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Bat For Lashes – “Lost Girls”

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Cuando Natasha Khan lanza un nuevo disco, un mundo lleno de posibilidades y de fantasía se abre. A través de su discografía, la compositora ha sido tanto músico como relatora de historias, abordando cada material como novelas que acompañan sus composiciones. Desde los toques barrocos en su debut folktronico, “Fur And Gold” (2006), la exploración de la dualidad en “Two Suns” (2009), la intima narración en la maestría de “The Haunted Man” (2012), y el retrato de la tragedia en “The Bride” (2016), los mundos que Khan ha creado como Bat For Lashes la convierten en una importante cuentacuentos musical. Su último trabajo, “Lost Girls”, no está lejos de la fantasía que rodea al resto de sus álbumes, presentado como una carta de amor a la música y al cine ochentero.

La nostalgia por los ochenta no es algo nuevo; la evocación de aquellos años ha ocupado parte importante de la presente década, tanto en el cine, televisión, moda y música. Por esto el acercamiento de Khan como narradora y músico es fundamental para formar parte del movimiento nostálgico que evoca la década. El primer sencillo, “Kids In The Dark”, es una perfecta introducción a un disco que se aleja del sonido artpop que consagró a la artista. Desde los primeros synths que presenta el corte, se establece como un himno new wave para una generación moderna, con una clara evocación a la década a través de los teclados y sintetizadores, trayendo el sonido ochentero para representar las noches de una nueva generación, una romantización de la vida nocturna en las grandes ciudades.

El tercer sencillo, “The Hunger”, continúa con los sintetizadores de aquella época en la instrumentación, pero trae a escena el dramatismo característico de sus composiciones. De la mano de un órgano acompañado con la expresiva vocalización de Khan, la canción se sumerge dentro de los riesgos y aventuras de la exploración. Como en clásico estilo ochentero, existen algunos clichés de los que Khan no puede escapar, aunque que no dejan de ser efectivos, como en “Feel For You”, una simple composición lírica, pero con múltiples capas en su producción, utilizando los sintetizadores como total protagonistas del sonido.

Los momentos donde el disco lograr brillar con fuerza ocurren gracias a la experimentación de sonidos entre los mencionados elementos ochenteros y las diversas maneras para construir relatos de Khan. “Jasmine” combina momentos hablados que le agregan dinamismo al disco para luego aventurarse en un dulce coro synthpop, que es contrastado con una atmósfera gótica que ilustra las historias que relata. Esta esencia gótica es confirmada por los saxófonos del track instrumental “Vampires”, que funciona como más que un simple interludio, potenciando la energía que la primera mitad del disco intenta ilustrar, seguida por “So Good”, uno de los mejores momentos del álbum, con guiños a las figuras más clásicas de los ochenta, acompañado de glamurosos synths y percusión dignos de las pistas de la década.

El último tercio del disco juega con la emocionalidad que es capaz de evocar Khan con su voz. Sin perder los sintetizadores que han llevado la narración del disco, la presentación vocal se vuelva protagonista en los tracks de cierre. El final con “Mountains” es quizás el menos representativo del sonido del disco, pero con los niveles de emocionalidad más altos, siendo el único corte escrito únicamente por Khan, evocando los sentimientos más personales del álbum.  Dejando de lado los aspectos más glamorosos de los synths, es a través de la emoción de su voz y composición que logra entregar un confort que presenta el fin de la aventura.

Por más de una década, Natasha Khan se ha configurado como una importante artista dentro de la renovación del artpop, pero sus composiciones también la han transformado en una destacada relatora, y su último material no es la excepción. “Lost Girls”, tal como las películas que evoca, está lleno de aventuras, de himnos generacionales, de búsqueda de riesgos y de exploración de sensaciones. Ahora con sintetizadores bajo el brazo, el último disco de Bat For Lashes logra traer aquellos elementos que definieron una década hacia una nueva generación, una en constante búsqueda de nostalgia y pertinencia, y que en “Lost Girls” encuentra un cuento moderno que no sólo se queda añorando años mejores, sino que en avanza hacia una nueva era.


Artista: Bat For Lashes

Disco: Lost Girls

Duración: 38:23

Año: 2019

Sello: AWAL


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Bright Eyes – “Down In The Weeds, Where The World Once Was”

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Down In The Weeds Where The World Once Was

Tras un receso de nueve años y con una serie de proyectos bajo el brazo, Conor Oberst ha reunido a la banda que lo vio convertirse en uno de los compositores insignia de la mirada adolescente apocalíptica de los noventa. A más de veinte años de su debut, junto a los multiinstrumentistas Mike Mogis y Nate Walcott, la prosa de Oberst ha crecido inevitablemente junto al cantante, quien en “Down In The Weeds, Where The World Once Was” vuelve a su zona de confort para examinar un presente que pareciera haber advertido durante años.

Parece difícil continuar con un proyecto tras casi una década de pausa, en especial para uno encargado de retratar la angustia del presente, pero “Down In The Weeds, Where The World Once Was” logra retomar desde donde se dejaron las cosas, con una química entre el trío difícil de replicar. “Pageturners Rag” sitúa rápidamente la ambientación del disco, con un sutil y melancólico inicio representando los inicios de bar de la banda, con voces familiares como la de la ex esposa de Oberst, quien introduce al grupo y una conversación con la madre del vocalista. Desde este punto, no se alejan de los espacios conocidos, pero logran reflejar el paso de los años a través de una composición madura.

A diferencia de los sonidos de su trabajo en solitario, el regreso de Bright Eyes trae consigo el dramatismo en sonido y composición que los destacó desde un comienzo. “Dance And Sing” presenta triunfantes cuerdas a cargo de Walcott, contrastando con desgarradoras vocales. Adornado con una orquesta y un coro, el tema presenta a la pérdida como temática fundamental y la necesidad de avanzar a pesar de esta: “Ahora todo lo que puedo hacer es seguir bailando”, canta con un optimismo no presente antes. Y es que la madurez alcanzada con los años se refleja en sus letras, donde su pesar ya no lo consume, sino que es comprendido como uno de naturaleza universal.

“Mariana Trench” trae un sonido contemporáneo y de rock convencional, en otra mirada positiva mientras relata los altos y bajos de la vida. En este sencillo brillan los invitados, con Flea (Red Hot Chili Peppers) y Jon Theodore (Queens Of The Stone Age) destacándose como colaboradores. Musicalmente el disco fluye entre las composiciones vulnerables y acústicas de Oberst, y la grandiosidad de los instrumentos a cargo de los otros dos miembros. “Just Once In The World” comienza con un desnudo instrumental acústico, que rápidamente es acompañado por percusión y una melódica segunda voz a cargo de la cantautora Miwi La Lupa. Para el final, la canción se acerca a la ambientación festiva y barroca que recorre el resto del álbum, con cítaras, pianos y la percusión de Theodore cobrando protagonismo. “Stairwell Song” representa de mejor manera la paleta sonora del disco, con un cinemático final adelantado por el mismo compositor, en un guiño a sus oyentes que reconocen sus clichés.

Durante el disco, Oberst batalla por no caer en el autodesprecio y mantener la universalidad de los dolores, pero sus pérdidas son palpables, como la imagen de su ex esposa presente en el inicio y en “Hot Car In The Sun”, donde el compositor confiesa sus pensamientos suicidas en el corte más simple y honesto. La muerte de su hermano también pesa en el álbum, donde su fantasma lo visita en “Tilt-A-Whirl”, siendo una meditación de la soledad en un sonido reminiscente de los comienzos del conjunto. “Calais To Dover” es un homenaje al fallecido Simon Wright, amigo de la banda, en un contaste choque entre la tristeza y la brillante melodía. Mientras que “One And Done” presenta uno de los momentos más oscuros del disco, tanto en lírica como en musicalización, y donde la participación de Flea le agrega dinamismo a los continuos breaks barrocos.

“Comet Song” cierra “Down In The Weeds, Where The World Once Was” de la forma circular que Conor deseaba, representando a través de la metáfora de la vida de un cometa los dolores en común, en otro explosivo instrumental que se consume tal como la figura retratada. “Te estás acercando, incluso mientras desapareces”, se repite así mismo y a los oyentes en un eufórico cierre antes de regresar a la escena del bar del inicio. Para el final, es claro que Bright Eyes sigue un sonido cómodo y pulido, confirmando que su esencia está lejos de perderse, pero el paso del tiempo les ha permitido evolucionar su mirada del mundo, donde la pérdida y la angustia son imposibles de ignorar, aunque su naturaleza es tan colectiva como personal.


Artista: Bright Eyes

Disco: Down In The Weeds, Where The World Once Was

Duración: 54:45

Año: 2020

Sello: Dead Oceans


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