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Blink-182 – “California”

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No han sido fáciles las cosas para Blink-182 en el último período. Desde su salida de MCA, no han logrado encontrar una casa discográfica con la que se sientan a gusto. Además, el año 2008 fallece Jerry Finn, productor que los acompañó en la época de mayor éxito de la banda y, como si todo esto fuera poco, en una historia de tintes novelescos, tras casi un año de declaraciones cruzadas, Tom DeLonge (guitarrista y fundador de la banda) decide dejar el conjunto declarando que en realidad no tiene el tiempo suficiente como para dedicarse a Blink-182 y, al mismo tiempo, seguir adelante con el resto de sus proyectos, donde destacan su carrera solista y su afición al estudio y difusión del fenómeno alien (recientemente publicó el libro “Sekret Machines”).

BLINK-182 01Intentando sortear las dificultades de a una, la dupla Hoppus/Barker en primer lugar opta por asentarse en BMG, luego decide inclinarse por la asesoría de John Feldman (vocalista y guitarrista de Goldfinger) y finalmente se anima a llenar el vacío dejado por DeLonge con el guitarrista de Alkaline Trio, Matt Skiba. Con todo esto en el horizonte, “California” debía responder varias preguntas. La primera y más relevante, en relación al sonido de esta nueva encarnación de la banda que, teniendo a Hoppus y Barker como cabezas del proyecto, corría el riesgo de sonar a una versión renovada de +44. Y la segunda, acerca del lugar que iba a lograr ocupar Skiba, si tan sólo como un reemplazo de DeLonge o como un integrante con identidad propia. Por fortuna, tras escuchar el nuevo disco, ambas preguntas quedan claramente respondidas.

Para el regocijo de todos los que se vieron defraudados con el estilo desplegado en “Neighborhoods” (2011), los momentos de aire skater y punk rock clásico se toman buena parte del disco, destacando en esta línea “Cynical”, con un Travis Barker que lo deja todo al momento de entrar a los 29 segundos, la veraniega y sencilla “She’s Out Of Her Mind”, que nos traslada desde el inicio a la época de “Enema Of The State” (1999) y además tiene la particularidad de incluir a Alabama Barker en los teclados (hija de Travis, de tan solo 10 años), “No Future” y “Rabbit Hole”, ambas inmediatas y contagiosas, y “The Only Thing That Matters”, que con menos de dos minutos y una linea de bajo acelerada y protagónica se instala por lejos como la más old school del álbum, en sintonía con el estilo que la banda mostrara hace casi veinte años en “Dude Ranch” (1997).

Por otro lado, para aquellos que disfrutan más de lo mostrado por Blink-182 desde su álbum homónimo en adelante, también hay suficiente espacio. “Bored To Death”, de hecho, se instala tan marcadamente en esta línea, que los primeros segundos del track evocan casi por instinto a “Feeling This”. “Sober” –coescrita con Patrick Stump de Fall Out Boy–, “California” y “Left Alone” apuntan en este mismo sentido, destacando fundamentalmente porque, al mismo tiempo que respetan el sonido de la banda, evitan caer en al ánimo sombrío que contagió al conjunto en sus últimas entregas. Por su BLINK-182 02lado, “San Diego” sobresale como el único corte que abiertamete habla de Tom DeLonge (ya que la interpretación del resto de las letras puede apuntar en ese sentido en más de un corte), mientras que la balada “Home Is Such A Lonely Place” se anota un momento innovador e inusual para la banda.  Mención aparte merecen “Built This Pool” y “Brohemian Rhapsody”, ambas destinadas a recordarnos que, si bien los años han pasado, el espíritu lúdico y juvenil sigue ahí.

Una de las fortalezas de “California” pasa por la capacidad del grupo para permitir que cada una de las distintas personalidades de la banda ocupe su lugar sin necesidad de exclusiones, permitiendo que convivan de forma natural y fluida desde bromas de humor adolescente hasta una balada de aire paternal, sin perder un ápice de identidad musical. Otro de los puntos altos tiene que ver con el lugar que Matt Skiba ha llegado a ocupar al grupo, ya que el líder de Alkaline Trio no se ha limitado a ser un mero reemplazo, logrando teñir de su particular dinamismo cada uno de los cortes donde participa, acoplandose además de excelente forma con Hoppus en los vocales. Por último y quizás lo más relevante es que, a pesar de lo dificil del último periodo, los californianos no parecen una banda cansada, sino que, muy por el contrario, suenan renovados y con energía. “California” definitivamente deja la sensación de que Blink-182 aún tiene algunos aces por jugar.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.

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