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Arctic Monkeys – “Tranquility Base Hotel & Casino”

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Un hype autogenerado en prensa y fanáticos por igual mantuvo las miradas del mundo en “Tranquility Base Hotel & Casino”, el sexto álbum de Arctic Monkeys, esperado ansiosamente por quienes anhelaban saber el siguiente paso que el cuarteto de Sheffield iba a tomar. Ante esto, el conjunto dio vida a uno de los trabajos más extraños y desorientados de su discografía, incluso más que su antecesor “AM” (2013), polémico punto de inflexión en el camino de Alex Turner y los suyos. Sí, Turner y los suyos, porque este nuevo LP no hace más que reflejar un deseo casi intrínseco del frontman por tomar el control de todos los aspectos creativos de la banda, asumiendo poco a poco más protagonismo sobre sus compañeros, al punto de llegar a un disco en que los otros tres talentosísimos miembros quedan relegados a ser la banda de compañía de su figura principal.

Desde el comienzo se aprecia un trabajo claramente influenciado por las decisiones artísticas de Turner, entregando un constante tempo de ambiente lounge, con la banda completa sirviendo de acompañamiento rítmico para el desolado Alex y sus reflexiones sobre la vida, como cual rockstar en el ocaso, sólo que con varios años y vivencias menos que de costumbre. Esa caricaturización del artista introspectivo y melancólico no ayuda mucho a la hora de sentar sobre la mesa lo que debía ser un regreso en gloria y majestad, pero que va perdiendo fuerzas por ripios que su misma naturaleza pretenciosa va dejando en el camino. Canciones como “Star Treatment” o “American Sports” dejan en evidencia el sentido principal de la obra, que se sostiene bajo una calidad sonora sólida y mucho más elaborada que en trabajos anteriores, pero que a la larga no posee un trasfondo más potente para su desarrollo general.

Continuando con lo que se siente como un loop eterno, el bajista Nick O’Malley igual logra lucirse junto a la batería de Matt Helders, pese a lo reducida de su participación en términos creativos, igual que lo ocurrido con el guitarrista Jamie Cook que, independiente de unos cuantos solos genéricos en algunas canciones, no es mayor el trabajo que realiza. Muchos de los defensores de este trabajo han criticado el hecho de que la gente pide que Arctic Monkeys vuelva a ser lo de antes, aludiendo a una ausencia del estilo que la banda profesaba en sus primeros años. Lo cierto es que eso está lejos de ser así, ya que lo que se pide no es un regreso en términos de sonido, sino que de calidad. No se trata de volver a los guitarrazos de antaño o a las potentes canciones de tiempos rebeldes, como “Favourite Worst Nightmare” (2007), en vez de eso, se siente la necesidad de que la banda encuentre su norte en términos de creatividad, dejando de lado una pomposidad forzada y repetitiva, que no le hace un gran favor a su verdadera calidad como músicos.

Un giro artístico siempre será un riesgo considerable, y Arctic Monkeys lo supo manejar de cierta forma con su anterior álbum, pero en el caso de “Tranquility Base Hotel & Casino” no existe un deseo de reforzar la línea sonora que proliferó en aquella placa, optando por adornar composiciones donde se huele a millas de distancia el trabajo casi solitario de Alex Turner. Ese sonido ya conocido en proyectos del músico –como The Last Shadow Puppets– que se toma cada segundo de este álbum, estableciéndolo más como un capricho personal del frontman en vez de un disco que tenga un sentido claro de su forma y fondo, así como del concepto que pretende englobar entre sus canciones. No hay que confundir todos los argumentos expuestos con que la calidad sonora del trabajo es precaria, ya que sin duda existe una ampliación en el espectro de la banda, solidificando así su interpretación. El principal problema es lo forzado con que Turner intenta vender una supuesta obra maestra, recurriendo a clichés que derivan en un producto insípido y falto de ideas.

Muchos coinciden en que este álbum representa un gran paso para la banda, algo que es completamente cierto. Ahora, el destino que ese paso le entregue al cuarteto será la gran interrogante, ya que podría poner en jaque los egos de una agrupación que se empieza a ver consumida por el protagonismo de su vocalista. El propio Jamie Cook afirmó haberle sugerido a Turner lanzar este trabajo como un álbum solista, pero finalmente accedieron a etiquetar la obra como el sexto LP de la banda. Todas las cosas tienen un significado diferente, dependiendo el punto de vista en que se mire, y claramente este disco habría tenido una recepción abismalmente diferente si no se presentaba como el nuevo trabajo de una de las bandas más importantes de los últimos años.

El amor al recuerdo siempre estará latente, pero sólo el tiempo dirá cuál es el destino de Arctic Monkeys. Por ahora, existen dos caminos claros: abrazar esta etapa como la nueva obsesión del principal titiritero del conjunto, o reflexionar sobre una banda que podría dar mucho más, pero que prefiere dejarse llevar por ideas que se imponen en pos de un beneficio no igualitario para todos sus integrantes. En manos de todos queda la elección sobre el camino que se tomará.


Artista: Arctic MonkeysTranquility Base Hotel & Casino

Disco: Tranquility Base Hotel & Casino

Duración: 40:51

Año: 2018

Sello: Domino


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Foals – “Everything Not Saved Will Be Lost – Part 1”

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Everything Not Saved Will Be Lost

Foals aparece este 2019 como si estuviera indagando en su propia capacidad de lograr una atmósfera íntima, pero también llena de capas por descubrir y palpar en su nuevo y quinto disco, “Everything Not Saved Will Be Lost – Part 1”. Una pausa de cuatro años se tomaron estos ingleses para hacer un nuevo disco, tiempo creativo y prolífico, que probablemente originó que este apareciera con un nombre que nos deja en la inmediata espera por su segunda parte.

“Moonlight”, su primer tema, aparece lentamente con acordes que se enganchan de nuestras primeras capas de piel, para que luego Yannis Philippakis declare con una exquisita nitidez su ruta flotante. Cuando se está capturado en ese espacio oscilante, aparece “Exits” para recordar que es Foals con sus ritmos clásicos que invitan a danzar. La banda siempre ha sugerido divertirse, a un ritmo distinto que un baile alocado en medio de una discoteca, pero siempre proponiendo una invitación danzante como lo hace con “White Onions”, donde, al moverse al ritmo de sus acordes, hace sentir que están hablando de una urgencia, alguna realidad dolorosa en la cual nos quiere involucrar.

“Syrups” es el ejemplo de exclamación y decisión mezclado con el ritmo de latigazo lento, donde la voz de Yannis se pierde y se encuentra sola, suavizándola e intensificándola, traspasándonos el dolor porque convence de que habla de emociones reales, de algo que está pasando. El disco está lleno de lugares y momentos, recorre los espacios, el cielo y la Tierra con todas las emociones que hay en medio; la guitarra y voz de su frontman se unen dulce y dramáticamente a la vez, sacando melodías y golpes rítmicos a ratos adictivos, y en otros agotadores, como en “Sunday”, que inicia con una calma deliciosa y luego se encamina a un final repetitivo y pegado, de donde a ratos se podría querer salir.

El disco pone en énfasis una marcada electrónica, en medio de un teclado que también alcanza gran protagonismo, junto a las melodías que van provocando saltos entre estos sonidos que no son nuevos en Foals, pero que hoy se lanzan con definición y aplomo para dar soporte a los intensos contenidos de sus letras. Estos dan cuenta de la ininterrumpida evolución de los británicos desde “Antidotes” (2008), su primer álbum, donde la voz aún no es el elemento magnético que es hoy, y donde cada tema sigue al otro en una congruencia melódica, pero que evita de alguna forma encontrar la personalidad particular de cada uno. Este lanzamiento sugiere una mayor exploración que los anteriores y de la que “What Went Down” (2015) ya venía relatando con su franqueza, mostrando intensas emociones tras sus declaraciones.

“Everything Not Saved Will Be Lost – Part 1” tiene un buen inicio y un mejor final. Recorrer el disco para llegar a “I’m Done Whit The World (& It’s Done With Me)” hace que valga la pena el trayecto, con su cadencia en medio de un mundo de decepción y deseos, con acordes que invitan a escucharla una y otra vez, pues se sabe que es un lugar donde se estuvo, se está o se podrá estar. Hay algo en Foals que hace permanecer de alguna manera en ambos lados, con algo de desencanto que se sostiene, pero que mantiene también en la esperanza, pareciendo estar decididos a declarar cada vez con más fuerza y definición el tipo de mundo en el que estamos y qué queremos cambiar.


Artista: FoalsEverything Not Saved Will Be Lost

Disco: Everything Not Saved Will Be Lost – Part 1

Duración: 39:04

Año: 2019

Sello: Warner Bros. / Transgressive Records


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