalmente, las influencias de Dan Auerbach cuando produjo “Tell Me I’m Pretty” han dado fruto, puesto que los estadounidenses han querido tomar esa esencia de rock psicodélico y, a través de varios procesos más de la producción de Hill, lograr mutar a un sonido más sincero, más complementado, como queda demostrado en “Skin And Bones”, tema con mayor influencia de Auerbach. Duele decirlo, pero la realidad es que los hermanos Shultz y compañía ya crecieron, llegando a un estado de evolución significativa en comparación con sus primeros trabajos, por lo que difícilmente podrán volver a la locura de esos días componiendo algo como “In One Ear”.

Se agradece que en el álbum hayan incluido canciones enérgicas, tales como “Broken Boy” y “House Of Glass”, que son el alma de una completa analogía de toda la trayectoria de Cage The Elephant. Probablemente, esta última sea la canción más alejada del contexto del LP, teniendo el enfoque de que todo es una ilusión. Los riffs de Brad hacen imaginar que la canción tuviese tintes e inspiración de alguna película de James Bond, lo que genera con inmediatez una agradable sensación al escucharla.

La única colaboración en el álbum se da con Beck, que, por cierto, viene saliendo de la época de “Colors” (2017). El autor de “Loser”, a pesar del ambiente de fiesta de su último trabajo, logra adecuarse con el conjunto de Kentucky produciendo “Night Running”, una composición con estilo totalmente nuevo y diferente al clásico indie rock que Cage The Elephant nos enseña día a día. Pese a que la banda de Matt está en un ambiente opuesto, logra cuajar con el “camaleón eterno” dando visto bueno al resultado.

Planteando los temas más desolados y oscuros, “Love’s The Only Way” es una canción que avanza lentamente con una armoniosa guitarra que le sigue el paso, reflejando las consecuencias después del quiebre amoroso de Matt y los pensamientos constantes del qué se hizo mal. También nos encontramos con la última (y oportuna) canción del álbum, “Goodbye”, una balada que comienza con un piano un tanto melancólico y un desgarrado Matt al micrófono, relatando una despedida correcta y madura luego de la aceptación natural de la ruptura. Esta última canción es una excelente conclusión para lo que la banda quiere enseñar: la aceptación de que en la vida siempre ocurrirán sucesos que marquen un antes y un después, por lo que la manera más adecuada para solucionar esto no es evadir, sino que enfrentarlos y tomarlos con un enfoque prudente y con calma, ya que, al fin y al cabo, la vida continúa.

Cage The Elephant vuelve con un álbum plenamente franco, mezclando la melancolía con la psicodelia, pudiendo plasmar así sus sentimientos de este último período en canciones un tanto calmadas, teniendo musicalmente un ambiente confortable. Sin embargo, en un mar de lágrimas la banda hace sus jugadas y nos presenta temas comercialmente atractivos y cautivadores. Los estadounidenses pasan por una época de meditación tras haber vivido ciertos sucesos que a todos nos podrían tocar en algún momento de la vida.


Artista: Cage The Elephant

Disco: Social Cues

Duración: 44:35

Año: 2019

Sello: RCA


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Discos

Iggy Pop – “Free”

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Free

Puede parecer extraño que un artista que ha hecho literalmente lo que se le ha antojado a lo largo de su carrera, publique como primer single de su nuevo trabajo de estudio un corte que únicamente proclama “Quiero ser libre”. Sin embargo, este supuesto sinsentido es sólo una prueba más de que la figura de Iggy Pop en realidad nunca ha sido tan fácil de descifrar. Es más, uno de sus sellos ha sido justamente aventurarse desde siempre (a veces con éxito y otras veces no tanto) en cuanto estilo musical le ha parecido atractivo (proto punk, garage rock, post punk, new wave, electrónica, hardcore, música de identidad francesa, entre otros). Es en esta dinámica, que el músico nos invita nuevamente a romper esquemas, firmando un álbum cuya característica principal es transitar a través de una pausada clave sonora de cargada identidad jazz, estilo que, sin ser completamente extraño para él (algo de esto había en “Avenue B” de 1999 y “Préliminaires” de 2009), marca uno de esos momentos musicales que por su sola naturaleza obligan a detenerse y escuchar con atención.

Dentro de las muchas particularidades que tiene “Free”, destaca el hecho de que la mayor parte de las canciones no son de autoría de Iggy, lo que hace de este disco un ejercicio de casi completa interpretación. La firma de los tracks recae fundamentalmente en Leron Thomas (trompeta), dejando un discreto espacio para Pop –autor de los temas que abren y cierran el registro– y dos poemas, el primero de ellos escrito por Lou Reed (“We Are The People”) y el segundo por Dylan Thomas (“Do Not Go Gentle Into That Good Night”). ¿Impacta esto la credibilidad la propuesta? En lo absoluto; de hecho, el álbum es tan consistente, que incluso los cortes que de antemano uno podría aventurarse a decir que fueron escritos por Iggy, ya que llevan su sello estilístico, en realidad están firmados por Thomas. En cuanto a lo musical, si bien se trata de un álbum dominado por los cortes de espíritu jazz, también hay lugar para momentos que reviven el lado más caricaturesco de la Iguana.

Es en la primera de estas identidades sonoras donde sin duda se encuentra lo mejor del álbum. “Free”, de naturaleza pausada y contemplativa, nos advierte desde el inicio acerca de los maravillosos paisajes sonoros que dominarán la oferta, y “Sonali”, por su parte, se inscribe como uno de los imperdibles del álbum. Musicalmente intrincada y de percusiones adictivas, se da el lujo de combinar reflexiones de corte existencial en base a metáforas en el estilo de “The Passenger”, con paisajes musicales que rememoran los sonidos que nos dejó el Duque Blanco en su último larga duración. “Page”, a su vez, aporta lo suyo atrapando una atmósfera musical de espíritu casi celestial para revelarnos un Iggy frágil y cercano. Sin embargo, es en la trilogía final con “We Are The People”, “Do Not Go Gentle Into That Good Night” y “The Dawn” donde, vestido de crooner, Iggy termina por comerse el registro. Es en este momento, además, donde más sentido terminan haciendo los aportes de Noveller y Thomas, añadiendo intensidad a cortes de abierta naturaleza minimalista. Un deleite.

Fuera de los pasajes que dominan la identidad del registro, se encuentran momentos totalmente rescatables y otros que, por desgracia, sólo le quitan prolijidad a esta nueva entrega. En el primero de estos grupos se ubica “Loves Missing” y “Glow In The Dark”. El primero de ellos sobresale gracias a la sentida e íntima interpretación de Iggy en los vocales, mientras que el segundo viene a graduarse como el eslabón perdido entre “Post Pop Depression” (2016) y el disco que nos convoca. Sin embargo, es con “James Bond” y “Dirty Sánchez” donde entramos en una vereda más conflictiva, básicamente porque se trata de temas que no respetan en nada el espíritu del resto del álbum. Así y todo, “James Bond” logra ser una aventura perdonable, ya que, aún sonando fuera de lugar, nos deleita con una funky y contagiosa línea de bajo y un espectacular clímax hacia la mitad del track. No se puede decir lo mismo de “Dirty Sánchez”, que además de caer fuera de lugar, se queda corto en lo lírico (convengamos que escuchar a Iggy cantando de “tetas” y “vergas” a esta altura no tiene nada de novedoso) y en lo musical.

El mencionado “Post Pop Depression” provocó varios fenómenos interesantes: por un lado, parte del público empezó a sentir que quizás era buena idea que la Iguana aprovechara el éxito de ese lanzamiento para cerrar su carrera. Sin embargo, a Iggy le pasó algo muy distinto. Luego de terminar la gira de promoción del álbum, se sintió vaciado, con deseos de refugiarse y desaparecer; según sus propias palabras, con deseos de ser libre. Y para Iggy la libertad claramente no es retirarse, sino que tiene que ver con decir cosas, no sabe hacerlo de otra forma, desde siempre ha sido así. Probablemente hace cuarenta años los medios que elegía para expresarse eran indudablemente más físicos, hoy día ya no necesita hacerlo de esa forma: con el tiempo, Pop ha aprendido a golpearnos de otras maneras, como por ejemplo prestando su voz para lanzar un álbum sentido y extrañamente íntimo, casi completamente alejado de lo que esperábamos de él. Puede haber alcanzado los 72 años, pero claramente entregarse al silencio no es uno de los planes del padrino del punk. Tenerlo con nosotros sigue siendo una fantástica sorpresa.


Artista: Iggy Pop

Disco: Free

Duración: 33:44

Año: 2019

Sello: Caroline International / Loma Vista


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