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Beach House – Bloom

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Una de las cosas que más se habló al momento en que Beach House lanzó “Teen Dream” (2010), era la tensión sexual que existía en el disco, apoyado por los –supuestos- sentimientos amorosos existentes entre Victoria Legrand y Alex Scally. Algo que ambos siempre negaron. Pues si existió o no, la tensión terminó. Porque con este nuevo trabajo, la pareja (musical) nos relaja y nos calma; con “Bloom” nos invitan a soñar.

Cuando “Myth”, primer single del disco, comienza a sonar, entramos de inmediato en la hipnosis de un track que, con sólo un quiebre en medio de la canción donde el ritmo de la batería aumenta su intensidad, no nos muestra más que la nostalgia y los recuerdos, rematada por el sonido del teclado que concluye de repente, como cerrando una cajita de música. Y cerrando esos recuerdos.

Oposición perfecta con “Wild”, que nos lleva hacia el otro extremo, donde aún hay esperanzas; una canción que suena muy linda sin ser en extremo limpia. Uno de los mejores elementos que componen “Bloom”. Y siguiendo con esta tónica, en que la voz de Victoria parece ser la mejor inducción hipnótica, aparece el segundo sencillo del álbum, llamado “Lazuli”. Aquí, el teclado suena casi como de juguete y, combinado con los coros de Legrand, se transforma en una pieza melancólica que si bien mejora en su desenlace, al resto de la canción le hace falta esa profundidad que sentimos hacia el final.

Con estos primeros temas, ya es posible visualizar los distintos matices que componen este larga duración, un trabajo muy bien armado que, en su totalidad, gira sobre un mismo eje. En “Other People”, Victoria nos regala su voz más melodiosa y relajante; bajo la misma tónica de “The Hours”, en la que además pareciera decirnos que dejemos ir las imágenes y los recuerdos que tenemos; llama a despreocuparnos.

Las primeras notas del teclado en “Troublemaker”, de a poco, empiezan a desenmascarar a una de las mejores canciones del disco. Una sucesión de sonidos hermosos, provocados por la prolijidad de Alex, se entrelazan con los tonos angelicales de Legrand en un tema que es capaz de dejarnos distintas postales a lo largo de sus casi cinco minutos de duración. Si pudiésemos definir a “Bloom” con sólo una canción, esa sería “Troublemaker”.

“New Year” aumenta levemente sus revoluciones y podría estar hablándonos con la misma temática que “The Hours”: superemos las etapas, no volvamos atrás, olvidémonos de todo y sigamos viviendo. Otra muy bonita canción. Y con “Wishes” entramos en la recta final de “Bloom”, siendo una sucesión muy acorde a “New Year”, como momento cúlmine antes del quiebre que viene a continuación.

En “On The Sea”, el teclado nuevamente se alza con el papel estelar, con una melodía como sacada de una feria, en la que, a medida que la canción avanza, se le van agregando pequeños actores secundarios, como si fueran niños jugando, ganando osos de peluche o comiendo algodón de dulce, pero que de repente les llega la hora de irse, dejando la feria abandonada.

Y la última gran canción llega justo al cierre. Por momentos minimalista, por otros muy shoegaze, “Irene”, a medida que va creciendo, se va convirtiendo en un espectáculo mágico del que, lamentablemente, hay que despertar.

El dúo Legrand-Scally, con este trabajo, no interviene en nuevos sonidos, ni tampoco explora caminos distintos, sin embargo, maximizan sus posibilidades, transformando a su LP 2012, en el mejor de su carrera: hipnótico, atmosférico y lleno de imágenes. “Bloom” es un sueño. Un sueño creado por Beach House.

http://soundcloud.com/mistletone/myth-by-beach-house

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Weyes Blood – “And In The Darkness, Hearts Aglow”

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Tres años pasaron desde que Natalie Mering estrenara el cuarto trabajo de estudio de su proyecto Weyes Blood, llevándose el reconocimiento general y un sinfín de aplausos con una obra tan completa como “Titanic Rising” (2019). Aunque la artista se acostumbraba a las buenas críticas, las expectativas serían aún mayor al momento de enfrentarse a un próximo larga duración, misión que tiene pendiente con la llegada de “And In The Darkness, Hearts Aglow”, un trabajo donde la premisa de oscuridad absorbe gran parte de la trama, pero que la interpretación desde el corazón la transforma en una obra con una belleza e intensidad por partes iguales, haciéndole justicia a su título, más allá de las palabras. Todo esto se debe a la manera en que el disco se desarrolla, así como las capas que resisten el análisis o de cualquier prejuicio a la profundidad y efectividad de dichas composiciones.

Desde las distintas aristas que podamos darle a este disco, el principal factor que resalta es la capacidad de Natalie Mering a la hora no sólo de componer canciones, sino que también de la impronta que aplica en la producción, con una serie de colaboradores cooperando en aquella misión. Y es que desde la apertura con “It’s Not Just Me, It’s Everybody” demuestra cómo las cosas siguen su curso desde donde quedaron la última vez y, así, poder identificar de entrada los elementos que hacen de esta obra una sucesora de “Titanic Rising”, ya que es la propia intérprete quien describe este LP como el segundo en una trilogía que comenzó con su lanzamiento anterior. Si bien, prácticamente todas las canciones tienen la intervención de un arreglista externo, todo esto debido al trabajo que los músicos Ben Babbitt y Drew Erickson aplican en gran parte de los tracks, el componente personal se siente no sólo desde la interpretación, sino también desde donde Mering estructura su obra.

De esa forma de estructurar es cómo podemos ver el funcionamiento secuencial de inmensas composiciones, como “Children Of The Empire” o “Grapevine”, en las que Weyes Blood se luce en una interpretación muy rica en detalles, donde su voz logra tomar primer plano incluso con una sección instrumental tan cuidadosa y robusta como la que implementan en la guitarra y batería los hermanos Brian y Michael D’Addario, ampliamente reconocidos como el dúo The Lemon Twigs. Entre el sinfín de influencias y comparaciones que recibe la artista, los nombres de Brian Wilson y Karen Carpenter siempre estarán presentes en la manera compositiva e interpretativa, respectivamente, pero lo cierto es que Natalie ha sabido nutrirse de esos elementos para entregar un enfoque fresco y de manera más directa, evitando plagios o reminiscencias tan explicitas en su música. Un ejemplo de ello es la melancólica “God Turn Me Into A Flower”, donde la hipnótica presencia vocal de Mering se toma cada espacio con una delicadeza e intensidad que ha transformado en sello propio.

“Hearts Aglow”, por otra parte, encierra un poco los tópicos y componentes sonoros de esta quinta obra de estudio de Weyes Blood, aplicando correctamente términos líricos y musicales de la melancolía y contemplación personal, pero a la vez dejando entrever esas fisuras que permiten entrar a un plano más luminoso y optimista. Los arreglos siguen tan impecables como en cualquiera de las canciones de este disco, pero su desarrollo inminente hacia el interludio “And In The Darkness” le dan una cara única, con el carácter más ligado al pop barroco, poniendo énfasis en la experimentación, sobre todo considerando la presencia de una canción como “Twin Flame” que, contraria a la mayoría, carece de arreglistas externos y se centra en las propias ideas de la intérprete. Luego del tormentoso paso de “In Holy Flux”, el disco cierra con “The Worst Is Done” y “A Given Thing”, sumando 10 minutos donde tenemos desde el lado más juguetón hasta el más apasionado, aristas opuestas en el amplio rango interpretativo de Mering.

Siempre es complejo analizar una obra cuando se pueden tomar tantas referencias a la hora de desmantelar su estructura, pero lo cierto es que es en ese ejercicio donde verdaderamente podemos notar cuánto hay de inspiración y de reinterpretación, o si, en el peor de los casos, existe algún atisbo de plagio. Los artistas más nuevos enfrentan el gran problema de un panorama musical a veces desgastado, donde todo fue inventado y nadie puede ser el primero a la hora de querer aplicar sus ideas o entregar una versión más fresca de algo que ya esté arraigado en el oído colectivo. Lo de Weyes Blood no es por ninguna parte algo novedoso o diferente a muchos discos que podamos oír previamente, pero su principal gracia se encuentra en cómo esos elementos se presentan e interpretan, y ahí es donde la artista se desmarca de sus pares y logra salir adelante como una compositora que tiene mucho que ofrecer con su arte. Cinco discos y sólo aciertos es algo que pocos pueden contar, sobre todo a una edad tan temprana, donde el legado musical no puede hacer otra cosa que reforzarse de aquí en adelante.


Artista: Weyes Blood

Disco: And In The Darkness, Hearts Aglow

Duración: 46:22

Año: 2022

Sello: Sub Pop


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