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Björk – Vulnicura

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A la islandesa Björk hay que reconocerle el mérito de ser una de las artistas más innovadoras del mundo de la música, tanto musical como estéticamente. Durante más de veinte años, después de su debut llamado simplemente “Debut” (1993), ha navegado con mano firme sobre los mares de la industria imponiendo sus propias reglas, con resultados más o menos disímiles, pero siempre aclamados por la crítica. Su último disco, “Biophilia” (2011), es un proyecto audiovisual complejo y sumamente difícil de digerir, que incluso tiene una aplicación para dispositivos móviles. Este año ha dado una vuelta de timón y ha regresado con un nuevo álbum llamado “Vulnicura”.

BJORK 01Es complicado escuchar este disco y entender el concepto que hay detrás de él sin sentir un nudo en la garganta. Todo aquello relativo a “Vulnicura” exuda tristeza profunda y lacerante, incluso su nombre, que significa “cura para las heridas” (Vulnus-Cura) y su portada, que muestra a la mismísima Björk con el pecho abierto aparentemente a carne viva, da señales de lo crudo que es este disco. “Vulnicura” es una oda al dolor y la desesperanza a raíz de un quiebre amoroso con su novio de más de una década, el artista visual Matthew Barney. Para lograr plasmar toda esta tristeza, se alió con el productor venezolano Alejandro Ghersi, más conocido en los círculos de música experimental como Arca, quien co-produjo la mayoría de las canciones. El efecto inmediato se siente brutalmente en “Stonemilker”, la preciosamente desoladora pieza que abre el álbum, construida en arreglos de cuerdas con un beat resonante y profundo. La intro de “Lionsong” recuerda brevemente a “Hide And Seek” de Imogen Heap –otra voz femenina destacada- en el tratamiento de la voz con vocoder, otorgándole una duplicidad vocal que, junto a las programaciones de Arca y los arreglos de cuerdas, entrega una gran canción.

“History Of Touches” es una especie de recreación metafórica, pero por ratos con tintes gráficos, casi una exhumación lírica y musicalmente hablando del momento en que el amor termina, y en esa misma senda renguea “Black Lake”, nuevamente nutriéndose de los arreglos de cuerdas y la sutil pero ascendente percusión de Arca. Quizás la canción más sentida y dolorosa de este disco, al menos en lo que el concepto ya contiene, es “Family” (“¿Hay algún lugar donde pueda rendir respetos a la muerte de mi familia?”, como notable línea de apertura), contando con la colaboración de otro de los grandes nombres que tiene este álbum, el británico Bobby Krlic, más conocido como The Haxan Cloak. Krlic voltea la canción alrededor del tercer minuto en una tétrica oda al desamor, siempre montada lánguidamente en los omnipresentes arreglos.

BJORK 02Tal vez el único momento luminoso, aunque tenso a ratos, es “Notget”, que parte con arreglos más alegres, pero desemboca en un beat complicado de digerir, amarrado a sintetizadores casi industriales. En la sincopada “Atom Dance” le secunda un conocido de la islandesa, el inglés Antony Hegarty, quien ya colaboró en “The Dull Flame Of Desire” de su álbum “Volta” (2007), un verdadero oasis más orientado al pop entre “Medulla” (2004) y el mencionado “Biophilia”. Los momentos solemnes siempre inundados de las programaciones glitch de Arca, vuelven en “Mouth Mantra”, terminando con la ambivalente “Quicksand”, una pieza casi drum’n’bass que de alguna forma suena en el álbum como un atisbo de esperanza, de superación, al menos musicalmente y líricamente también.

“Vulnicura” es muchas cosas al mismo tiempo: un vehículo para expresar el dolor más profundo de Björk frente a una pérdida amorosa y familiar, inclusive. Es un nuevo quiebre musical en su carrera, alejada de cerebralidades y de abstracciones demasiado profundas, totalmente ajena a la pista de baile o a estructuras pop estándar, y quizás por esto mismo es una carta a corazón abierto, desnuda y sensible. Un disco profundamente motivo, pero intelectualmente estimulante al mismo tiempo, obligando a correlacionar música y concepto y, a la vez, obliga a aglutinar toda esta unidad en la obra de Björk, para finalmente decir que sin duda es el mejor álbum que ha publicado en los últimos diez años. Tal vez lanzar un álbum desde las tripas funciona, siempre y cuando se tenga aliados que te enrielen en la tarea.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. leon

    02-Feb-2015 en 10:57 pm

    hola!
    creo que tu review esta mas detallado que el de rockaxis,con tu escrito me convence y escucho si o si el disco!!

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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