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Arcade Fire – “Everything Now”

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La pista de baile es un lugar veleidoso, donde mucha gente alcanza felicidad, la lujuria o el simple divertimiento entre canciones que mueven cuerpos y atontan voluntades, lo suficiente como para perdonar esos sonidos que cumplen con fines específicos, no siendo escuchados, sino que bailados. Esta es la dificultad prevalente en el quinto disco de Arcade Fire, “Everything Now”, que, entre producción pulcra, ideas interesantes y mensajes de relevancia, cae en la dispersión propia de la pista de baile, donde poco importa el sonido, dado que el foco está en algo más.

Aunque los referentes bailables están más fuertes en este disco que en “Reflektor” (2013), las definiciones de lo que buscan los arreglos muchas veces caen en lo nebuloso, como si las líneas y compases estuvieran difuminadas, tan confusas como los loops de las programaciones al comienzo de “Creature Comfort”. Además, existe una contención en los recursos utilizados que es evidente: en vez de mostrar en estudio la fuerza que tienen en vivo los canadienses –esa posibilidad de ser una “sonora” multiinstrumental– terminan cayendo en un minimalismo majadero, que contrario a dar algo de la banda con el peso escénico y musical que todos conocen y reconocen, entrega algo liviano que puede ser bailado, pero que hace que Arcade Fire por primera vez luzca prescindible y reemplazable.

No cabe duda alguna de que en vivo esto cambiará, y hay suficientes ocasiones donde eso se ha podido ver y escuchar en estos meses previos al lanzamiento del disco, pero “Everything Now” como producto no logra estar ni siquiera cerca de la valía y estima que generaron los cuatro primeros discos y, además, por primera vez se ve poca reinvención entre álbum y álbum, con elementos repetidos entre “Reflektor” y el presente trabajo. Esto no quita que la capacidad de generar hits se haya ido; de hecho, la triada inicial con “Everything Now”, “Signs Of Life” y “Creature Comfort” consigue cautivar y mantener un moméntum a lo largo de los tres tracks, pero luego viene un bajón grave con “Peter Pan” y la liviandad de “Chemistry”, que parece un tema que en vivo será implacable, pero que en el disco se puede ir volando con una pequeña brisa.

Ambas caras de “Infinite Content” entregan un track bipolar, pero que logra captar sonoridades más genuinas, con un primer momento casi punk, similar al tema de la película “Wayne’s World” o a “Scott Pilgrim Vs. The World”, en tanto que después llega el momento más “The Suburbs” (2010) del disco con “Infinite_Content”. Nada especial ni particular, pero al menos hay alma, de esa que carece la abbaesca “Electric Blue”, donde Régine Chassagne parece un cliché de sí misma en una interpretación que denota un desarrollo plano, que luego pierde aún más con “Good God Damn”, y un poco menos con “Put Your Money On Me”.

El disco repunta en el lento, en ese tema donde la gente se acerca y puede mirarse a los ojos, y donde la letra importa más, como es “We Don’t Deserve Love”, un track largo pero cautivante, que recuerda tiempos mejores, donde Arcade Fire no era una banda que tuviera que ser vista en una arena o estadio para sonar tal como debiese hacerlo, sino que pudiera ser parte de habitaciones vacías, de trayectos en el transporte público, o de playlists personales con significado amplio. Ahora todo es ligero y minimalista, y ante esa dificultad aún se advierten instantes luminosos que quitan la niebla, que de todas formas dan un aire pesimista a un disco que se presenta como una celebración, pero que queda corto ante las expectativas del público y de la misma banda.

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Weyes Blood – “And In The Darkness, Hearts Aglow”

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Tres años pasaron desde que Natalie Mering estrenara el cuarto trabajo de estudio de su proyecto Weyes Blood, llevándose el reconocimiento general y un sinfín de aplausos con una obra tan completa como “Titanic Rising” (2019). Aunque la artista se acostumbraba a las buenas críticas, las expectativas serían aún mayor al momento de enfrentarse a un próximo larga duración, misión que tiene pendiente con la llegada de “And In The Darkness, Hearts Aglow”, un trabajo donde la premisa de oscuridad absorbe gran parte de la trama, pero que la interpretación desde el corazón la transforma en una obra con una belleza e intensidad por partes iguales, haciéndole justicia a su título, más allá de las palabras. Todo esto se debe a la manera en que el disco se desarrolla, así como las capas que resisten el análisis o de cualquier prejuicio a la profundidad y efectividad de dichas composiciones.

Desde las distintas aristas que podamos darle a este disco, el principal factor que resalta es la capacidad de Natalie Mering a la hora no sólo de componer canciones, sino que también de la impronta que aplica en la producción, con una serie de colaboradores cooperando en aquella misión. Y es que desde la apertura con “It’s Not Just Me, It’s Everybody” demuestra cómo las cosas siguen su curso desde donde quedaron la última vez y, así, poder identificar de entrada los elementos que hacen de esta obra una sucesora de “Titanic Rising”, ya que es la propia intérprete quien describe este LP como el segundo en una trilogía que comenzó con su lanzamiento anterior. Si bien, prácticamente todas las canciones tienen la intervención de un arreglista externo, todo esto debido al trabajo que los músicos Ben Babbitt y Drew Erickson aplican en gran parte de los tracks, el componente personal se siente no sólo desde la interpretación, sino también desde donde Mering estructura su obra.

De esa forma de estructurar es cómo podemos ver el funcionamiento secuencial de inmensas composiciones, como “Children Of The Empire” o “Grapevine”, en las que Weyes Blood se luce en una interpretación muy rica en detalles, donde su voz logra tomar primer plano incluso con una sección instrumental tan cuidadosa y robusta como la que implementan en la guitarra y batería los hermanos Brian y Michael D’Addario, ampliamente reconocidos como el dúo The Lemon Twigs. Entre el sinfín de influencias y comparaciones que recibe la artista, los nombres de Brian Wilson y Karen Carpenter siempre estarán presentes en la manera compositiva e interpretativa, respectivamente, pero lo cierto es que Natalie ha sabido nutrirse de esos elementos para entregar un enfoque fresco y de manera más directa, evitando plagios o reminiscencias tan explicitas en su música. Un ejemplo de ello es la melancólica “God Turn Me Into A Flower”, donde la hipnótica presencia vocal de Mering se toma cada espacio con una delicadeza e intensidad que ha transformado en sello propio.

“Hearts Aglow”, por otra parte, encierra un poco los tópicos y componentes sonoros de esta quinta obra de estudio de Weyes Blood, aplicando correctamente términos líricos y musicales de la melancolía y contemplación personal, pero a la vez dejando entrever esas fisuras que permiten entrar a un plano más luminoso y optimista. Los arreglos siguen tan impecables como en cualquiera de las canciones de este disco, pero su desarrollo inminente hacia el interludio “And In The Darkness” le dan una cara única, con el carácter más ligado al pop barroco, poniendo énfasis en la experimentación, sobre todo considerando la presencia de una canción como “Twin Flame” que, contraria a la mayoría, carece de arreglistas externos y se centra en las propias ideas de la intérprete. Luego del tormentoso paso de “In Holy Flux”, el disco cierra con “The Worst Is Done” y “A Given Thing”, sumando 10 minutos donde tenemos desde el lado más juguetón hasta el más apasionado, aristas opuestas en el amplio rango interpretativo de Mering.

Siempre es complejo analizar una obra cuando se pueden tomar tantas referencias a la hora de desmantelar su estructura, pero lo cierto es que es en ese ejercicio donde verdaderamente podemos notar cuánto hay de inspiración y de reinterpretación, o si, en el peor de los casos, existe algún atisbo de plagio. Los artistas más nuevos enfrentan el gran problema de un panorama musical a veces desgastado, donde todo fue inventado y nadie puede ser el primero a la hora de querer aplicar sus ideas o entregar una versión más fresca de algo que ya esté arraigado en el oído colectivo. Lo de Weyes Blood no es por ninguna parte algo novedoso o diferente a muchos discos que podamos oír previamente, pero su principal gracia se encuentra en cómo esos elementos se presentan e interpretan, y ahí es donde la artista se desmarca de sus pares y logra salir adelante como una compositora que tiene mucho que ofrecer con su arte. Cinco discos y sólo aciertos es algo que pocos pueden contar, sobre todo a una edad tan temprana, donde el legado musical no puede hacer otra cosa que reforzarse de aquí en adelante.


Artista: Weyes Blood

Disco: And In The Darkness, Hearts Aglow

Duración: 46:22

Año: 2022

Sello: Sub Pop


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