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Beck – Morning Phase

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Si bien, es cierto que Beck se tomó un largo período para publicar este último disco, sería bastante apresurado presumir que tan sólo se trató de un lapso de inactividad premeditado, de esos años sabáticos que de vez en cuando la mayoría de los artistas ocupan para atender asuntos personales postergados. Este norteamericano, durante los seis años que siguieron luego de la publicación de “Modern Guilt” (2008), se dedicó a componer y pulir, tanto canciones que aparecen en esta nueva placa, como temas inéditos publicados independientemente. Y fue tanta la fluidez creativa, que se habla de un segundo lanzamiento dentro de los próximos meses, que en oposición a este cálido e introspectivo “Morning Phase”, contaría con arreglos más rítmicos y animados. Este decimosegundo disco de estudio, es un trabajo acústico con rasgos reminiscentes a “Sea Change” (2002), compartiendo músicos y efectos sonoros que los convierten en proyectos hermanos.

BECK 01Beck Hansen ha logrado destacar por su estilo característico, repleto de letras irónicas junto con articulaciones sofisticadas y psicodélicas, otorgándole un sello tan propio, que configuraciones como las presentes en este reciente disco dan de algún modo un equilibrio que apuesta por lo transversal, y constituye una evolución y madurez musical evidente. Esta radicalidad se hace incuestionable desde “Cycle”, que a través de medio minuto de duración, nos predispone a una obra reflexiva, con sonidos plenamente orquestales y sobrecogedores. En “Morning” aparecen las guitarras acústicas y la voz de Beck, presentándonos melodías conmovedoras y una atmósfera de ensoñación que se mantendrá a lo largo de todo este trabajo. “Heart Is A Drum” es una pieza bastante rítmica, que se desarrolla poco a poco hasta consolidarse en estructuras específicas del pop más innovador, donde podemos encontrar los ecos y susurros ambientales representativos de su inconfundible estilo. En “Say Goodbye” aparece un banjo, otorgando la marca distintiva del folk, mientras se funde sutilmente con las guitarras acústicas.

“Blue Moon” quizás sea el tema más radial de esta producción, y no es algo tirado al azar, ya que se trata del primer sencillo promocional de este “Morning Phase”, conteniendo una mezcolanza perfecta de las propuestas que aparecen independientemente en este registro. Las distorsiones y los beats electrónicos se dan el lujo de manifestarse en “Unforgiven”, que cuenta con la inclusión de unos bajos sumamente envolventes y arreglos orquestales que se van arrastrando apaciblemente junto con un melancólico y ululante Beck. A la mitad de esta obra, “Wave” adquiere el protagonismo, presentándose con unos dramáticos violines, que configuran a este como el tema más sombrío de la placa. Con “Don’t Le It Go” –aunque igualmente triste-, retornamos a sonidos más cercanos a lo que encontramos en el country moderno, seguido de “Blackbird Chain” que se desarrolla con unos ligeros acordes atemporales, convirtiéndose en una propuesta bastante atractiva.

BECK 02“Phase” configura la antesala final de la última tanda de este larga duración, emergiendo a modo de interludio con la misma estructura del tema que dio el pie de apertura a este registro. No tiene relevancia significativa, ya que orgánicamente es innecesario. En “Turn Away” la voz de Hansen surge por entremedio de una guitarra llana y melodías que en algunos momentos nos podrían hacer pensar en un lejano oeste; en el mismo de las películas de western de antaño. Sorprendentemente, ya casi al final de esta entrega, aparece “Country Down” con la inclusión de una armónica –uno de los distintivos más típicos de este güero-, y que precede a “Waking Light”, última pista de esta reproducción y que corresponde al segundo single lanzado, previo a la publicación oficial de este disco, imponiéndose como un perfecto ending, siendo el punto culmine de este corte que apuesta por lo emocional.

Con “Morning Phase”, Beck demuestra que no es necesario apelar a recursos trágicos personales para dar cabida a un disco sincero, melancólico y tan diáfano como este. La presión mediática ya no parece ser un problema para él; logra desenvolverse versátilmente a través de mundos que van desde lo más jaranero y lúdico, a lo más reflexivo y armónico. Este es un disco que deja en evidencia el constante progreso, madurez e innovación a los que se aferra este oriundo de Los Angeles, invitando a emocionarnos un poco y disfrutar de las auras más cálidas que pueden salir de la mente de este ser para nada loser.

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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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