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Between The Buried And Me – Coma Ecliptic

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Between The Buried And Me es una banda consolidada: hace diez años mantiene una formación estable y, desde el transversalmente aclamado “Colors” (2007), han cimentado una no despreciable base de seguidores gracias a su particular integración de elementos del metalcore y el death metal en su propuesta progresiva. Bastante prolíficos, han registrado seis álbumes desde su homónimo debut en 2002, además de dos discos en vivo, un CD de covers y un EP. De hecho, esta es la ocasión en que más tiempo se tomaron entre discos: tres años han pasado desde la salida al mercado de “The Parallax II: Future Sequence”, y se agradece que a este álbum le hayan dedicado un período más largo. Progresiones complejas y una buena cuota de virtuosismo dan vida a “Coma Ecliptic”, una obra BETWEEN THE BURIED AND ME 02conceptual mucho más melódica y accesible que sus antecesores en términos generales.

El nombre del álbum refiere al concepto que guía su desarrollo: la historia de un sujeto que, cansado de su vida, decide sumergirse en estado de coma y viajar a través de sus vidas pasadas, buscando encontrar algo mejor que su presente. Durante este recorrido, el protagonista tiene la posibilidad de quedarse en alguna de estas vidas pasadas o despertar y continuar su vida normal. Este viaje onírico retratado en las letras, se asemeja bastante al periplo que este séptimo LP representa para la banda: un recorrido por sus influencias y un repaso a su evolución como conjunto.

El giro hacia el rock progresivo de los 70 se hace patente en piezas como “Node” y “King  Redeem / Queen Serene”. Saltan a la vista influencias de ese género, como Yes y Pink Floyd, pero también acuden elementos del jazz fusión, estilo que se ha manifestado sutil pero constante en los últimos trabajos de la banda. En ambas canciones se aprecia una impresionante similitud entre el timbre del vocalista, Tommy Giles Rogers, y el de Steven Wilson, así como se reconocen ciertos elementos del sonido de sus trabajos solistas. Esta clase de influencias se quedan, no obstante, sólo en la composición; el disco “suena” actual, ya que el tono de guitarras y la producción en la batería apuntan –como en sus trabajos anteriores- a conseguir un sonido moderno, aunque rescatando el dinamismo del vintage que suele escasear en la actualidad.

BETWEEN THE BURIED AND ME 01Como es habitual en el género progresivo, las canciones se estructuran de manera heterodoxa, dando giros impredecibles continuamente. Así, los cambios de ritmo y tempo en medio de una canción se vuelven habituales. A pesar de estos insistentes giros, las canciones no pierden el rumbo: los motivos se mantienen a lo largo de las piezas. Esto se aprecia en tracks como “The Coma Machine” o “Famine Wolf” que, aunque cambiantes, consiguen combinar las secciones de manera coherente, jugando con la tensión y provocando una interesante sensación de movimiento. Hay pasajes en los que el disco se torna demasiado denso, incluso para un oído acostumbrado a las atmósferas que genera el metal progresivo. Es en aquellos momentos en los que se valora la impecable mezcla del experimentado Jamie King, quien logra encausar las altamente técnicas interpretaciones de batería y guitarras en un todo complejo pero entendible. Así, composiciones que exploran los límites de lo auditivamente agradable, como “The Ectopic Stroll” y “Option Oblivion”, terminarían ocasionando un seguro dolor de cabeza de no ser por la siempre adecuada producción de King.

En “Coma Ecliptic”, el quinteto estadounidense dicta una iluminada cátedra de metal moderno, repasando distintos estilos dentro del mismo género. Un álbum que, además de contar con los recursos para cumplir las expectativas de los seguidores de la banda, puede encantar e introducir a nuevos fanáticos no sólo a la obra de Between The Buried And Me, sino al metal progresivo en general.

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Triggerfinger – “Colossus”

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Colossus

Están por cumplir 20 años de carrera. Dos décadas que parecen mucho y poco al mismo tiempo. Triggerfinger es una banda que, con cinco discos a cuestas, nada tiene que demostrar y que, sin embargo, no ha logrado encontrar el punto de despegue para llegar a la cima y codearse con los más grandes de la escena (no siendo teloneros, claro está). Pero ¿qué los hace tan especiales? No son genios incomprendidos ni nada por el estilo; de hecho, su sonido es muy fácil de digerir, sin que ello implique falta de originalidad o de agudeza creativa.

El stoner rock y el rockabilly son los componentes que perfilan la fórmula de este power trio oriundo de Bélgica, siendo un buen punto de referencia la semejanza estilística que comparte con Queens Of The Stone Age: ambas agrupaciones nacieron por la misma época, tienen una estética retro, y las dos son insolentemente seductoras y onderas. Esto último evidenciado por sus respectivos frontman, ya que, así como Josh Homme posee un carisma desbordante, Ruben Block no se queda corto, derrochando presencia escénica por montones.

El post punk se hace presente en “Colossus”, canción que da el nombre a este álbum. Parte enérgico y crudo, con la particularidad de que acá intervienen dos bajos, uno de ellos afinado lo más agudo posible buscando reemplazar a la guitarra, tarea que estos belgas cumplen satisfactoriamente. “Flesh Tight” es de esos temas que de lejos se nota que son singles: cuenta con una estructura rítmica y melódica que la hace en extremo pegadiza, adicionada a la incorporación de un teclado que, en contraste con la sugerente voz de Block, da como resultado una pieza que deja un halo siniestro escondido bajo una atmósfera retro. Muy rocanrolero.

“Candy Killer” emerge misteriosa y parsimoniosa, como aquella tranquilidad que antecede a la tormenta. Inicia con la ejecución del bajo de Paul Van Bruystegem, la que, a modo cortina sonora, mantiene la tensión y dramatismo hasta el final. Con “Upstairs Box” se manifiesta una mezcla de arreglos sesenteros de dos vertientes: por un lado se distinguen articulaciones psicodélicas procedentes de la guitarra de Block, y por otro, Mario Goossens prolonga el ritmo con una percusión al más estilo pop de antaño, elementos que se combinan armoniosamente.

“Afterglow” logra evocar pasajes crepusculares, es una pieza principalmente acústica, que destaca por su sedosidad melódica y su final, donde se desarrolla un desgarrador solo de guitarra. Después de este paréntesis auditivo, la potencia nuevamente adquiere ventaja. “Breathlessness” emerge con un aire brit, lo que, expresado a través de las seis cuerdas de Block, recuerda al inconfundible sonido de Oasis. “That’ll Be The Day” es otro de los temas que encuentran su mejor desarrollo en el coro, donde la cadencia sonora se transforma en un quiebre para una composición que tiene una estructura en base a sintetizadores y percusiones que emulan sonidos industriales. Mientras tanto, el bajo sigue siendo el que marca la pauta a través de intensos riffs. “Bring Me Back A Live Wild One” tiene buen pulso, posee algo de blues y de rock & roll, pero en una medida que le permite conservar su carácter moderno.

“Steady Me” parece sacado de una colección de lados B, o al menos no parece encajar con el esquema propuesto en este LP, jugando con el tempo, con los arreglos vocales y con distorsiones sonoras, una buena amalgama de sonidos que, lejos de asustar, se transforma en una buena forma de acercarse al término de esta lista de tracks. Acá estamos ante un desenlace por partida doble. Por un lado, “Wollensak Walk” se presenta en una pieza instrumental de blues que logra evocar parajes desérticos tipo western. Simple, pero muy efectivo; al menos ese es el final lógico. Sin embargo, 20 segundos después emerge el remate oficial disfrazado de pista oculta en una apología a la música campirana del sur de EE.UU, curiosa elección viniendo de una banda europea. Es tan hermosamente inesperado como “Das Schützenfest” de Faith No More.

Este último lanzamiento mantiene la esencia que Triggerfinger ha venido cultivando desde su debut en 2004 con su producción homónima, no obstante, aquellas experimentaciones que plasman casi al final de esta placa sugieren que existe un deseo que los empuja a salir de su zona de confort. Deseo que podría impulsar o sepultar su carrera. Sin embargo, estamos ante un disco fresco y versátil, cualidades que están lejos de ser tan solo muestra de su potencial. Han demostrado que saben cómo construir atmósferas, pues la gama de estilos presentes se logra cocinar bien en esta obra, donde lo stoner, lo ochentero, lo psicodélico y la sensualidad de la voz de Block se entrelazan, dando como resultado a este gigante, este coloso.


Artista: TriggerfingerColossus

Disco: Colossus

Duración: 36:23

Año: 2017

Sello: Mascot Records


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