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Bring Me The Horizon – That’s The Spirit

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Hace poco más de diez años se formó en Sheffield, Bring Me The Horizon, una banda de adolescentes que se arrimaron al gran árbol del deathcore, estilo que por esa época vivía su mejor momento de la mano de grupos como Suicide Silence y All Shall Perish, para conquistar los oídos de hordas de adolescentes en todo el mundo y sacar ronchas de los más puristas, quienes vieron en el quinteto el peor reflejo del estilo. Luego de años de gritos, breakdowns y fervor teenager, los ingleses dieron su primer salto a la “madurez” con “Sempiternal” (2013), un disco bastante redondo que puso fin a las críticas de los medios, pero que encendió las antorchas entre los fanáticos extremistas al encontrarse con una banda que dejó a un guitarrista de lado para incorporar a un hombre encargado de lanzar samples y secuencias de sintetizadores, en cortes donde el poder y urgencia de sus primeros discos encontraba el equilibrio perfecto con el rock alternativo y sonidos más orientados al mainstream.

BRING ME THE HORIZON 01Habiéndose despachado uno de sus trabajos mejor logrados, a Bring Me The Horizon sólo le quedaba cruzar el portal para transformarse definitivamente en la nueva sensación mundial del metal británico, y con “That’s The Spirit” lo logran: aunque este larga duración no sea tan redondo como el anterior, la metamorfosis del grupo se ha completado. Bring Me The Horizon es algo totalmente distinto a lo que era hace diez años y, al parecer, se quedará así.

La placa comienza con “Doomed”, un tema bastante parecido a “Can You Fell My Heart”, con muchos sintetizadores y bases electrónicas, lo que hace sentido cuando la misma banda ha declarado que este disco es una continuación directa de su predecesor, por lo que tenemos un inicio potente y que marca la pauta para lo que se viene. “Happy Song” cae con una atmósfera tipo Deftones, y un coro poderoso donde destaca la voz de  Oliver Sykes, quien en estudio suena espectacular, abandonando los gritos y concentrándose en el canto limpio, pero que en vivo deja mucho que desear, recurriendo al playback o relegando parte de su trabajo a Jordan Fish, esto debido a sus problemas de garganta, producto de años de guturales desgarrados, lo que quita puntos a un poder que en estudio es avasallador y que en “Happy Song” se desata con todo en su explosivo clímax.

Dejando en claro el sendero por el cual está avanzando la banda, “Throne” comienza con un buen juego de sintetizadores que dan pie a las guitarras y los fraseos de Sykes, en un sencillo que lleva la estampa de Linkin Park en cada una de sus notas. Los norteamericanos han servido de gran BRING ME THE HORIZON 02inspiración para los ingleses en los últimos años, y su influencia queda plasmada en un corte directo y potente, que se instala como lo mejor del álbum. Por esos mismos lugares se mueve “True Friends”, otra canción ideada para cantar en multitud, cerrando el trepidante inicio de “That’s The Spirit”.

“Follow You” marca el primer quiebre del álbum. Percusiones sintetizadas, pianos, guitarras arpegiadas y emocionales, y un coro digno de Maroon 5, arremeten en una canción melosa a más no poder, pero que funciona perfectamente y da un aire renovado al quinteto, porque de aquí en adelante la banda se mete de lleno en el metal alternativo. “What You Need”, “Avalanche” y “Run” funcionan como el perfecto reflejo de la búsqueda que ha realizado la banda con este LP: sintetizadores y voz como principales conductores, guitarras eléctricas que funcionan como grandes murallas de apoyo y una batería que se la juega por destacar sobre los simples arreglos. Todo se ha simplificado y ya ni siquiera hay espacio para un buen breakdown.

Mucho se ha criticado de la “simplicidad” con la que ha trabajado el conjunto este nuevo disco, de una “pobreza musical” donde prima el coro ganchero y lo demás es puro relleno. Y puede que sea cierto, pero la fórmula funciona cuando se hace bien, y “Drown”, estrenada el año pasado, puede ser una de las mejores canciones que ha parido la banda. De una simpleza absoluta, que puede hasta resultar efectista, se queda en la memoria inmediatamente. La jugada les sale bien cuando están inspirados, sólo deben aprender a pulirla.

BRING ME THE HORIZON 03Para terminar llega “Blasphemy”, que podría ser confundida fácilmente con un tema de Imagine Dragons, y la más extraña de todas, “Oh No”, popera y bailable a más no poder, que trae incluso un saxofón tipo Kenny G, llevándolo todo al otro extremo. Comparar “Pray For Plagues”, corte que abre el álbum debut del grupo, “Count Your Blessings” (2006), con “Oh No”, es encontrarse con dos universos completamente distintos.

Lo más seguro es que muchos hayan abandonado a la banda después de haber escuchado “That’s The Spirit”, después de todo, el cambio fue drástico y se dio en tan sólo dos discos. Una cosa por otra, eso lo sabe Bring Me The Horizon que, con su quinta placa, ha dado el salto definitivo al rock de masas, haciendo abandono casi total de sus raíces. Para este redactor, “Sempiternal” seguirá siendo la mejor muestra de equilibrio entre las dos caras del grupo, y ojalá que en el futuro recuperen esa senda porque, a pesar de que “That’s The Spirit” tiene grandes aciertos y muchas de las canciones cumplen con su objetivo, la falta de agresividad se nota, y por muchos buenos coros que se puedan escribir, la chispa de antaño se echa de menos.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.

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