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Ben Harper & Charlie Musselwhite – Get Up!

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El blues tiene exponentes notables en este siglo XXI, que tratan de hacer lo posible para hacer sonar fresco un estilo que muchos creen anquilosado. En un tiempo donde los revival son pan de cada día, el rescate del estilo propio y el intento por llevar las canciones un poco más allá, ha hecho de Ben Harper uno de los más destacados artistas norteamericanos, pese a que la masividad no sea lo suyo, siempre poniendo atención a las mezclas que se pueden hacer. El llamado de Harper a “despertar”, como sugiere su último lanzamiento, quizás sea para remecer al blues o para abrirle los ojos a gente que cree que este sonido está bajo tierra. Quizás es por eso que se hace acompañar por uno de los pocos blancos que sonaban fuerte en el blues sesentero, Charlie Musselwhite, quien con su voz y armónica legendaria pone las cosas en su lugar.

Ben Harper and Charlie Musselwhite 01No es el mejor disco de Harper, ni menos el de Musselwhite, pero por lo menos debe ser la colaboración más vital que hayan hecho ambos en un buen tiempo. Charlie ha estado dándole vueltas a su legado en el último tiempo, mientras que Ben desde 2004 (cuando hizo “There Will Be Light” con los Blind Boys Of Alabama) que no sonaba así de comprometido con la música.

Diez tracks y 40 minutos son suficientes para que la línea general del disco, uno donde el tono de la armónica se toma la escena muchas veces, sea colorido y extenso en matices, lo que hace que la prédica góspel de “We Can’t End This Way” logre encajar perfectamente con la rockera “I Don’t Believe A Word You Say”. Punto alto de este disco es la apertura con “Don’t Look Twice”, que crece desde la oscuridad de la guitarra blusera como debe ser tocada, con dolor y misterio, hacia la inclusión de la banda, dejando una canción que cerca del final sólo posee intensidad bien construida.

Ben Harper and Charlie Musselwhite 02El track más largo es también el que le da su nombre al álbum y nos encontramos con una eximia línea de bajo y una letra que no deja a nadie indiferente, “no me digas que no puedo quebrar la ley / cuando la ley no me ha quebrado a mí”. Todo un himno para una sociedad que se ha alzado por cambios en todo el mundo, y que resume el espíritu del resultado de esta colaboración.

Si bien a veces se cae en el arquetipo compositivo del blues, son los matices y la actitud de los intérpretes lo que le sacan provecho a canciones buenas. Sonando fresco, Musselwhite se impregnó del aventurero Harper para armar un material que configura uno de los buenos discos de este inicio de año, perfecto para despertar en medio de un fogoso verano.

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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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