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Black Label Society – Catacombs Of The Black Vatican

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Zakk Wylde es sinónimo de pasión, constancia y dedicación, además de ser el dueño de una gran técnica musical y de una imagen icónica que lo ha transformado en uno de los guitar hero más imitados y envidiados de los últimos 25 años. El que se transformó en el guitarrista de Ozzy Osbourne durante la segunda mitad de los años 80’s con tan sólo 21 años, consiguió editar un increíble álbum como “Pride And Glory” (1994)  lejos de la sombra del príncipe de las tinieblas y finalmente fundó Black Label Society, una banda que, en un tiempo relativamente corto, consiguió numerosos discos exitosos ganando terreno en el mundo del metal, y que nos entrega ahora “Catacombs Of The Black Vatican”, un disco que se compone de 11 canciones notoriamente influenciadas por el estilo southern.

BLACK LABEL SOCIETY 01No está de más señalar que, aún después de la partida de Nick “The Evil Twin” Catanese del Doom Crew, el frontman de BLS aseguró entre bromas que el sonido sería el mismo que el de los discos previos, pero las canciones tendrían distintos títulos. Empezamos escuchando “Fields Of Unforgiveness”, que abre con clase el playlist: un potente riff nos lleva por estrofas más pausadas, pero sin perder fuerza para llegar a un solo perfectamente escrito para la canción, como si fueran pistas que nos llevan a presagiar que lo que nos espera es un álbum con el sello de calidad Wylde. Y así lo confirmamos con “My Dying Time”, que nos regala una guitarra más protagonista que en el tema anterior, mientras que “Believe” completa de manera perfecta la tripleta inicial. Tenemos de esta manera tres canciones potentes que no desentonan ni nos dan un segundo para distraernos.

“Angel Of Mercy” es la calma después de la tormenta. La balada melancólica del disco nos permite escuchar la increíble voz de Zakk, con el mismo tono natural que guardan los discos del inicio de su carrera, como un verdadero transmisor de energía y emoción que se distorsiona para entregar potencia y melodía en “Heart Of Darkness”, una típica canción BLS: heavy, construida en base a un riff rápido y con los armónicos al estilo Wylde durante los coros.

“Beyond The Down”, ubicada justo en la mitad del disco, es la encargada de disminuir la velocidad pero no la potencia y, al igual que su predecesora, está impregnada de la esencia Berzeker.  “Scars” es otra prueba acústica superada de manera devastadora, es profunda y llena de sentimiento, donde además de volver a escuchar esa voz limpia y privilegiada, disfrutamos de un perfecto solo antes de cerrar volviendo a lo acústico. “Damn The Flood” contrasta completamente con el sonido anterior, BLACK LABEL SOCIETY 02subiendo el volumen de los amplificadores a 11. Una guitarra que suena violentamente, una voz sin límite y un solo sin piedad, están combinados de manera perfecta para dar como resultado una canción de gran calidad. “I’ve Gone Away” nos hace vivir distintos momentos al alternar ritmos rápidos con estrofas melódicas, y “Empty Promises” nos envuelve en una atmósfera oscura y profunda.  “Catacombs Of The Black Vatican” termina con “Shades Of Grey”, otra balada delicada y profunda, con un gran solo en el que “Father Zakk” se luce con gloria y majestad.

Así, con canciones potentes y bien escritas, Black Label Society vuelve con estilo y en gran forma. Sin perder la inspiración que los ha iluminado durante toda su carrera, nos regala un disco que no aburre escuchar más de una vez, que alterna canciones suaves con otras más pesadas y que podría ser perfectamente un punto medio entre “Order Of The Black” (2010) y “Unblackened” (2013). A pesar de sonar bastante parecido a toda la discografía anterior, “Catacombs Of The Black Vatican” no es una copia de las placas que le preceden, es un proyecto con identidad propia que se va liberando a medida que escuchamos cada canción.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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