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Biffy Clyro – “Ellipsis”

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Según la RAE, la elipsis es una figura gramatical que suprime cierta construcción sintáctica en una oración, siendo su contenido dilucidado por el contexto. Según ciertos ejemplos, podemos intuir que esta tiene la clara función de ahorrar palabras, o sea, de simplificar un texto. ¿Qué se puede esperar de un álbum que lleve como título el nombre de esta construcción, y de su portada la imagen de tres tipos desnudos manteniendo una clara posición fetal?  Fuera de engaño, algo no tan infantil, sino la vuelta a lo primigenio tras la concepción de una idea y de cómo surge la madurez suficiente para poder expresarla de forma más simple. Los escoceses de Biffy Clyro ya cumplen dos décadas de trabajo y dejan a la vista que han conquistado la facilidad de palabra que viene con los años.

biffy-clyro-01Sucediendo a “Opposites” (2013), “Ellipsis”(2016) se erige como uno de los trabajos más personales de la banda desde “Puzzle” (2007). Como para grandes cambios se necesitan nuevos rostros, los Clyro no dudaron en cambiar a su antiguo productor, Garth Richardson por Rich Costey, poniendo de manifiesto que la personalidad que han conquistado como banda ha dependido siempre de ellos mismos y no tanto de las personas con las que trabajan. El disco empieza casi con una arenga; un “haka” llamado “Wolves Of Winter”: casi un himno que dirigen a los que en algún momento no creyeron en ellos. El tema posee un toque casi marcial gracias a los martillazos de la batería, desenfadadas líneas de bajo y un coro que de lo más bien puede ser entonado en las grandes arenas a las que la banda está más que acostumbrada. Esa furia y poder contenidos también se encuentran en “On A Bang”, sin duda uno de los temas del disco que más recuerda al sonido antiguo de los escoceses: “Now You know better, can´t you fucking do better?”, es la pregunta que se deja oír de manera desafiante.

“Ellipsis” es un disco que muestra esa revancha tras la consagración, retratando cómo las partes involucradas han debido lidiar con esto: desde la lucha del vocalista con la depresión, la nueva conciencia que se genera a medida que se va envejeciendo y cómo ciertas luchas se siguen manteniendo en desmedro de las que ya se dieron por perdidas. Así es como esta red sonora nos entrega temas que siguen manteniendo más vivo que nunca el espíritu de Biffy Clyro, por ejemplo, “Friends And Enemies”, la de factura más hard rock clásico “Animal Style” y “Flammable”, que tiene unos riffs de guitarra entrañables al finalizar y unos “who-ooo-ohs” muy pegagosos.

biffy-clyro-02La deuda del disco radica en que no puede generar esa conexión personal en los temas acústicos o de formato balada. Salvo “People”, donde la voz de Simon Neil sí expresa una emotividad que calza perfectamente con los arreglos, hay algo en “Medicine” y “Re-Arrange” que no transmite. Raro para temas que están melódica y líricamente bien construidos, y más para una agrupación que nos ha deleitado con canciones de esta factura como, como “Many Of Horror”, “Machines” y “The Thaw”, entre otras.

Lo bueno de Biffy Clyro es su sentido del humor. Siempre cuentan en sus discos con alguna canción que suple el rol del chiste que se narra en la madrugada, cuando ya nadie ríe en las fiestas. “Ellipsis” no fue la excepción con “Small Wishes”: una oda a la independencia escocesa hecha en clave folk-naive con silbatitos, campanitas y una letra de lo más divertida. Esta es seguida por el último de los tres singles del disco: “Howl”, que acompañado de un video en el que vemos a unos graciosos Biffy, es de los temas más “pop friendly” del álbum. Sin duda un trabajo que no nos aleja mucho de la dirección sonora que Biffy Clyro adoptó desde “Puzzle” y que se ha convertido en una buena manera de coronar estas dos décadas de carrera.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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