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The Bride The Bride

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Bat For Lashes – “The Bride”

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Hay algo mágico en el arte de contar historias, algo que nos mueve a un espacio casi ancestral en donde la única forma de encuentro es a través de las palabras y lo que estas puedan construir. Existe algo de eso en Natasha Kahn y en los discos que, bajo el nombre de Bat For Lashes, nos ha entregado a lo largo de su carrera; esas ganas de convertirse en una maestra de ceremonias que transmite conocimiento mediante el uso de la sabiduría y de los sonidos que puedan musicalizarla. “The Bride” es algo que sigue esta inquietud: en la portada aparece Kahn vestida de blanco, levantando la mirada en el desconcierto de las respuestas que, por más que se piden, nunca llegan.

bat-for-lashes-01Ya lo anterior da una idea del paseo que se dará. Un viaje en montaña rusa por un escenario casi quimérico, por un lugar donde ocurre eso que no tiene nombre: la muerte de un ser al que queremos mucho. Mediante el rock, el pop electrónico y armonías muy simples, es cómo esta novia describe el vacío que debe enfrentar luego de la prematura partida de su alma gemela. Un vía crucis que comienza con lo que podría haber sido en “I Do”, bellamente ejecutado con un arpa, dando una idea casi religiosa de ese sublime sentimiento que se deja ver al encontrar a quien nos acompañará durante todo el camino. Luego viene la premonición de ” Joe’s Dream”, en lo que parece primar el uso de una base electrónica que, más que acelerar, nos sumerge en ese sueño de tragedia que desencadenará la acción en el disco. “In God’s House” también posee sonidos más electrónicos, que hacen recordar en dramatismo lo que Mogwai generó en el soundtrack para “Les Revenants”.  Luego viene, antecedida por el sonido de un recuerdo, “Honeymooning Alone”, en la que un constante rebote de batería y el uso de atractivas líneas de bajo y guitarra, hacen sonoro el viaje que la protagonista de la historia comienza al irse a su luna de miel sola.

El momento más apresurado de “The Bride” se vive con “Sunday Love”. Es mediante esta aceleración rítmica cómo Kahn nos muestra la salida del estupor inicial que una tragedia provoca en nosotros, haciendo posible que nos movamos tratando de encontrar eso que hemos perdido. “Never Forgive The Angels” nos vuelve a hundir en un mundo sonoro acústico, demostrando que tras la simpleza de ciertos acordes hay suficiente poder como para ahogarse en una bolsa de nylon que se cierra lentamente. “Close Encounters” es casi una elegía en la que Natasha se luce vocalmente; sin duda, uno de los momentos más hermosos de “The Bride”.

bat-for-lashes-02Una nueva bajada anímica viene con “Widow’s Peak”, donde cerramos los ojos para despertar a una fantasmagoría; un poema leído mientras una psicofonía muestra el sonido que los espectros despiertan en un determinado lugar. La Novia comienza a aceptar su realidad y, a la vez, trata de no ser presa esta. Los hermosos violines de “Land’s End” tratan de recuperar la libertad luego de haber abrazado la esclavitud emocional de una partida, mientras que en “If I Knew” se logra ir cerrando el capítulo a la vez que piano y cuerdas amenizan el ritual de la despedida. Esta es una de las partes más emotivas del disco y recalca lo que Natasha observó como la idea central tras él: “La travesía de un héroe que aprende quererse a sí mismo para poder amar a otro. Descubriendo que la felicidad está en sus manos y es su responsabilidad conquistarla”.

La finalización del disco viene con la tripleta “I Will Love Again”, “In Your Bed” y “Clouda”. En los tres temas la base rítmica es parecida, haciendo que dulces melodías sean la tónica de un cierre triste pero esperanzador. “The Bride” no es un disco sobre el amor a lo “Romeo & Julieta”, es un trabajo que se basa en la pérdida como catalizadora del encuentro con la propia persona, con el propio amor y cómo eso es lo que nos definirá al momento de enfrentarnos a la vida misma; a esa que, algunas veces, nos bendice tras las ausencias y la sabiduría de quien, mediante historias, sabe canalizarlas.


The BrideArtista: Bat For Lashes

Disco: The Bride

Duración: 47:32

Año: 2016

Sello: Parlophone


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Iggy Pop – “Free”

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Free

Puede parecer extraño que un artista que ha hecho literalmente lo que se le ha antojado a lo largo de su carrera, publique como primer single de su nuevo trabajo de estudio un corte que únicamente proclama “Quiero ser libre”. Sin embargo, este supuesto sinsentido es sólo una prueba más de que la figura de Iggy Pop en realidad nunca ha sido tan fácil de descifrar. Es más, uno de sus sellos ha sido justamente aventurarse desde siempre (a veces con éxito y otras veces no tanto) en cuanto estilo musical le ha parecido atractivo (proto punk, garage rock, post punk, new wave, electrónica, hardcore, música de identidad francesa, entre otros). Es en esta dinámica, que el músico nos invita nuevamente a romper esquemas, firmando un álbum cuya característica principal es transitar a través de una pausada clave sonora de cargada identidad jazz, estilo que, sin ser completamente extraño para él (algo de esto había en “Avenue B” de 1999 y “Préliminaires” de 2009), marca uno de esos momentos musicales que por su sola naturaleza obligan a detenerse y escuchar con atención.

Dentro de las muchas particularidades que tiene “Free”, destaca el hecho de que la mayor parte de las canciones no son de autoría de Iggy, lo que hace de este disco un ejercicio de casi completa interpretación. La firma de los tracks recae fundamentalmente en Leron Thomas (trompeta), dejando un discreto espacio para Pop –autor de los temas que abren y cierran el registro– y dos poemas, el primero de ellos escrito por Lou Reed (“We Are The People”) y el segundo por Dylan Thomas (“Do Not Go Gentle Into That Good Night”). ¿Impacta esto la credibilidad la propuesta? En lo absoluto; de hecho, el álbum es tan consistente, que incluso los cortes que de antemano uno podría aventurarse a decir que fueron escritos por Iggy, ya que llevan su sello estilístico, en realidad están firmados por Thomas. En cuanto a lo musical, si bien se trata de un álbum dominado por los cortes de espíritu jazz, también hay lugar para momentos que reviven el lado más caricaturesco de la Iguana.

Es en la primera de estas identidades sonoras donde sin duda se encuentra lo mejor del álbum. “Free”, de naturaleza pausada y contemplativa, nos advierte desde el inicio acerca de los maravillosos paisajes sonoros que dominarán la oferta, y “Sonali”, por su parte, se inscribe como uno de los imperdibles del álbum. Musicalmente intrincada y de percusiones adictivas, se da el lujo de combinar reflexiones de corte existencial en base a metáforas en el estilo de “The Passenger”, con paisajes musicales que rememoran los sonidos que nos dejó el Duque Blanco en su último larga duración. “Page”, a su vez, aporta lo suyo atrapando una atmósfera musical de espíritu casi celestial para revelarnos un Iggy frágil y cercano. Sin embargo, es en la trilogía final con “We Are The People”, “Do Not Go Gentle Into That Good Night” y “The Dawn” donde, vestido de crooner, Iggy termina por comerse el registro. Es en este momento, además, donde más sentido terminan haciendo los aportes de Noveller y Thomas, añadiendo intensidad a cortes de abierta naturaleza minimalista. Un deleite.

Fuera de los pasajes que dominan la identidad del registro, se encuentran momentos totalmente rescatables y otros que, por desgracia, sólo le quitan prolijidad a esta nueva entrega. En el primero de estos grupos se ubica “Loves Missing” y “Glow In The Dark”. El primero de ellos sobresale gracias a la sentida e íntima interpretación de Iggy en los vocales, mientras que el segundo viene a graduarse como el eslabón perdido entre “Post Pop Depression” (2016) y el disco que nos convoca. Sin embargo, es con “James Bond” y “Dirty Sánchez” donde entramos en una vereda más conflictiva, básicamente porque se trata de temas que no respetan en nada el espíritu del resto del álbum. Así y todo, “James Bond” logra ser una aventura perdonable, ya que, aún sonando fuera de lugar, nos deleita con una funky y contagiosa línea de bajo y un espectacular clímax hacia la mitad del track. No se puede decir lo mismo de “Dirty Sánchez”, que además de caer fuera de lugar, se queda corto en lo lírico (convengamos que escuchar a Iggy cantando de “tetas” y “vergas” a esta altura no tiene nada de novedoso) y en lo musical.

El mencionado “Post Pop Depression” provocó varios fenómenos interesantes: por un lado, parte del público empezó a sentir que quizás era buena idea que la Iguana aprovechara el éxito de ese lanzamiento para cerrar su carrera. Sin embargo, a Iggy le pasó algo muy distinto. Luego de terminar la gira de promoción del álbum, se sintió vaciado, con deseos de refugiarse y desaparecer; según sus propias palabras, con deseos de ser libre. Y para Iggy la libertad claramente no es retirarse, sino que tiene que ver con decir cosas, no sabe hacerlo de otra forma, desde siempre ha sido así. Probablemente hace cuarenta años los medios que elegía para expresarse eran indudablemente más físicos, hoy día ya no necesita hacerlo de esa forma: con el tiempo, Pop ha aprendido a golpearnos de otras maneras, como por ejemplo prestando su voz para lanzar un álbum sentido y extrañamente íntimo, casi completamente alejado de lo que esperábamos de él. Puede haber alcanzado los 72 años, pero claramente entregarse al silencio no es uno de los planes del padrino del punk. Tenerlo con nosotros sigue siendo una fantástica sorpresa.


Artista: Iggy Pop

Disco: Free

Duración: 33:44

Año: 2019

Sello: Caroline International / Loma Vista


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