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Buckcherry – Confessions

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Los californianos de Buckcherry vuelven a la carga de la mano de su sexto larga duración titulado “Confessions”, un álbum de corte conceptual que se fundamenta en los siete pecados capitales, asociados a experiencias de vida del vocalista Josh Todd, y que forma parte de un proyecto mayor que también contempla la realización de un cortometraje a cargo del director Billy Jayne. El arte del disco es obra del grafitero Ewok, quien dibujó la carátula, además de diseñar las portadas de los siete pecados.

BUCKCHERRY 01El álbum fue grabado en los estudios “The Bastard Ranch” propiedad del guitarrista Keith Nelson, y la producción del trabajo estuvo a cargo de Marti Frederiksen. La placa será editada en Estados Unidos bajo el sello Century Media Records, mientras que para el resto del mundo su distribución correrá por cuenta de la discográfica Eleven Seven Music. El disco estará disponible en dos presentaciónes, la edición normal que consta de 13 canciones, y una edición de lujo que incluirá dos tracks adicionales: “Give ‘Em What They Want” y “When The Fire Starts”,  además del video del primer single, “Gluttony”, con su respectivo making of.

El sencillo “Gluttony” es el primer pecado en mostrar sus credenciales, una canción que derrocha energía y dinamismo con las poderosas secuencias de guitarra de Keith Nelson y la sólida voz de Todd. El álbum continúa con el tema “Wrath”, en donde el riff del bajo de Jimmy Ashhurst brilla con luces propias, y que paradójicamente no entrega toda la fuerza y violencia que su título sugiere. El comienzo de “Nothing Left But Tears” ofrece una melodía mucho más relajada y pausada, para posteriormente explotar en una base mucho más intensa, pero sin escaparse de su estructura de sonidos enérgicos y contenidos. La tendencia a los ritmos calmos se mantiene con “The Truth”, una pieza que destaca por su optimismo y vitalidad, y donde el sonido de las cuerdas asume un segundo plano, para delegar el protagonismo en la batería de Xavier Muriel y la depurada voz de Josh Todd. “Greed” vuelve a subir las revoluciones, incrementando la intensidad con la vehemencia de potentes ráfagas de energía, destacando los precisos solos de guitarra y los constantes cambios de ritmo. Con “Water” se comienza a evidenciar la falta de matices en la propuesta de Buckcherry, no existiendo un afán por incursionar en otras líneas musicales.La energía de “Seven Ways To Die” rompe el letargo, con una instrumentación que suena potente, pero cuya base rítmica no encaja del todo. Sin ser una track descartable, deja la amarga sensación de no estar completamente depurado.

BUCKCHERRY 02“Air” presenta una melodía con una textura más áspera, repleta de secuencias energéticas y aceleradas, marcando pauta la perfecta ejecución de Nelson y la batería de Muriel que no cesa de golpear. El sensible sonido del piano marca la introducción de “Sloth”, una composición que ofrece sufrimiento y amargura en cada una de sus líneas, con un latente tinte fúnebre que termina por fundamentar uno de los mejores cortes de la placa. “Pride” destaca por combinar el canto con una suerte de discurso, todo amalgamado con una entretenida y dinámica melodía. El sonido del bajo vuelve a aparecer en toda su magnitud en “Envy”, una canción que no logra sobresalir por sobre el resto del álbum, limitándose en su ambición por experimentar. El último de los pecados en tentarnos es “Lust”, cumpliendo su misión en base a sonidos nítidos y sintetizados, además de secuencias que suenan sólidas y demoledoras. El viaje a través del disco tiene una hermosa última parada con “Dreamin’ Of You”, una pieza sensible y delicada, adornada a la perfección por el sonido de la guitarra acústica de Stevie D. que estructura una inmejorable manera de terminar la experiencia de “Confessions”.

Con esta nueva entrega, Buckcherry se mantiene en su zona de confort, no arriesgándose a incursionar en nuevos estilos y tampoco matizando una propuesta ya conocida, siendo precisamente esta característica la mayor falencia que se puede encontrar en el álbum. “Confessions” no constituye para nada un paso en falso en la carrera de los norteamericanos, muy por el contrario, estamos en presencia de uno de los buenos elementos dentro de su discografía, destacando excelentes cortes, como lo son “Gluttony”, “Sloth” y “Dreamin’ Of You”. El día que los oriundos de California superen el principal de sus pecados, la pereza, y se decidan a aventurarse en otros terrenos, seremos testigos de la consagración de una de las bandas insignes del sleaze rock.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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