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At The Drive-In – “in•ter a•li•a”

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Para muchos, At The Drive-In no era más que una banda de culto hasta hace unos meses. Emblemas del emo hardcore y dueños de un disco clásico en el género como “Relationship Of Command” (2000), los estadounidenses oriundos de El Paso –ciudad que limita en la frontera con la famosa Ciudad Juárez– sorprendieron el año recién pasado cuando anunciaron su tan ansiada reunión. Así, tras 17 años, hoy vuelven a la carga con lo que es su cuarto larga duración, en tiempos donde la etiqueta hardcore –más que manoseada– no trasciende más allá de gritos y distorsión carentes de emociones, y discursos consistentes que penetren más allá de nuestros tímpanos.

El retorno de los texanos comienza con “No Wolf Like The Present”, dejando inmediatamente en claro que la banda no pierde la esencia noventera pese al paso de tiempo, con un estilo veloz y de sofisticada producción. Introducido por sonidos cibernéticos al igual que la anterior, “Continuum” es una mezcla entre discursos profundos y viscerales alaridos en la gastada pero inmortal voz de Cedric Bixler-Zavala. Con pasajes que suben y bajan en intensidad, hacen que tempranamente nos encontremos con uno de los mejores cortes del LP. Por su parte, “Tilting At The Univendor” posee un sonido más juvenil, cuya energía queda impregnada en nuestros oídos gracias al potente trabajo de Tony Hajjar en la batería y la siempre excelente elaboración de coros que es característica de la banda.

“Governed By Contagions” nos remonta tiempo atrás, no sólo por ser el primer adelanto del disco, sino porque es el gancho perfecto para enlazarlo con la discografía clásica del grupo, clave para entender al post hardcore que evolucionaría –para bien o para mal– en el denominado sonido emo del género. En la misma línea es sucedido por “Pendulum In A Peasant Dress”, en donde es clave la rítmica puesta por el bajista Paul Hinojos frente a la carencia de guitarras rítmicas convencionales, lo que es otro elemento clásico bien rescatado por la banda. Todo sigue coherente con la llegada de “Incurably Innocent”, cuyas frases expelen ira en cada sílaba, la cual se potencia exponencialmente por la guitarra de Omar Rodríguez-López, hallándonos así con otro de los puntos altos del LP. Frente a tales demostración de energía, “Call Broken Arrow” parece ser un baja significativa en el nivel del disco, pues se presenta como un tema de sonido confuso, cuyo coro no logra explotar como corresponde. Sin embargo, los pasajes instrumentales de la segunda mitad del track se llevan el visto bueno con creces.

Las guitarras moduladas se apoderan de la sonoridad en “Holtzclaw”, retomando así la potencia en esta cuarta entrega de larga duración de la agrupación. Este es un tema acelerado, cuya letra interpela a la iglesia por sus responsabilidades en los problemas que se viven en el mundo contemporáneo, exaltando el matiz político de la banda. Siempre en un leguaje más bien críptico, al igual que sus antecesoras, “Torrentially Cutshaw” es entonado con ferocidad digna de la más vivaz protesta. Posteriormente, el quinteto nos recuerda que no son sólo gritos y distorsión con “Ghost-Tape No.9”, tema que baja las revoluciones en lo que se manifiesta como la pieza más experimental de “in•ter a•li•a”, asemejándose así al sonido de otros proyectos de los integrantes de ATDI. El disco finaliza de la mejor forma posible con “Hostage Stamps”, cuyo video promocional nos muestra la resistencia de un afro-descendiente frente a una distópica realidad de robots y panópticos, pudiendo ser una clara alusión a los problemas de racismo que se están viviendo hoy en día en EE.UU.

Si se pide redondear el contenido de los once temas que componen el disco, se puede decir que hablamos de hardcore en tiempos donde lo virtual se apodera del todo, pues sonidos cibernéticos batallan contra melodías agresivas a lo largo de todo el material. Por otro lado, queda expuesto con creces que los centenares de proyectos musicales paralelos de Rodríguez-López y Bixler-Zavala no fueron obstáculo para la increíble capacidad creativa del dúo. Además, y como punto más importante aún, At The Drive-In no pierde la esencia de lo que era en sus años de gloria, recargando nuestros oídos de una furia que, aunque llena de nostalgia, es más indispensable que nunca en un mundo sacudido por lo peor de los hombres.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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