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Armageddon – Captivity & Devourment

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Quizás no muchos conozcan a Armageddon, y sería comprensible, puesto que los primeros discos sólo fueron lanzados en Japón, y recién en 2009 vieron la luz en occidente. Christopher Amott, el mismo que ha salido y vuelto de Arch Enemy unas cuantas veces, es quien lidera este proyecto que busca en todo momento experimentar y lograr un potencia única, sólida y propia. De partida, escuchamos un replanteamiento en cuanto al estilo musical, ya que el anterior disco, “Three” (2002), presentaba una idea ligada al power metal más onírico-legendario, y aquí tenemos algo en base a lo que Amott hacía con Arch Enemy: un buen death metal, técnico, agresivo, rápido e insaciable.

ARMAGEDDON 01Con una entrada agresiva del baterista Márton Veress, comienza el tema que lleva el nombre del disco. Riffs pesados, densos y llenadores, abren para el trabajo de voz de Matt Hallquist (actualmente reemplazado por Antony Hämäläinen), quien brinda la agresividad tonal clásica del estilo. Solos perfectamente ejecutados por el líder de la banda, como también por Joey Concepcion, quien trae gran parte de la agresividad para esta entrega. Los temas “Rendition” y “Conquer” son los caballos de batalla que se presentan en el disco, y esta afirmación no es menor, ya que el poderío que plantean los suecos desborda los límites que se habían autoimpuesto en los discos anteriores. Riffs pesados que son acompañados por la voz limpia de Amott, respondiendo de cierta manera a la voz rasgada de Matt; solos técnicos y a la vez melódicos hacen su aparición, generando un ambiente totalmente controlado por la guitarra de Chris.

Pero también aparecen riffs simples con “Locked In”, una idea más heavy-metalizada con potencia de sobra, pero que es detenida por un coro bastante escueto. En definitiva, es un gran aporte para la musicalidad del disco, al generar instancias con otra definición, rompiendo la monotonía a la que generalmente puede llegar caer este género. “Fugitive Dust” inicia con un bajo poderoso en los dedos de Sara Claudius; una compacta canción que, con su sencillez, crea un ambiente único en el disco, y es principalmente debido a que no se sobrecarga de decoros excesivos o líneas densas de batería, sino que su simplicidad es la que la hace poderosa, rompiendo el esquema que generan los temas antes mencionados. Los suecos se replantean y experimentan, pero no por ello dejan de lado lo aprendido durante años, y es por eso que “Thanatron” nace de una guitarra acústica con toques egipcios, desvirtuada hacía un riff pesado en eléctrica, denso y destructivo, haciendo rápidamente olvidar el inicio suave y dejando un sabor algo extraño, pero su gracia radica en complementar lo que viene, “Background Radiation”, una dualidad de guitarras acústicas con toques épicos y con una singularidad que no se ve en otra parte del disco: el riesgo, algo que no es común que aparezca en un álbum de death metal, aunque sea melódico, y acá rompe todos los esquemas que podrían aparecerse para definir un estilo. Una buena jugada de Armageddon.

ARMAGEDDON 02“The Watcher” podría ser otro de los caballos de batalla del disco por el inmenso poderío que tiene en un inicio, pero se desvía hacia el death-power-metal, resultando en una mezcla extraña que no logra encender del todo, aunque los que se llevan el premio son la excelente ejecución de Matt en las voces, que llena de growls definidos, e incluso de algunos screams que realmente aportan al tema, y un espectacular solo de guitarra con un sonido pulcrísimo. Un caso similar es lo que ocurre con “Equalizer”, en una especie de batalla de egos de la banda, o en un acto de auto-presentación, mostrando lo mejor de cada integrante. Hasta un solo de bajo realizado a la perfección resalta dentro de la pista. Quizás habría sido mejor mostrar este tema en vivo y no de manera editada en un disco, ya que su complejidad anula mucho del trabajo realizado anteriormente y realmente dan ganas de escucharlo en directo. Finalmente aparece “Giants”, un track bastante simple, pero que pareciera tener recortes de otras canciones, dejando la sensación de no ser la mejor manera de sellar el disco.

A pesar de tener un inicio espectacular, “Captivity & Devourment” va decayendo hacia el final. No es que su primera mitad sea “mala” y la segunda “buena”, sino que el hecho de dar un giro de 180° dentro del disco mismo, hace que se pierdan los estribos que presenta en el inicio, y en vez de cohesionar completamente el trabajo, genera un dos-en-uno. En todo caso, brillante la interpretación de los integrantes, cada nota salida de sus instrumentos es perfecta y el cambio de la voz fue para mucho mejor, aunque Hallquist no durara mucho en las filas de Armageddon. Quizás este es el disco base para lo que se viene. Y, hay que decirlo, es una muy buena base.

Discos

Weyes Blood – “And In The Darkness, Hearts Aglow”

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Tres años pasaron desde que Natalie Mering estrenara el cuarto trabajo de estudio de su proyecto Weyes Blood, llevándose el reconocimiento general y un sinfín de aplausos con una obra tan completa como “Titanic Rising” (2019). Aunque la artista se acostumbraba a las buenas críticas, las expectativas serían aún mayor al momento de enfrentarse a un próximo larga duración, misión que tiene pendiente con la llegada de “And In The Darkness, Hearts Aglow”, un trabajo donde la premisa de oscuridad absorbe gran parte de la trama, pero que la interpretación desde el corazón la transforma en una obra con una belleza e intensidad por partes iguales, haciéndole justicia a su título, más allá de las palabras. Todo esto se debe a la manera en que el disco se desarrolla, así como las capas que resisten el análisis o de cualquier prejuicio a la profundidad y efectividad de dichas composiciones.

Desde las distintas aristas que podamos darle a este disco, el principal factor que resalta es la capacidad de Natalie Mering a la hora no sólo de componer canciones, sino que también de la impronta que aplica en la producción, con una serie de colaboradores cooperando en aquella misión. Y es que desde la apertura con “It’s Not Just Me, It’s Everybody” demuestra cómo las cosas siguen su curso desde donde quedaron la última vez y, así, poder identificar de entrada los elementos que hacen de esta obra una sucesora de “Titanic Rising”, ya que es la propia intérprete quien describe este LP como el segundo en una trilogía que comenzó con su lanzamiento anterior. Si bien, prácticamente todas las canciones tienen la intervención de un arreglista externo, todo esto debido al trabajo que los músicos Ben Babbitt y Drew Erickson aplican en gran parte de los tracks, el componente personal se siente no sólo desde la interpretación, sino también desde donde Mering estructura su obra.

De esa forma de estructurar es cómo podemos ver el funcionamiento secuencial de inmensas composiciones, como “Children Of The Empire” o “Grapevine”, en las que Weyes Blood se luce en una interpretación muy rica en detalles, donde su voz logra tomar primer plano incluso con una sección instrumental tan cuidadosa y robusta como la que implementan en la guitarra y batería los hermanos Brian y Michael D’Addario, ampliamente reconocidos como el dúo The Lemon Twigs. Entre el sinfín de influencias y comparaciones que recibe la artista, los nombres de Brian Wilson y Karen Carpenter siempre estarán presentes en la manera compositiva e interpretativa, respectivamente, pero lo cierto es que Natalie ha sabido nutrirse de esos elementos para entregar un enfoque fresco y de manera más directa, evitando plagios o reminiscencias tan explicitas en su música. Un ejemplo de ello es la melancólica “God Turn Me Into A Flower”, donde la hipnótica presencia vocal de Mering se toma cada espacio con una delicadeza e intensidad que ha transformado en sello propio.

“Hearts Aglow”, por otra parte, encierra un poco los tópicos y componentes sonoros de esta quinta obra de estudio de Weyes Blood, aplicando correctamente términos líricos y musicales de la melancolía y contemplación personal, pero a la vez dejando entrever esas fisuras que permiten entrar a un plano más luminoso y optimista. Los arreglos siguen tan impecables como en cualquiera de las canciones de este disco, pero su desarrollo inminente hacia el interludio “And In The Darkness” le dan una cara única, con el carácter más ligado al pop barroco, poniendo énfasis en la experimentación, sobre todo considerando la presencia de una canción como “Twin Flame” que, contraria a la mayoría, carece de arreglistas externos y se centra en las propias ideas de la intérprete. Luego del tormentoso paso de “In Holy Flux”, el disco cierra con “The Worst Is Done” y “A Given Thing”, sumando 10 minutos donde tenemos desde el lado más juguetón hasta el más apasionado, aristas opuestas en el amplio rango interpretativo de Mering.

Siempre es complejo analizar una obra cuando se pueden tomar tantas referencias a la hora de desmantelar su estructura, pero lo cierto es que es en ese ejercicio donde verdaderamente podemos notar cuánto hay de inspiración y de reinterpretación, o si, en el peor de los casos, existe algún atisbo de plagio. Los artistas más nuevos enfrentan el gran problema de un panorama musical a veces desgastado, donde todo fue inventado y nadie puede ser el primero a la hora de querer aplicar sus ideas o entregar una versión más fresca de algo que ya esté arraigado en el oído colectivo. Lo de Weyes Blood no es por ninguna parte algo novedoso o diferente a muchos discos que podamos oír previamente, pero su principal gracia se encuentra en cómo esos elementos se presentan e interpretan, y ahí es donde la artista se desmarca de sus pares y logra salir adelante como una compositora que tiene mucho que ofrecer con su arte. Cinco discos y sólo aciertos es algo que pocos pueden contar, sobre todo a una edad tan temprana, donde el legado musical no puede hacer otra cosa que reforzarse de aquí en adelante.


Artista: Weyes Blood

Disco: And In The Darkness, Hearts Aglow

Duración: 46:22

Año: 2022

Sello: Sub Pop


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